LECCIÓN 265

LECCIÓN 265

“Lo único que veo es la mansedumbre de la creación.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

La Mansedumbre se relaciona con un trato amable, inofensivo, suave, libre de arrogancia o amenazas. El trato manso inspira confianza y respeto en las relaciones.

Mansedumbre es la virtud que nos ayuda trascender la ira y sus efectos en nuestras relaciones. En ese sentido la mansedumbre es una forma de templanza, en la que los resentimientos son transformados en bondad, gracias al perdón.

La Biblia define la mansedumbre en Corintios (9:18). Como la suavidad y benignidad en la condición o en el trato, y está libre de arrogancia o presunción. Está muy relacionada con otras virtudes, como la humildad y la apacibilidad.

La mansedumbre es mencionada en el Nuevo Testamento, es una de las nueve bienaventuranzas del Sermón de la montaña de Jesús: «Bienaventurados los MANSOS, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mateo 5,5). En Mateo 11,29 se dice «Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas».

La mansedumbre está relacionada con virtudes como la humildad, la compasión, la apacibilidad, el aprecio, la bondad, la dulzura y la ternura.

El Jesús de Un Curso de Milagros considera la mansedumbre como una de las  características de los maestros de Dios y la describe de la siguiente manera:
“Para los maestros de Dios el daño es algo imposible. No puede infligirlo ni sufrirlo. El daño es el resultado de juzgar. Es el acto deshonesto que sigue a un pensamiento deshonesto. Es un veredicto de culpabilidad contra un hermano, y por ende, contra uno mismo. Representa el fin de la paz y la negación del aprendizaje. “ (M-4.IV:1-6) La mansedumbre se entiende como no hacer daño, no juzgar, no culpar, no condenar, pues todo ello es la negación de la paz, y hace imposible nuestro aprendizaje para despertar del sueño de separación. Los mansos tienen la certeza que sólo el amor es real, y en eso radica su fortaleza, sólo ven inocencia pues una mente que no juzga es inocente y amorosa.

“Ciertamente no he comprendido el mundo, ya que proyecté sobre él mis pecados y luego me vi siendo el objeto de su mirada” Lo que percibo no es más que mis propios pensamientos de culpa y miedo, que previamente proyecté sobre el mundo, que como un espejo me los  refleja, como los monstruos de mis propias pesadillas. “¡Qué feroces parecían! ¡Y cuán equivocado estaba al pensar que aquello que temía se encontraba en el mundo en vez de en mi propia mente!”

La pedagogía del Curso siempre nos hace un contraste con lo que parece sucedernos en este mundo y la realidad del estado del Cielo, “Hoy veo el mundo en la mansedumbre celestial con la que refulge la creación.” la mansedumbre es nuestra verdad eterna, lo que hace el Espíritu Santo es traernos el recuerdo de ella.
“En él no hay miedo. No permitas que ninguno de mis aparentes pecados nuble la luz celestial que refulge sobre el mundo.” la mansedumbre celestial no la podremos experimentar en este mundo ilusorio, pero si que podemos percibir su reflejo como parte del Amor de Dios y Sus atributos. “Lo que en él se refleja se encuentra en la Mente de Dios.”

Nuestra mente puede proyectar culpa y ataque, o puede extender amor, y lo que vea será un reflejo de los pensamientos que elegí: “Las imágenes que veo son un reflejo de mis pensamientos.”

Cuando he elegido a favor de Dios y Su Amor, cuando he unido mi voluntad a la de mi Padre, entonces “mi mente es una con la de Dios. Por lo tanto, puedo percibir la mansedumbre de la creación.”

El tema de la mansedumbre está presente en otras tradiciones espirituales. En occidente conocimos el término Sánscrito “Ahimsa” (no-violencia) por parte de Mahatma Gandhi, que hizo de ella  su principal postulado. Gandhi lideró la independencia de la India del imperio Británico sobre la base de la no violencia. Gandhi la definía de la siguiente manera:

“Literalmente ahimsa significa no violencia hacia la vida, pero tiene un significado mucho más amplio. Significa también que uno no puede ofender a otra persona, debiendo compadecerse del otro, incluso si se trata de un enemigo. Para aquellos que siguen esta doctrina, no hay enemigos. Quien cree en la eficacia de esta doctrina halla el último estado, cuando se alcanza la meta, viendo el mundo a sus pies. Si expresamos nuestro amor —ahimsa— de tal modo que marque para siempre a nuestro enemigo, dicho enemigo nos devolverá ese amor”.

-Mahatma Gandhi-

Este concepto es retomado por el reverendo Martín Luther King, el líder  por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos, quien paradójicamente es asesinado en el año 1.968 lo mismo que Gandhi en  1.949, igual que Jesús hace más de 2 mil años atrás. Todos fueron coherentes con sus postulados hasta el último suspiro. Eso no quiere decir que todos los que abriguemos la mansedumbre o la no violencia vayamos a morir asesinados, pero quienes lleguen a tal comprensión saben que la muerte es ilusoria, y que lo único eterno es el Amor y sus atributos como la mansedumbre.

ORACIÓN DEL DÍA:

“En la quietud quiero contemplar el mundo, el cual refleja únicamente Tus Pensamientos, así como los míos. Concédaseme recordar que son lo mismo, y veré la mansedumbre de la creación.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “5. ¿Qué es el cuerpo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazlas tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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