LECCIÓN 66

LECCIÓN 66

“Mi función y mi felicidad son una.”

Comentada por:
Oscar Gómez

En las últimas lecciones se ha venido introduciendo el tema de la felicidad, en esta lección la felicidad es el tema central. Aquí el Curso va hacer un ejercicio muy interesante de lógica Aristotélica para demostrarnos que ya somos felicidad porque esa fue la voluntad de Dios desde que nos creó.  Empieza por decirnos, que por ahora, nosotros no vemos la conexión entre mi función (perdonar) y mi felicidad, así que Jesús hace uso de la lógica y del silogismo Aristotélico para demostrarnos esa conexión y la  importancia de esa conexión. Y nos dice que “Sin embargo, se trata de algo más que una simple conexión: son una misma cosa.” esta será la tesis que se propone demostrar.
Nos adelanta que no nos perdamos en la diferencia entre forma y contenido, ya que “La manera en que cada una se manifiesta es distinta, pero el contenido es exactamente el mismo.” Así que entra a distinguir la diferencia entre lo que es mi función para el ego y lo que es mi función para Dios.

Para el ego mi función es sobrevivir, para el ego, la vida es una lucha, una batalla, donde hay ganadores y perdedores. Si yo gano otros necesariamente tienen que perder. La sociedad nos educa para ser competitivos, exitosos y triunfadores. Esta confrontación se da en todos los niveles: entre países, entre ideologías, entre empresas, entre razas, sexos, y se establecen relaciones de poder, dominación o explotación. El ego plantea una batalla contra el Espíritu Santo sobre cuál es nuestra función, y cuál es nuestra felicidad. Pero para desarrollar una guerra se necesitan dos bandos.  El Espíritu Santo no entra en batalla contra el ego, eso sería reconocerlo, eso sería darle realidad a lo que no lo tiene. Así que “No es ésta una batalla que tenga dos contendientes. El ego ataca y el Espíritu Santo no responde. Él sabe cuál es tu función. Él sabe que es tu felicidad.” De esta manera el Curso nos propone otra manera de abordar el asunto “No vamos a gratificar al ego escuchando sus ataques contra la verdad. Sencillamente nos alegraremos de que podemos descubrir lo que ésta es.” El Espíritu Santo no está interesado en convencer al ego. No está interesado en demostrarle quién tiene la razón. El Espíritu Santo se dirige a esa parte amorosa de nuestra mente que sigue unida a Dios, y nos dice:  “Dios te da únicamente felicidad. Por lo tanto, la función que Él te dio tiene que ser la felicidad, aunque parezca ser otra cosa. Los ejercicios de hoy son un intento de ir más allá de estas diferencias de aspecto y de reconocer un contenido común allí donde en verdad lo hay.” esta tesis va a demostrarla, y  nos pide practicarla para que podamos llegar a esa conclusión.

PRACTICA:

Dos sesiones largas de 10 a 15 minutos cada una, en la mañana y en la noche. En una especie de discernimiento meditativo.

“Comienza la sesión de práctica de diez o quince minutos reflexionando sobre estos pensamientos:”

“Dios me da únicamente felicidad.”

“Él me ha dado mi función.”

“Por lo tanto, mi función tiene que ser la felicidad.”

Este es un típico silogismo Aristotélico. Se formula una premisa mayor (“Dios me da únicamente felicidad.”),  Una segunda premisa menor (“Él me ha dado mi función.”) y una conclusión (“Por lo tanto, mi función tiene que ser la felicidad.”)
Después de postular el silogismo procede a demostrar la realidad de cada uno de sus componentes y nos invita a reflexionar desde el conjunto del silogismo como de cada una de sus premisas: “Trata de ver la lógica en esta secuencia, incluso si aún no aceptas la conclusión. Únicamente si los dos primeros pensamientos son erróneos, podría ser falsa la conclusión. Reflexionemos, entonces, por un rato sobre estas premisas según practicamos.” Veamos:

Premisa mayor: “Dios me da únicamente felicidad.”

