LECCIÓN 70

LECCIÓN 70

«Mi salvación procede de mí.»

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Esta es una lección muy importante, debido a que nos pone al frente de nuestra propia sanación. Nadie más puede hacerlo por nosotros. Pues no existe nadie más. Somos responsables de todo lo que nos sucede y somos responsables de cambiarlo, si así lo decidimos. «La salvación parece proceder de cualquier parte excepto de ti. Lo mismo se puede decir del origen de la culpabilidad. Tú no crees que la culpabilidad y la salvación estén en tu mente y sólo en tu mente.»
Como estamos acostumbrados a proyectar nuestras culpas y miedos sobre el mundo, nos parece. «normal» que exista un culpable de lo que nos sucede. Ese «culpable» sólo existe en nuestra mente, es nuestra propia película mental. Mientras creamos que existe «un otro» que me ha hecho daño o me puede hacer daño, jamás nos vamos a sanar, pues estamos buscando la salvación donde no está. Esta es una de las grandes trampas de nuestro ego.  «Cuando te des cuenta de que la culpabilidad es sólo una invención de la mente, te darás cuenta también de que la culpabilidad y la salvación tienen que encontrarse en el mismo lugar. Al entender esto te salvas.» sólo cuando reconozcamos que todo existe en mi mente y sólo en mí mente, asumo la responsabilidad de mis pensamientos, renunció a hacer juicios y condenas y me perdono las falsas interpretaciones que hice del mundo, «Al entender esto te salvas.» al entender esto me sano, al entender esto le entrego a la Expiación mis errores de interpretación, y le ofrezco un milagro de amor a todos aquellos a quienes había culpado. El milagro vendrá a mi solo después de ofrecerlo a quienes antes había condenado, pues dar es lo mismo que recibir.

Renunciar a la interpretación que hacemos desde  el ego, tiene unos resultados muy importantes, el Curso nos enumera dos de gran calado:
1.  «significa que nada externo a ti puede salvarte ni nada externo a ti puede brindarte paz.» No existe una salvación externa, llámala  gurú, psicólogo, psiquiatra, sacerdote, pareja, trabajo, dinero, poder. Si sigues creyendo en eso, será una búsqueda inútil, no hallarás nada. No encontrarás sanación ni paz. Reconocer que todo está en nuestra mente nos conduce al perdón y la paz.
2. «Significa también que nada externo a ti te puede hacer daño, perturbar tu paz o disgustarte en modo alguno.» significa que ya no podré culpar a nadie por lo que me acontece, pues no existen los culpables, el mundo que ves es totalmente neutro, y adquiere el significado que tu mente le asigne. Nada te hace daño, nada te produce ira, nada te hace sufrir, excepto tus propios pensamientos. Tu paz no depende del mundo exterior, depende sólo de tu mundo interior, únicamente de tu mundo interior y de nada más.
«La idea de hoy te pone a cargo del universo, donde te corresponde estar por razón de lo que eres. No es éste un papel que se pueda aceptar parcialmente. Y seguramente habrás comenzado a darte cuenta de que aceptarlo es la salvación.»  la conclusión lógica de la anterior exposición, es que eres responsable de ti mismo, eres responsable de tus pensamientos, «La idea de hoy te pone a cargo del universo» eres responsable de tu universo mental. Se acabó el victimismo. No soy víctima de nada y de nadie, solo de mi mismo. Si han sido mis propios pensamientos los que me condujeron al conflicto y la enfermedad, la solución (salvación) no puede estar fuera de mi mente. En mi mente anidó la enfermedad y el conflicto y en mi mente está el remedio que me sanará y me brindará paz.
”Es probable, no obstante, que aún no esté claro para ti por qué razón reconocer que la culpabilidad está en tu propia mente conlleva asimismo darte cuenta de que la salvación está allí también.” Creer lo contrario, es como piensa  el ego, pero no Dios  «Así es como funciona tu mente, pero no la Suya.»  Dios quiere que sanes «por eso mantiene la Fuente de la curación allí donde hay necesidad de curación» Pero nuestro ego ha hecho todo lo contrario, buscar afuera lo que está adentro. Por eso separamos la curación de la enfermedad, y al hacer eso, lo que hago es conservar la enfermedad al ignorar la fuente de la curación: mi propia mente.

