AQUIETAR  NUESTRAS  FURIAS

AQUIETAR  NUESTRAS  FURIAS

Si somos capaces de cerrar la temible boca de un cocodrilo, para luego acariciarlo y consentirlo, por qué no podríamos cerrar la nuestra que vocifera  juicios y condenas, y en esa quietud consentir la mente con pensamientos de paz y amor? 

Nuestra furia y agresividad se encuentran  en la mente, y es allí donde podemos domesticar nuestra fiera interior, y eso lo hacemos en el silencio de nuestro perdón, en el altar de la verdad en la que descartamos todo lo que no sea amor, hasta que solo quede la luz que lo impregna todo de un sereno gozo. La paz y la dicha dependen de que renunciemos a todo pensamiento de juicio y ataque. Sin perdón no hay amor que se manifieste ni felicidad que irradie desde lo profundo de nuestro Ser. Solo la dulce voz de la inocencia y la tierna mano de la paz nos conceden milagros de Amor.

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com

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