“La primera premisa es que Dios te da únicamente felicidad. Esto, desde luego, podría ser falso, pero para que fuese falso sería preciso definir a Dios como algo que Él no es. El Amor no puede dispensar maldad, y lo que no es felicidad es maldad. Dios no puede dar lo que no tiene, ni puede tener lo que Él no es. Si Dios no te diese únicamente felicidad, ciertamente sería malvado. Y ésa es la definición que crees acerca de Él si no aceptas la primera premisa.”
En esta primera premisa se plantea una tesis mucho más profunda que no se hace explicita, pero que tiene un enorme impacto en nuestra sanación. Nos dice que Dios es sólo Amor, y Aquel que todo lo abarca no tiene opuestos, o sea, Dios es sólo Amor y nada más que Amor. Dios no tiene opuestos, no es un ser dual: Amor y odio, Amor y castigo, Amor y venganza, no es el dios colérico que describe el antiguo testamento, que nos expulsa del paraíso, nos condena a la mortalidad, la enfermedad y la muerte, destruye ciudades, produce diluvios destruyendo todo. Dios no encarna el bien y el mal al mismo tiempo, pues se estaría negando así mismo, viviría en un eterno conflicto. Entonces si aceptas que Dios es Amor, y también es felicidad, la primera premisa es cierta. Ello tendría como consecuencia que la culpa, el miedo y el castigo no existen. El pecado original nunca ocurrió, la expulsión del paraíso no es cierta, la destrucción de ciudades y el diluvio universal no fueron un castigo de Dios, y nunca fuimos castigados con la mortalidad, la  enfermedad y la muerte, todo eso no son más que fabricaciones del ego.

Segunda premisa “Él me ha dado mi función.”

“La segunda premisa afirma que Dios te ha dado tu función. Hemos visto que tu mente sólo tiene dos partes. Una de ellas la gobierna el ego y se compone de ilusiones. La otra es la morada del Espíritu Santo, donde reside la verdad. Sólo puedes escoger entre estos dos guías, y los únicos resultados que pueden proceder de tu elección son el miedo que el ego siempre engendra o el amor que el Espíritu Santo siempre ofrece para reemplazarlo.”
En este mundo tenemos una mente dividida, una la gobierna el Espíritu Santo y otra el ego, el amor o el miedo,  quien aceptemos como maestro, determinara nuestra función y nuestra experiencia. Si acepto al Espíritu Santo, reconoceré que el amor y el perdón es mi función en este mundo. Esto lo argumenta de la siguiente manera: “Así pues, o bien fue Dios Quien estableció tu función a través de Su Voz, o bien fue el ego, que tú inventaste para reemplazarlo a Él. ¿Cuál de estas posibilidades es verdad” si la felicidad no es un regalo de Dios para ti, entonces sería un regalo del ego.     “Mas ¿qué regalos puede dar el ego, cuando él mismo es una ilusión y lo único que puede ofrecer son regalos ilusorios?”

Y nos pide practicar haciendo una reflexión en la que examinemos si de verdad el ego nos ha dado alguna vez felicidad: “Piensa en esto durante tu sesión de práctica más larga de hoy. Piensa asimismo en las múltiples formas que tu ilusoria función ha adoptado en tu mente, y en las muchas maneras por las que, guiado por el ego, trataste de encontrar la salvación. ¿La encontraste? ¿Te sentiste feliz? ¿Te brindaron paz? Hoy necesitamos ser muy honestos. Recuerda objetivamente los resultados que lograste y examina si en algún momento fue razonable pensar que podías encontrar felicidad en nada que el ego jamás propusiera.” y nos pregunta cuestionando al ego para que podamos decidir: “Prestarás oídos a la locura, o bien oirás la verdad. Trata de hacer tu elección mientras reflexionas sobre las premisas en las que se basa nuestra conclusión.”‘

Tercera premisa: “Por lo tanto, mi función tiene que ser la felicidad.”

En los silogismos la tercera premisa es verdad, solo si aceptamos las dos primeras como ciertas. Por eso concluye diciéndonos: “A un lado están las ilusiones. Al otro, la verdad. Tratemos hoy de darnos cuenta de que sólo la verdad es verdad.”

PROPOSITO:

Finalmente concluye con el propósito de la lección, consistente en el hecho “que aceptes el hecho de que no sólo existe una conexión muy real entre la función que Dios te dio y tu felicidad, sino que ambas cosas son, de hecho, lo mismo.” Y nos dice que esta lección es un paso gigantesco en el proceso lograr una percepción verdadera.

REPETICIONES FRECUENTES:

Para las sesiones cortas nos pide practicar 2 veces por hora de la siguiente manera:

“Mi función y mi felicidad son una porque Dios me dio las dos.”

Repite la idea de hoy con la certeza que la felicidad es tuya, es tu herencia  natural por ser el perfecto Hijo de Dios, el ego ya no puede seguir ocultando tu realidad inmortal, reconoce tu inocencia al saber que no eres culpable de nada, que no hay un dios vengativo persiguiéndote, no le debes temer a Dios, solo amarlo como Él te ama, eres libre, pleno, y eternamente feliz. Cuando tu consciencia llegue a la certeza de que no hay ninguna culpa en ti, lo único que queda es la luz ilimitada de tu felicidad. Disfrútala cómo un niño pequeño que se sabe amado, querido y protegido
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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