LECCIÓN 303

LECCIÓN 303


«Hoy nace en mí el Cristo santo.»

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Según nos cuenta Kenneth Wapnick está lección le fue dictada Helen Schucman en plena Navidad, cuando el mundo cristiano celebra el nacimiento del niño Jesús. Esta es una festividad religiosa que se celebra como el nacimiento de la esperanza y de la redención del mundo.
La celebración del nacimiento del niño Jesús, representa simbólicamente el renacimiento del Cristo en mi, y por eso se anuncia jubilosamente: «Velad conmigo, ángeles, velad conmigo hoy.»

Si algo nace en mi, ese «mi» es previo, por lo tanto, es un nuevo nacimiento o renacimiento. De ahí que en la Biblia Jesús decía:  “El que no naciere de nuevo no puede ver el Reino de Dios» (Juan 3:3). Para nacer en Cristo debe «morir» nuestro ego. Ante la pregunta de Nicodemo, que para nacer de nuevo implica morir, Jesús le contesta:  «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que  es nacido del Espíritu, Espíritu es.» (Juan 3:6), una cosa es la mente y otra cosa es el cuerpo, el nuevo nacimiento al que se refiere  Jesús es de nuestra mente, y por eso, reitera: «Os es necesario nacer de nuevo» (Juan 3:7).

Las iglesias cristianas interpretan, estos pasajes como la conversión religiosa. La interpretación del Curso tiene que ver con el renacimiento de nuestra mente, una vez liberada del ego. «Que todos los santos Pensamientos de Dios me rodeen y permanezcan muy quedos a mi lado mientras nace el Hijo del Cielo.» El nacimiento del «Hijo del Cielo.» se representa como el momento en que los pensamientos de Dios,  me cubren y permanece en mi.

«Que se acalle todo sonido terrenal y que todos los panoramas que estoy acostumbrado a ver desaparezcan.»  Para poder contemplar el Cristo en mi, debo aquietarme, y perdonar todo pensamiento mundano, hasta que estos desaparezcan.

«Que a Cristo se le dé la bienvenida allí donde Él está en Su hogar,» cuando le damos la bienvenida al Cristo, es porque hemos iniciado nuestro regreso al que siempre ha sido nuestro Hogar.

«y que no oiga otra cosa que los sonidos que Él entiende y vea únicamente los panoramas que reflejan el Amor de Su Padre.» Ese es el momento en que hemos elegido solo escuchar la Voz que habla por Dios, y hemos apagado la estridente voz del ego en nuestras mentes. Y ya no vemos con los ojos del juicio y la condena, sino sólo a través de la visión de Cristo.

«Que Cristo deje de ser un extraño aquí, pues hoy Él renace en mí.» para que Cristo deje de ser un extraño en mi corazón, debo haber perdonado toda culpa en mi mente, mi consciencia es inundada por mi mente superior, por mi mente santa, la luz ilumina toda mi mente, en ese momento puedo proclamar:
«Hoy nace en mí el Cristo santo.»

ORACIÓN DEL DIA:

«Le doy la bienvenida a Tu Hijo, Padre. Él ha venido a salvarme del malvado ser que fabriqué. Tu Hijo es el Ser que Tú me has dado.  Él es lo que yo soy en verdad. Él es el Hijo que Tú amas por encima de todas las cosas.  Él es mi Ser tal como Tú me creaste. No es Cristo Quien puede ser crucificado. A salvo en Tus Brazos, recibiré a Tu Hijo.»

El perdón despeja todos los obstáculos que me impedían darle la bienvenida al amor, al Cristo en mi. A partir de ahí todo es júbilo y celebración,  pues he reconocido a mi propio Ser, el Cristo.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado «9. ¿Qué es el Segundo Advenimiento ?» Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazlas tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

«Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.» (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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