LECCIÓN 30

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LECCIÓN 30

“Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Dios está en todo lo que veo, porque Dios está en el único “lugar” que en verdad puede estar: en mi mente.

“Dios está en mi mente” esta es una afirmación contundente, no se relativiza. Yo estoy unido a Dios a través de mi mente. Mi mente y la Mente de Dios están unidas. La separación no existe. Es solo una creencia, es el resultado de un sueño, que solo mi mente falsa, mi ego se ha creído, y la considera real a través del cuerpo y sus órganos de percepción, principalmente los ojos. Y lo que nuestros ojos ven, no son más que mis pensamientos de separación proyectados al mundo.

Ayer explicábamos el mecanismo de nuestra mente. Todo lo que vemos afuera, está en nuestra mente, y lo habíamos proyectado previamente, luego lo percibimos como algo separado de nosotros. Ver y pensar es lo mismo. Lo que vemos lo habíamos pensado, así funciona la ley de causa y efecto. Si todo lo que veo está en mi mente, y yo soy una extensión de la mente de Dios, entonces Dios está en mi mente. Por lo tanto, todo lo que pienso con Dios, lo veré como un reflejo de Su Amor. La lección de hoy pone en práctica este mecanismo, en la que el amor se extiende a sí mismo, sin separarse ni fragmentarse, pues su naturaleza es la unidad.

“La idea de hoy es el trampolín a la visión. Por medio de esta idea el mundo se abrirá ante ti, y al contemplarlo verás en él lo que nunca antes habías visto. Y lo que antes veías ya no será ni remotamente visible para ti.” Si elegimos contemplar desde el amor veremos el mundo real, por lo que el mundo de ilusiones y conflictos que antes veíamos, “ya no será ni remotamente visible para ti.” esa es la promesa que hoy nos hace Jesús.

Primero genero los pensamientos de separación en mi mente, luego los proyecto afuera, y lo que veo con mis ojos, son mis pensamientos de miedo, culpa, ataque y carencia. El Curso nos dice que el mundo que ven nuestros ojos físicos, con sus cuerpos, formas y múltiples individualidades no son reales, son ilusorios. Y nos dice que eso no es la verdadera visión. Pero nosotros seguimos creyendo en lo que ven nuestros ojos, de otra manera no estaríamos en este mundo.

“Hoy vamos a intentar un nuevo tipo de “proyección”. No vamos a tratar de deshacernos de lo que no nos gusta viéndolo fuera. En lugar de ello, trataremos de ver en el mundo lo que está en nuestras mentes, y lo que deseamos reconocer se encuentra ahí. Así pues, estamos tratando de unirnos a lo que vemos, en vez de mantenerlo separado de nosotros. Ésa es la diferencia fundamental entre la visión y tu manera de ver.” La proyección es el mecanismo de la mente gobernada por el ego, para deshacerse de la culpa, viéndola afuera, adjudicándosela a los demás, al proyectarla al mundo, creemos que nos hemos liberado de la culpa. Es un ejercicio inútil, pues esta continúa en nuestra mente, pero nos engañamos pensando que está afuera, haciendo real la separación.
Jesús nos propone un nuevo tipo de “proyección” que en el Texto se define con el nombre de extensión, que es la forma en que se manifiesta el amor. La proyección separa, la extensión une. Por eso en vez de ver separación, vamos a practicar unirnos a lo que antes veíamos separado. En vez de ver las cosas con miedo u odio, nos vamos a proponer verlas con aprecio, con amor, con mentalidad abierta, de esta manera buscamos unir con amor lo que el miedo y la culpa han pretendido separar.

“La verdadera visión no está limitada por conceptos tales como “cerca” o “lejos”. Para que te vayas acostumbrando a esta idea, trata de pensar, a medida que aplicas la idea de hoy, en cosas que estén más allá de tu alcance visual, así como en aquellas que de hecho puedes ver.” La visión reside en la mente. No tiene nada que ver con los ojos, por lo tanto, no tiene límites espaciales ni temporales. “La verdadera visión no sólo no está limitada por el espacio ni la distancia, sino que no depende en absoluto de los ojos del cuerpo. La mente es su única fuente.”

La mente es la única fuente de la visión, nada más lo es. Con esta práctica puedo reconocer que mi mente está unida a la de Dios, que es mi realidad eterna, y desde ahí contemplo un mundo perdonado, un mundo sanado. Solo con la visión espiritual, la visión de Cristo, que utiliza la mente y no los ojos, y que no está limitada ni por el tiempo ni por el espacio, puedo contemplar el mundo real, un mundo de amor y perdón.

PRÁCTICA:

Practicar con la mayor frecuencia posible a lo largo del día. Repetimos la idea del día tanto con los ojos abiertos como con los ojos cerrados:

“Dios está en todo lo que veo porque Dios está en mi mente.”

Repetir con la mayor frecuencia posible puede ser cada 20 o 10 minutos, o menos, el ritmo y la intensidad lo pone tu deseo de lograr la visión.

“Cada vez que tengas un momento, repítela lentamente para tus adentros, mirando a tu alrededor y tratando de comprender que la idea es aplicable a todo lo que ves ahora o podrías ver ahora si estuviese al alcance de tu vista.”

El Curso nos está proponiendo un ejercicio, que utiliza nuestra creencia en la proyección, y lo utiliza para el propósito del Espíritu Santo. Así que vamos a mirar las cosas que vemos con amor, en vez, de verlas con los juicios de nuestro ego. Nos proponemos mirar como lo haría Dios, con amor, con apreciación, con inocencia. Es simplemente extender el Amor de Dios a través de mi mente, y “proyectarla” al mundo, re-significando lo que veíamos con miedo desde el Amor. Al mirar lentamente cada objeto, “proyecto” el Amor que todo lo unifica y todo lo bendice.

La práctica debe realizarse tanto con los ojos abiertos como con los cerrados. Pues se trata de unificar con el amor lo que el ego busca separar con culpa y miedo. La separación se realizó en la mente y es en la mente en la que uniremos lo que nunca se debió separar. El amor nos lo garantiza a través del perdón.

“Como ayuda adicional para que te vayas acostumbrando cada vez más a esta idea, dedica varias sesiones de práctica a aplicarla con los ojos cerrados, usando cualquier tema que te venga a la mente, mirando en tu interior en vez de afuera. La idea de hoy es aplicable por igual tanto a lo uno como a lo otro.”

Si hacemos bien el ejercicio de hoy, se puede convertir en “el trampolín de la visión” realicemos con certeza y alegría ese salto hacia el mundo real, que el perdón y los milagros nos ofrecen. Y experimentemos la maravillosa noticia que “Dios está en mi mente.” y por lo tanto, “Dios está en todo lo que veo.” pues en lugar de ver conflicto veré paz, en lugar de ver miedo veré amor, en vez de ver el mundo ilusorio veré el mundo real. Pues mi “mi mente alberga solo lo que pienso con Dios.” (L.141) solo la falta de perdón nos impide reconocer esta realidad eterna.

Bendiciones
💝🙏💝
Oscar Gómez Díez

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