LECCIÓN 64

LECCIÓN 64

“No dejes que me olvide de mi función.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Esta lección viene encadenada con las anteriores (61-62 y 63). A los temas anteriores, de soy la luz del mundo (L61), mi función (el perdón) (L62), y la paz (L63) se le agrega, un nuevo “ingrediente”, quizás el mas importante: la felicidad. Pero para llegar allí debo recordar  practicar el perdón y no caer en las tentaciones del ego. Veamos:

“La idea de hoy es simplemente otra manera de decir: “No me dejes caer en la tentación”.” la tentación es un tema importante en la tradición Judeo cristiana. Recordemos la tentación de Adán y Eva en el Génesis, o las famosas tentaciones de Jesús en su retiro en el desierto.
La tentación son los deseos de nuestro ego de tener, poseer, u obtener algo que le produzca placer o bienestar así sea inconveniente o le generen después sufrimientos y conflictos.

El estado del Cielo es una condición  de plenitud y abundancia, por el sólo hecho de Ser. Tras la separación pasamos a un estado de carencia. El ego busca alguna forma que lo complete, ya sea pareja, familia, amigos, riqueza o poder. Todos son sustitutos del Amor perdido. Si no puede lograr “completarse” busca distracciones que lo lleven a olvidarse de su incompletud. Los deseos y placeres que satisfacen al cuerpo o entretienen su mente, juegos, espectáculos, drogas, etc. Realmente este mundo y todas sus manifestaciones están hechas para distraernos de nuestra verdadera función: “El propósito del mundo que ves es nublar tu función de perdonar y proveerte de una justificación por haberte olvidado de ella. Es asimismo la tentación de abandonar a Dios y a Su Hijo adquiriendo una apariencia física.” el cuerpo es el instrumento del ego para afirmar la separación. El cuerpo da testimonio de un “yo individual” separado de Dios. Los sentidos de la percepción están diseñados para demostrar la existencia de un mundo externo a mi. “Esto es lo que los ojos del cuerpo ven. Nada de lo que los ojos del cuerpo parecen ver puede ser otra cosa que una forma de tentación, ya que ése fue el propósito del cuerpo en sí.”  El cuerpo fue creado para hacer real la separación y hacernos creer que la mente está atrapada en un cuerpo y limitada por el cuerpo y sus órganos de los sentidos. El espíritu Santo reinterpreta la percepción del ego para los propósitos del amor y el perdón: “Para el Espíritu Santo el mundo es un lugar en el que aprendes a perdonarte a ti mismo lo que consideras son tus pecados. De acuerdo con esta percepción, la apariencia física de la tentación se convierte en el reconocimiento espiritual de la salvación.” Si el mundo es el escenario en el que el ego  desenvuelve su historia de separación, y el cuerpo y los deseos son sus instrumentos, el Espíritu Santo, en cambio, interpreta el mundo como un escenario para enseñarnos quienes somos realmente, para perdonar, y convertir  el deseo de ser especial y diferente a mis hermanos  en el deseo de perdonar y sanar, en el anhelo de regresar a casa. Pero para ello debo perdonar y perdonar hasta que todo vestigio de miedo y culpa haya desaparecido de mi mente. Para lograr este propósito no puedo dejar distraerme por todas las tentaciones que el ego me ofrecerá con tal de que me olvide quien soy. De ahí que apelo al Cristo en mi, o al Espíritu Santo y exclamó “No dejes que me olvide de mi función.” ellos me ayudarán a recordar que  “El Hijo de Dios eres tú.” cuando recuerdo quien realmente soy y                    “desempeñando la función que Dios te dio podrás ser feliz. Esto se debe a que tu función es ser feliz valiéndote de los medios mediante los cuales la felicidad se vuelve inevitable. No hay otra manera.” este ultimo texto, nos muestra un cuadro completo en la que las lecciones anteriores, eran segmentos que se van encajando hasta llegar a esta: soy la luz del mundo, mi función es perdonar, si cumplo mi función de brindar paz a todas las mentes, y si no me olvido de todo lo anterior y sigo practicando el perdón “la felicidad se vuelve inevitable.” La felicidad es la cúspide de la montaña que venimos ascendiendo a través del perdón, es el premio mayor, el mayor logro de mi existencia. La felicidad se vuelve objetiva, verificable y permanente. Diferente a como la considera el mundo: subjetiva, variable y de corta duración. El ego asimila la felicidad al placer. La objetividad de la felicidad en el Curso se puede asimilar a las leyes de la ciencia moderna: si haces algo de una determinada manera conducirá al mismo resultado. Si perdono y sólo perdono mis resultados serán de paz y  felicidad. “Por lo tanto, cada vez que eliges entre si desempeñar o no tu función, estás en realidad eligiendo entre ser feliz o no serlo.” igualmente, si no perdonas, y te dejas guiar por el ego, tus resultados serán de miedo, conflicto y sufrimiento. Elegir el perdón “es la única elección que el Espíritu Santo ve. Por lo tanto, es la única elección que existe.” El texto es inequívoco, “es la única elección” no hay otra, si buscas otra te encontrarás nuevamente con el ego.

FORMA Y CONTENIDO:

“No permitas que la forma de la decisión te engañe. Complejidad en lo relativo a la forma no implica complejidad en lo relativo al contenido.”  El propósito del ego es que el mundo con toda la multiplicidad de sus formas nos engañe con una supuesta complejidad, y nos olvidemos del contenido de nuestro Ser: amor y perdón. No permitamos que la forma sustituya el contenido, ni la  “complejidad” a la simple elección de recordar mi única función: la de perdonar y ser feliz. “Es imposible que el contenido de cualquier decisión aquí en la tierra se componga de cualquier otra cosa que no sea esta simple elección. Ésta es la única elección que el Espíritu Santo ve. Por lo tanto, es la única elección que existe.” Sólo tenemos que elegir cumplir nuestra única función en este mundo: perdonar, y la paz y la felicidad brotarán como las flores en primavera después de un largo y frío invierno.

PRÁCTICA:

En este ejercicio tenemos una variación importante, respecto a las lecciones anteriores, se nos está pidiendo una práctica larga de 15 minutos, si no estas acostumbrado a meditar te va costar un poco de esfuerzo mientras entrenas tu mente. “Por lo menos una vez hoy, dedica diez o quince minutos a reflexionar acerca de esto con los ojos cerrados.”

“No dejes que me olvide de mi función.”

“No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía.”

“Déjame perdonar y ser feliz.”

“Pensamientos afines acudirán en tu ayuda si recuerdas cuán crucial es tu función para ti y para el mundo. Esto te resultará difícil, sobre todo al principio, ya que aún no tienes la disciplina mental que ello requiere. Tal vez necesites repetir: “No dejes que me olvide de mi función” con bastante frecuencia para que te ayude a concentrarte.” práctica con entusiasmo y convicción, poco a poco iras entrenando tu mente en estas prácticas largas en la que navegas hacia lo profundo de tu conciencia.

REPETICIONES FRECUENTES:

También hay unas prácticas cortas y reiteradas a lo largo del día:

“Hoy se requieren dos variaciones de las sesiones de práctica más cortas. Haz los ejercicios con los ojos cerrados algunas veces, tratando de concentrarte en los pensamientos que estés usando. En otras, mantén los ojos abiertos una vez que hayas repasado los pensamientos, y luego mira a tu alrededor lenta e imparcialmente, repitiendo para tus adentros:”

“Éste es el mundo que es mi función salvar.”

La frecuencia, la disciplina y la constancia con que practiques será proporcional a tu deseo de ser feliz.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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