LECCIÓN 83

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LECCIÓN 83

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Hoy repasamos estas dos lecciones:

«(65) Mi única función es la que Dios me dio.»

«(66) Mi función y mi felicidad son una.»

Si examinamos estas dos lecciones que vamos a repasar hoy, veremos que tienen una idea común: mi función. Con dos variantes. Una, que Dios me dio mi función, y la otra, que mi función y mi felicidad son una.
Así que empecemos por definir que entendemos por función.
Una función es una actividad particular que realizamos con un propósito determinado. En el mundo la función nos la determina alguien externo a nosotros, por ejemplo, el empleador, cuando se nos contrata para un trabajo específico, o nos la auto asignamos nosotros mismos, cuando elegimos una actividad o profesión autónoma.

El Curso empieza por descartar todas las funciones que creemos tener en este mundo, y nos afirma que: «No tengo otra función salvo la que Dios me dio.» Si yo reconozco la anterior afirmación, quiere decir que ninguna función que desempeñe en este mundo tiene valor, pues este mundo es una ilusión.
En nuestra vida cotidiana parece que hacemos lo contrario. Aparezco con múltiples funciones, las que considero importantes, un trabajo, un negocio, una familia, amigos, y muchas actividades diarias por resolver. ¿Quiere decir que si acepto mi única función debo renunciar a las que tenia en el mundo? ¿Dejar de hacerlas? Desde el nivel metafísico, allá debemos llegar; desde un segundo nivel las realizamos supeditándolas a la función que Dios me dio. El Curso no nos está pidiendo que renunciemos a las funciones del mundo, pero si que nos está pidiendo una jerarquía frente las funciones que creo desempeñar en este mundo, desde ahora las veré desde mi única función, la de perdonar todo aquello que parece estar en conflicto con mi paz. Y «Este reconocimiento me libera de todo conflicto porque significa que no puedo tener metas conflictivas.» si solo acepto la función que Dios me dio, no tendría propósitos conflictivos, no tendría que decidir entre una meta u otra y tensionarme o estresarme, por ejemplo, aceptar o no un determinado trabajo, o realizar o no un determinado viaje, pues «Al tener un solo propósito, siempre estoy seguro de lo que debo hacer, de lo que debo decir y de lo que debo pensar.» Al aceptar mi función, elijo escuchar al Espíritu Santo, sabré lo que debo pensar, decir y hacer, y las dudas son reemplazadas por certezas.

Para que entendamos mejor la idea de la función que Dios me dio, examinemos el tema de la función desde una perspectiva más metafísica. Tratemos de imaginar que estamos en el estado del Cielo, allí la condición de nuestro espíritu es de amor, paz, plenitud y felicidad. Ese es nuestro estado natural. Nadie te va a decir en el Cielo que debes permanecer en paz o debes ser feliz, simplemente somos, pues esa es la voluntad con la que Dios nos creó, nuestro espíritu al ser creado a semejanza de Dios, simplemente ES. En este mundo olvidamos quienes somos, al creernos separados de Dios, arrastramos una carga de culpa, miedo y conflictos. Así que el despertar de este sueño de separación consiste en recordar quienes somos, Platón lo denominaba reminiscencia.
Así que «Mi única función es la que Dios me dio.» en este mundo consiste en perdonar para recordar quien realmente soy. Una vez remuevo todo aquello que bloquea mi visión espiritual, reconozco mi verdadera identidad. Esto no es un reconocimiento intelectual, si no un reconocimiento experiencial de amor, paz y dicha. Esa es la función que Dios me dio. El perdón al ser un reflejo del amor de Dios, es el medio a través del cual recordaré quien Soy.

La anterior explicación, me permite comprender mejor la siguiente lección de repaso:

«(66) Mi función y mi felicidad son una.»

Si soy Hijo del Amor, y siendo la felicidad un atributo del Amor, «Desempeñar mi función es mi felicidad porque ambas cosas proceden de la misma Fuente.» mi felicidad y mi función proceden de Dios, por eso son lo mismo.

Instrucciones para el repaso:

En la introducción del repaso nos dice que:

  1. Una sesión de ejercicios larga, de 15 minutos por cada una de las ideas de repaso.
  2. Varias sesiones cortas, en la que alternamos las dos lecciones diarias.
    Se trata de estudiar y reflexionar sobre las ideas del repaso, con sus comentarios, antes de entrar en un estado de quietud y silencio, para luego cerrando los ojos te pones en un estado receptivo de escuchar. «Dedica tres o cuatro minutos a leerlos lentamente, varias veces si así lo deseas, y luego cierra los ojos y escucha.» uno de los propósitos de este segmento de repaso es que aprendamos a escuchar la Voz del Espíritu Santo.

Para las aplicaciones a las ideas de repaso se sugieren las siguientes variantes:

(L65) «Mi percepción de esto no altera mi función.»

«Esto no me confiere una función distinta de la que Dios me dio.»

«No me valdré de esto para justificar una función que Dios no me dio.»

(L66) «Esto no puede separar mi felicidad de mi función.»

«La unidad que existe entre mi felicidad y mi función no se ve afectada en modo alguno por esto.»

«Nada, incluido esto, puede justificar la ilusión de que puedo ser feliz si dejo de cumplir mi función.»

Reconocer y aceptar la función que Dios me dio, como mi única función, es comprender que en este mundo ilusorio lo único que debemos hacer es despertar del sueño de separación, y la única manera de hacerlo es perdonar todo lo que no es verdad en mi, permitiendo que lo que es verdad aflore en mi consciencia como lo que es: amor, paz y felicidad.
Bendiciones
💝🙏💝
Oscar Gómez Díez

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