EL DILEMA DE DUQUE


En Colombia estamos entrando en un terreno desconocido. Un paro nacional indefinido. Han paralizado el país y están estrangulando la economía. Por otro lado, un presidente que  con su indolencia y arrogancia ocasionó todo esta protesta,, no decide  solucionar de fondo el conflicto y le apuesta a su prolongación y degradación. Y hoy como en el 2019 que prefirió hablar con todos, incluido un cantante, menos con los manifestantes.  Ahora  decide repetir el mismo libreto: atropellar a quienes protestan, hasta masacrarlos, mientas justifica el abuso policial por los actos vandálicos de unos pocos, que todo el mundo condena.
Ahora el  presidente dice estar abierto al diálogo, el mismo que negó cuando  la mayoría de los partidos, los sindicatos, los gremios y analistas le insistían que los nuevos impuestos empobrecerían más a los pobres, mientras los grandes capitales seguirían disfrutando de las rebajas de impuestos del año 2018, y de las exenciones de años anteriores. La miseria, el hambre, el desempleo, tienen un límite frente a la corrupción, el despilfarro, y la impunidad. El plato estaba servido para que explotara el volcán de la indignación. El presidente creyó que pasado un paro de 24 horas las aguas se calmarían, y siguió insistiendo en aprobar la ley de impuestos contra los pobres y la clase media. Cuando la protesta se volvió indefinida, amenazó con militarizar las ciudades y al cuarto día de protestas y varios muertos,  decide retirar el proyecto de ley, y le acepta la renuncia al ministro de. Hacienda. Pero ya era tarde. La protesta ya no era sólo contra una inequitativa ley de impuestos, sino contra un presidente arrogante, una policía brutal, y un sistema político corrupto, que se ha apoderado de los órganos de control que les garantiza la impunidad y la espiral de corrupción y atropellos.

Ahora el presidente que no dialogaba se ha vuelto el campeón de los diálogos, pero con los que siempre lo han apoyado: los partidos, los gremios empresariales, y las iglesias que han sostenido este sistema durante décadas, menos con los líderes de las protestas. Mientras continúan la masacre de jóvenes en todo el país y su jefe político y sus áulicos, piden autorizar a policías y militares a disparar, como si ya no lo estuvieran haciendo, pues la autorización ha estado vigente desde principios de este gobierno, como lo evidenciaron los asesinatos de jóvenes en el año 2019 en Bogotá que siguen impunes, como lo serán los cerca de 40 muertos de esta última protesta. Esa es la Colombia formal,  separada por un apartheid social, de la Colombia real de millones de colombianos que sobreviven con una comida diaria, como lo reconoció recientemente el mismo instituto de estadística oficial, mientras los grandes bancos y otras empresas publican sus exorbitantes ganancias del año 2020.

Que nos espera?

Una confrontación total?
Una tragedia de cientos o miles de muertos?,
o la antesala de una guerra civil?. Ó, 
Una negociación política y social, que consolide la paz, y las reformas que incluyan a la mayoría del país en los beneficios de la modernidad.?
Tendrá el presidente Duque la humildad de reconocer que se equivocó, pedir perdón al país y a las familias de las víctimas del abuso policial?
Será capaz de pedir perdón, por haber querido empobrecer más a los pobres con su fallida ley de impuestos?
Sería capaz el presidente Duque de pedir que suspendan a los policías que han disparado sus armas de fuego contra los manifestantes.? O seguirá escudándolos, con el pobre argumento  que hay que averiguar las circunstancias de “modo, tiempo y lugar” para que continúen disparando.?
Será capaz el presidente Duque, de hacer una inaplazable reforma de policía, empezando por retirarla del ministerio de defensa y trasladarla al ministerio de interior como sucede en la mayoría de las democracias del mundo,  en las que se considera a la policía como un cuerpo civil y no militar.?
Será capaz el presidente de pedir que los policías que han asesinado a quienes protestaban sean juzgados por una justicia civil e independiente?
O seguirá argumentando que la policía colombiana es una fuerza militar que se somete a la justicia penal militar, fuente de toda impunidad frente a la sociedad civil?
Será capaz el presidente  de destituir al ministro de defensa, al comisionado de paz (o de guerra?), al director nacional de la policía, y los comandantes de la policía en las ciudades donde han asesinado a los manifestantes?
Será capaz el presidente Duque de impulsar las reformas sociales y legales resultado del acuerdo de paz con las FARC,  que permitiría reducir la brecha entre el bucólico país formal, y el país real de millones de excluidos?
Si lo hace, pasará a la historia como el gran reformador, y quien evitó una tragedia nacional.
Si no lo hace, escribirá una historia en letras de sangre e ignominia.
De cómo resuelva el   presidente este dilema, dependerá el futuro del país.
Tendrá la grandeza para ello?
O sólo la grandiosidad de un gobernante joven que lo piensa una mente vieja,?

Decida lo que decida el presidente, es bueno recordarle que no hay paz sin perdón, ni libertad sin paz, ni convivencia sin el reconocimiento e inclusión de los otros.

Oscar Gómez Díez
Mayo 9 de 2021

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