El ego vive en constante conflicto consigo mismo y con Dios: «Tu propósito ha sido asegurarte de que la curación no tuviese lugar. El propósito de Dios ha sido asegurarse de que sí tuviese lugar.» así que nuestra sanación pasa por desligar mi voluntad de la del ego, y ligar mi voluntad a la de Dios.  «Nuestra práctica de hoy consiste en darnos cuenta de que la Voluntad de Dios y la nuestra coinciden completamente en esto. Dios quiere que sanemos, y nosotros no queremos realmente estar enfermos, pues eso no nos hace felices. Al aceptar la idea de hoy, por lo tanto, estamos en realidad de acuerdo con Dios. Él no quiere que estemos enfermos. Nosotros tampoco. Él quiere que nos curemos. Nosotros también.»
A partir de reconocer que todo está en mi mente, y que  soy responsable de lo que pienso, ya sea desde el miedo o desde el amor, tengo que tomar una decisión a favor del amor y el perdón, esa es la práctica de hoy:

PRÁCTICA:

Aquiétate unos 10 o 15 minutos, dos veces en el día. Una por la mañana y la otra al finalizar el día. Busca establecer un horario para esta y las siguientes lecciones.

Esta es una meditación que tiene tres fases:

Primera fase:
«Empieza estas sesiones de práctica repitiendo la idea de hoy,”

«Mi salvación procede de mí.”

Luego añades  ”una afirmación en la que se vea expresado tu reconocimiento de que la salvación no procede de nada externo a ti. Podrías, por ejemplo, decir lo siguiente:»

» Mi salvación procede de mí. No puede proceder de ninguna otra parte.»

Segunda fase:
«Dedica después varios minutos, con los ojos cerrados, a revisar algunas de las fuentes externas en las que en el pasado buscaste la salvación: en otra gente, en posesiones, en diversas situaciones y acontecimientos, y en conceptos de ti mismo que intentaste convertir en realidad. Reconoce que la salvación no se encuentra en nada de eso, y dite a ti mismo:»

«Mi salvación no puede proceder de ninguna de esas cosas.»
«Mi salvación procede de mí, y sólo de mí.»

Tercera fase:
Después de asumir la responsabilidad de mi propia sanación y abandonar la creencia en fuentes externas para mi salvación,  puedo atravesar las nubes para llegar a la  luz en mi. «Trataremos ahora nuevamente de llegar a la luz en ti, que es donde realmente se encuentra tu salvación. No puedes encontrarla en las nubes que rodean la luz, y es ahí donde la has estado buscando. No está ahí. Está más allá de las nubes, en la luz que se encuentra tras ellas. Recuerda que tienes que atravesar las nubes antes de poder llegar a la luz. Pero recuerda también que jamás encontraste nada que fuese duradero o que realmente quisieras en los tapices de nubes que te imaginabas.»
Esta meditación  vuelve a la visualización de las nubes y atravesarlas para llegar a la luz. A diferencia de ayer, lo que despejábamos eran las nubes de mis resentimientos, en la de hoy, despejadas las nubes de creer en fuentes externas,  de supuestos “salvadores” ubicados fuera de mi mente, puedo llegar a la luz en mi, pues me he liberado de las trampas que me ataban a este mundo.

DE LA MANO DE JESÚS:

Pará esta última fase, Jesús nos ofrece una ayuda adicional:  «Puesto que todas las ilusiones de salvación te han fallado, seguramente no querrás quedarte en las nubes buscando en vano ídolos falsos, cuando te sería tan fácil llegar hasta la luz de la verdadera salvación. Trata de ir más allá de las nubes utilizando cualquier medio que te atraiga. Si te resulta útil, piensa que te estoy llevando de la mano, y que te estoy guiando. Y te aseguro que esto no será una vana fantasía.» Ante el riesgo de que te quedes buscando dentro de las nubes (el mundo del ego) Jesús nos asevera que sí pedimos su compañía y su guía,  ”esto no será una vana fantasía.» de la mano de Jesús, podemos tener la confianza, que no nos perderemos en el mundo de las ilusiones.

PRÁCTICAS  CORTAS:

«Para las sesiones de práctica cortas y frecuentes de hoy, recuérdate a ti mismo que la salvación procede de ti y que nada, salvo tus propios pensamientos, puede impedir tu progreso. Estás libre de toda interferencia externa. Estás a cargo de tu salvación. Estás a cargo de la salvación del mundo. Di, entonces:»

«Mi salvación procede de MÍ. No hay nada externo a mí que me pueda detener.»

«En mí se encuentra la salvación del mundo y la mía propia.»

Después de leer y practicar esta lección, no nos puede quedar la menor duda que soy responsable de lo que pienso, que soy el origen de mis experiencias, y por lo tanto, el único responsable de mi propia sanación. Tengo el poder de decidir a favor del perdón, la sanación, el amor y la paz. La decisión esta en tus manos, la decisión está en mis manos. La decisión está en nuestras manos, solo tenemos que unir nuestra voluntad a la de Dios, y dejarnos guiar por el Amor.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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