LECCIÓN 305

LECCIÓN 305

«Hay una paz que Cristo nos concede.»

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

«El que sólo utiliza la visión de Cristo encuentra una paz tan profunda y serena, tan imperturbable y completamente inalterable, que no hay nada en el mundo que sea comparable.» del anterior texto se desprende que la paz de Cristo tiene las siguientes características:

• profunda
• serena,
• imperturbable,
• completamente inalterable.
• No comparable
• Sanadora

Comparar es una de las características del ego, lo que le permite establecer relaciones de amor u odio especial, la comparaciones excluyen, discriminan y establecen jerarquías, contrariamente, el amor es incluyente, unificador, pues reconoce la perfecta igualdad de los hijos de Dios, por lo que todas las comparaciones «cesan ante esa paz.» todo conflicto cesa, y se experimenta una paz que sobrepasa todo entendimiento, como la describe la Biblia.

Para lograr esta paz se necesita desarrollar la visión de Cristo. Y la visión de Cristo la logramos tras perdonar nuestras culpas. «El que sólo utiliza la visión de Cristo» puede disfrutar de una paz así. Para ello debemos renunciar a todo juicio, condena y ataque, y perdonar todo pensamiento que no sea amoroso en nuestras mentes. Si lo logramos: «el mundo entero parte en silencio a medida que esta paz lo envuelve y lo transporta dulcemente hasta la verdad para ya no volver a ser la morada del temor.» cuando solo utilizamos la visión de Cristo, la visión del amor, y sólo contemplamos inocencia, pasamos de ver un mundo conflictivo a contemplar un mundo en paz, un mundo feliz, pues al desparecer toda fuente de confrontación, resentimiento, carencias y ataques, emerge la paz y la felicidad que solo la visión del Amor nos pueden brindar. «Pues el amor ha llegado, y ha sanado al mundo al concederle la paz de Cristo.» El principal indicador de que hemos sanado es la paz de Cristo. Si todavía algo o alguien nos quita la paz, es señal que aún nos queda situaciones por perdonar.

ORACIÓN DEL DÍA:

«Padre, la paz de Cristo se nos concede porque Tu Voluntad es que nos salvemos. Ayúdanos hoy a aceptar únicamente Tu regalo y a no juzgarlo. Pues se nos ha concedido para que podamos salvarnos del juicio que hemos emitido contra nosotros mismos.»

Fuimos nosotros mismos quienes nos condenamos al juzgar las creaciones de Dios, fuimos nosotros mismos quienes elegimos separarnos de nuestra Fuente en nuestro sueño demente de negar al amor, y somos nosotros mismos quienes debemos corregir nuestros errores y volver al Amor que ha sido por siempre nuestro Hogar. En esta parábola del retorno del hijo prodigo, no caminamos solos, siempre seremos guiados por las amorosas manos de Jesús y del Espíritu Santo recordándonos que el perdón y sólo el perdón iluminará nuestro camino de regreso a casa, y que junto a la curación de nuestra mente, se convierten en las alas que ayudan a nuestra oración ascender hasta las puertas del Cielo que siempre permanecen abiertas para todos, pues el Amor no excluye a nadie.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado «9. ¿Qué es el Segundo Advenimiento ?» Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea y la oración del día, y si logras memorizarlas mucho mejor, hazlas tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

«Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.» (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones
💝🙏💝
Oscar Gómez Díez

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