DESARMAR LAS PALABRAS

DESARMAR LAS PALABRAS

Las palabras tienen poder, de crear o destruir, de unir o separar. Son símbolos con los que representamos nuestros pensamientos y sentimientos. Nuestra mente es la fuente de toda palabra. Al sanar la mente sanamos las palabras. Cuidemos nuestros pensamientos y palabras, y disfrutaremos de la paz que subyace más allá de toda palabra.

Desarmar la palabra que acusa y condena,
que insulta y anula,
que amenaza y ataca.
Desarmar la palabra que calumnia y denigra, que estigmatiza y criminaliza.
Desarmar la palabra de odio y venganza.
de guerra y conflicto,
de muerte y violencia.

Desarmar la palabra, proteger la vida.
Buscar la justicia.
Construir la paz.
tender puentes,
y escuchar…
aunque denuncias o reclamos quieran expresar,
pues solo con diálogo la violencia podemos parar.

Desarmar las palabras de odio, restablecer la comunicación para encontrar una solución.

Al desarmar las palabras, la muerte podemos superar, la vida alentar, y la paz sustentar.

Desarmar las palabras, es elegir la paz y la compasión, como nuestra verdadera condición.

Desarmar las palabras que ordenan un fusil disparar, por aquellas que ordenan la vida amparar.

Desarmar las palabras, que la muerte pueden ocasionar, por palabras de vida, que a todos pueden convocar.

Desarmar palabras de exclusión y división por las de unión y compasión, de las que surgen soluciones de reconciliación.

Las palabras al servicio de la paz pueden a todos valorar y a todos desarmar, y así una confrontación evitar.

Elijamos palabras de no violencia, y acabemos con toda indolencia.

Hagamos de nuestras palabras un canto de vida, que expresamos con amor y alegría.

Si dejamos de proyectar palabras de juicio y condena, comprenderemos que eran reflejo de lo que pensábamos y no perdonábamos.

Serenemos nuestras mentes, aquietemos nuestros ánimos, renunciemos a nuestros juicios, y permitamos en el silencio de nuestra mente la paz emanar.

Elijamos con palabras bendecir, y nunca la paz disentir.

Abandonemos toda palabra de resentimiento que sólo nos produce sufrimiento.

Elijamos sólo palabras de amor que tiendan puentes de perdón.
Acallemos las palabras de odio.
Acallemos las palabras de ataque.
Acallemos todo juicio y condena.
Abandonemos la palabras insolentes, borrándolas de nuestras mentes.

Desarmar las palabras, es sanar la mente que las piensa y al mundo que las manifiesta.
Sanemos las mentes de donde las palabras emergen, y seamos conscientes, que nosotros depende sanar a este mundo demente. Esto es perdonar, esto es desarmar las palabras.

Oscar Gómez Díez

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