LECCIÓN 39

LECCIÓN 39

“Mi santidad es mi salvación.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Este es el último de un ciclo de 5 ejercicios dedicados al tema de la santidad, lo que nos señala la importancia que el Curso le otorga.
Este ejercicio inicia con una pregunta:
“Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su opuesto?”
Aquí se introducen dos conceptos: culpabilidad e infierno.
La culpabilidad que viene de la creencia en el pecado original y la separación, la recreamos en nuestra vida cotidiana, cuando ya no solo creemos que violamos las leyes divinas sino también las humanas, dónde  los códigos legales se establecen para castigar la violación de las normas estipuladas, respaldadas por   un aparato de policías, fiscales y jueces  que ejecutan el juicio y el castigo. Lo mismo lo llevamos a nuestras relaciones sociales, laborales o familiares. La culpa lleva implícita el juicio, la condena y el castigo, y finalmente el miedo al castigo, que da lugar a la proyección y el ataque.  La culpa es la base sobre la que se desenvuelve el ego, y  las relaciones duales y conflictivas que tenemos con nuestros hermanos y que el Curso denomina “Relaciones especiales”, y que a través del perdón buscamos transformarlas en relaciones santas.
El concepto del infierno, que desde la tradición  judeo cristiana evoluciona con el nombre hebreo  “Shoel” del antiguo testamento, (receptáculo de las almas), al concepto griego de “Hades”  que introduce el nuevo testamento (originalmente  lugar donde habitaba el dios del inframundo y después lugar donde iban los muertos). Recordemos que el nuevo testamento se escribió en griego;   hasta la palabra latín “infernum” (lugar inferior -subterráneo). Cuando la iglesia católica  se fusiona con el imperio romano en el siglo IV de nuestra era,  en ese momento se introduce el concepto de “Averno”, (el infierno romano),  que es el nombre del cráter de un antiguo volcán, lo que da lugar al lago de fuego,  que describe el infierno como un fuego eterno dónde las almas son atormentadas. Hasta la modernidad en la que se describe al infierno ya no como un lugar de fuego y tortura , sino  que: “El infierno indica más que un lugar, la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios.”  Según definición  del Papa Juan Pablo II,  el 28 de julio de 1.999.
El paso del antiguo al nuevo testamento conllevó tres idiomas: el hebreo, el Griego, el Latín; y tres territorios y culturas: Palestina, Grecia y Roma.
Con este contexto,  volvamos a la primera pregunta del presente ejercicio:
“Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su opuesto?”
Aquí el Curso está equiparando la culpabilidad con el infierno, pues es la base del juicio, la condena y el castigo. Y nos pregunta cuál es el opuesto al infierno? Y a partir de allí despliega una argumentación, sobre el supuesto que no creemos en la pregunta planteada.
“Ésta, sin duda, no es una pregunta difícil. La vacilación que tal vez sientas al contestarla no se debe a la ambigüedad de la pregunta. Pero ¿crees acaso que la culpabilidad es el infierno? Si lo creyeses, verías de inmediato cuán directo y simple es el texto, y no necesitarías un libro de ejercicios en absoluto. Nadie necesita practicar para obtener lo que ya es suyo.” en conclusión si creyésemos que la culpabilidad es el infierno, no necesitaríamos del libro de ejercicios y del Curso, pues ya habríamos identificado la fuente de nuestros sufrimientos. Pero lo cierto es que esta sigue velada para nosotros, pues el ego nos la oculta. La culpabilidad está en lo que los psicólogos llaman el “inconsciente” ya sea individual o colectivo, y se nos manifiesta en proyecciones, juicios y ataques, por lo que, en vez de sentirnos culpables, acusamos a los otros de lo que nos sucede, nos sentimos víctimas del mundo, por lo que la  culpabilidad parece desvanecerse.
”Si no te sintieses culpable no podrías atacar, pues la condenación es la raíz del ataque. La condenación es el juicio que una mente hace contra otra de que es indigna de amor y merecedora de castigo. Y en esto radica la división, pues la mente que juzga se percibe a sí misma como separada de la mente a la que juzga, creyendo que al castigar a otra mente, puede ella librarse del castigo.” (T-13.in.1:1-4) Como proyectamos sobre los otros la culpabilidad, no la sentimos en nosotros, pues inconscientemente hemos creído que nos deshicimos de la culpabilidad. Y por lo tanto, no nos damos cuenta que ”la culpabilidad es lo que ha hecho que el Padre esté velado para ti y lo que te ha llevado a la demencia.” (T-13.in.1:7)
De ahí que la pregunta inicial de: “Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su opuesto?” la respuesta sería mi inocencia, mi santidad. Así como lo opuesto del infierno en este mundo es el Cielo. De ahí que el ejercicio se nos plantee con la afirmación de que: ”Mi santidad es mi salvación.” Solamente si me reconozco como el perfecto e inocente Hijo de Dios, podré liberarme de la culpabilidad.
”Tu santidad es la respuesta a toda pregunta que jamás se haya hecho, se esté haciendo ahora o se haga en el futuro. Tu santidad significa el fin de la culpabilidad y, por ende, el fin del infierno. Tu santidad es la salvación del mundo, así como la tuya.”
Solo podremos sanar nuestra mente, perdonándonos todo tipo de culpabilidad, lo que nos lleva necesariamente  a renunciar a todo tipo de juicio, condena y ataque; al desaparecer la culpabilidad, lo único que queda es el amor que soy, por lo que ”Mi santidad es mi salvación” adquiere todo su sentido, y con mi santidad también se salva el mundo, pues solo puedo dar lo que tengo, y si solo tengo amor, eso es lo que daré, pues eso es lo que Soy.  Por lo tanto, “Tu santidad significa el fin de la culpa y, por ende, el fin del infierno.”

PRACTICA:

Con el conocimiento de lo que nos propone la lección, práctica durante 5 minutos y cuatro veces durante el día, repite la idea:

”Mi santidad es mi salvación”

Y luego, ”con los ojos cerrados, explora tu mente en busca de pensamientos que no sean amorosos en cualquiera de las formas en que puedan presentarse: desasosiego, depresión, ira, miedo, preocupación, ataque, inseguridad, etc. No importa en qué forma se presenten, no son amorosos, y, por lo tanto, son temibles. De ellos, pues, es de los que necesitas salvarte.”

”Mis pensamientos no amorosos acerca de _____ me mantienen en el infierno.”

”Mi santidad es mi salvación.”

Práctica también con la pregunta que te permite discernir sobre la culpabilidad y tú santidad:

”Si la culpabilidad es el infierno, ¿cuál es su opuesto?”

REPETICIONES FRECUENTES:

“En las aplicaciones más cortas, que deben llevarse a cabo unas tres o cuatro veces por hora o incluso más si es posible, puedes hacerte a ti mismo esa pregunta o repetir la idea de hoy, pero preferiblemente ambas cosas.”

RESPUESTA A LA TENTACION:

”Si te asaltan tentaciones, una variación especialmente útil de la idea es:”

”Mi santidad es mi salvación de esto.”

El Curso se desenvuelve con la afirmación de lo que somos (amor), y la negación de lo que no somos (culpa). Solo si negamos lo que no es verdad en nosotros,  la verdad de lo que somos brillará. Al negar la “realidad” de la culpabilidad y del infierno, aflorara el amor, la paz y la dicha de lo que somos, ese es el milagro  que nos enseña nuestra santidad.

Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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