LECCIÓN 313

LECCIÓN 313

«Que venga a mí ahora una nueva percepción»

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

En las dos últimas lecciones veíamos como funciona el mecanismo de la proyección y de la percepción desde la perspectiva del ego y desde la interpretación del Espíritu Santo. La primera la hemos llamado percepción falsa, y a la segunda, percepción verdadera. En esta lección se nos exhorta a pedir siempre la percepción verdadera, la nueva percepción que viene a reemplazar a la que el ego nos tenía acostumbrados a ver, y que nos mantenía esclavizados de la culpa, el miedo, las carencias y conflictos.
A esa nueva percepción accedemos gracias al regalo de la visión de Cristo, gracias a ver con inocencia y amor todas las cosas. Por ser un regalo no se nos pide nada a cambio, no  tenemos que hacer nada para obtenerlo, solo desear tenerlo, darle la bienvenida, aceptarlo en nuestros corazones. La visión de Cristo me ayudará a despertar del sueño de separación, pues no veré pecado alguno, el miedo ha  desaparecido y sólo el amor gobierna mi vida.

ORACIÓN DEL DÍA:

«Padre, hay una visión que ve todas las cosas sin mancha alguna de pecado, lo cual indica que el miedo ha desaparecido, y que en su lugar se ha invitado al amor. y éste vendrá dondequiera que se le invite. Esta visión es Tu regalo. Los ojos de Cristo contemplan un mundo perdonado. Ante Su vista todos los pecados del mundo quedan perdonados, pues Él no ve pecado alguno en nada de lo que contempla. Permite que Su verdadera percepción venga a mí ahora, para poder despertarme del sueño de pecado y ver mi impecabilidad en mi interior, la cual Tú has conservado completamente inmaculada en el altar a Tu santo Hijo, el Ser con Quien quiero identificarme.»

Imaginémonos por un momento, un mundo en el que todos nos contemplemos con la visión de Cristo, en el que todos veamos la inocencia de los unos y de los otros, ¿que veríamos? Solo paz, armonía, unidad, fraternidad, bondad, generosidad, sólo amor. El miedo, el conflicto, el ataque han desaparecido. Solo veríamos la unicidad de toda la Creación, ya no hay «unos» y tampoco «otros» La separación se desvanece en la medida que la unidad es restituida en nuestra consciencia. Solo queda la belleza de la existencia, el amor en toda su grandiosidad. «Contemplémonos hoy los unos a los otros con los ojos de Cristo. ¡Qué bellos somos! ¡Cuán santos y amorosos! Hermano, ven y únete a mí hoy.»

Cuando los ojos del amor contemplan al mundo, este se se salva, pues deja de ser una fabricación falsa del ego, para convertirse en el mundo real, en un mundo perdonado y feliz, pues la luz de la santidad lo abarca todo: «Salvamos al mundo cuando nos unimos. Pues en nuestra visión el mundo se vuelve tan santo como la luz que mora en nosotros.»

Si el amor y sólo el amor impregna nuestra consciencia,  y ya no hay rastros de culpa y miedo, la santidad ha sido restaurada en nuestras mentes, por lo tanto, el mundo que contemplemos será tan santo como nosotros.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado «10. ¿Qué es el Juicio Final?» Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazlas tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

«Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.» (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s