TORMENTA

/TORMENTA

Después de un día de sol radiante se desata una tormenta. La estridente caída del agua, el fuerte sonido del río que se incrementa por el aumento de su caudal, y por la resistencia que las rocas le hacen al agua que baja de las montañas, son acompasadas por una tormenta eléctrica cuyos rayos hacen estremecer la casa y sus alrededores. Sentado en el corredor contemplo el espectáculo. Veo el haz de luz de un rayo que surca sobre las colinas, y comienzo a contar los segundos entre el relámpago y el abrumador sonido del trueno que cae sobre una tierra trémula. Como si quisiera comprobar las leyes físicas que nos dicen que la luz se desplaza más rápido que el sonido. Los pájaros han desaparecido en los alrededores, el gallo y los conejos tampoco se ven en el jardín, se que están cerca resguardándose de los truenos y la lluvia, no los veo pero siento su presencia. En medio de la tormenta respiro un aire fresco. Los árboles reciben el vendaval meciéndose sobre sí mismos, aferrándose a sus raíces, mientras por los surcos de sus hojas caen incesantes gotas de agua que bañan la tierra. El cielo se va oscureciendo, más en medio de las espesas nubes, hay un claro de luz que pareciera negarse a tapar un pedazo del cielo. Contemplar la naturaleza, es como contemplar una pintura en movimiento, nunca vemos el mismo paisaje, siempre tiene algo que enseñarnos, hay un enigma por descifrar, una inspiración por recibir, un corazón que se extasía de belleza y gratitud por todo lo que existe. Un sentimiento que lo embarga todo, una totalidad que nos cubre y nos transporta con el gozo eterno de Ser. En mi quietud contemplo como el sujeto y el objeto de observación se hacen uno, me fusiono con lo que veo, y me doy cuenta que soy la lluvia, soy el agua, la tormenta y la montaña, soy el trueno y soy la luz que me habita. Inhalo y me sumerjo en medio de una melodía que inunda todo mi Ser, en mi quietud la tormenta desaparece. La paz permanece inalterable. Descubro que el paisaje existe cuando lo contemplo y yo Existo cuando me contemplo a mi mismo. Es el eterno presente, nada cambia pues lo que es, nunca dejará de ser, permanece impasible a las tormentas de este mundo, simplemente seguirá siendo. Así es el Amor un deleite permanente de contemplar y contemplarse, un gozo por extenderse hasta el infinito de la totalidad, un canto a la vida en el altar de su propia belleza.

Bendiciones
💝🙏💝
Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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