LECCIÓN 26

LECCIÓN 26

“Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Invulnerable significa que no puede ser dañando ni destruido, ni física ni psicológicamente. Esa es la naturaleza de Dios, y del espíritu que Dios ha creado como Su Hijo. Somos invulnerables por naturaleza.

Si somos invulnerables por naturaleza, entonces nos podemos preguntar, ¿porque siento miedo? ¿Por qué creo que puedo ser dañado, atacado o destruido? ¿Porque me siento vulnerable? Esta lección nos lo explicará, y nos enseñará unos ejercicios que nos ayudarán a trascender el miedo, si somos honestos con nosotros mismos, y hacemos la práctica tal como se nos indica.

“Seguramente resulta obvio que si puedes ser atacado es que no eres invulnerable. Ves el ataque como una amenaza real. Esto se debe a que crees que realmente puedes atacar. Y lo que tendría efectos a través tuyo también tiene que tenerlos en ti. Ésta es la ley que en última instancia te salvará, pero de la que ahora estás haciendo un uso indebido. Debes, por lo tanto, aprender a usarla en beneficio de lo que más te conviene en vez de en su contra.” ¿Cuál es la ley que me salvará, pero que ahora estoy usando indebidamente? La ley de causa y efecto. Lo que pienso es lo que manifestaré. Así que debo aprender a usar la ley de causa y efecto para mi beneficio, y eso sólo lo logro a través del amor y el perdón. Si perdono mis pensamientos de ataque, entonces ya no juzgaré ni proyectare culpas ni condenas contra nadie, por lo que mi mente solo conservara los pensamientos de amor.

“Puesto que no podrás sino proyectar tus pensamientos de ataque, temerás ser atacado. Y si temes ser atacado, es que crees que no eres invulnerable. Los pensamientos de ataque, por lo tanto, hacen que seas vulnerable en tu propia mente, que es donde se encuentran. Los pensamientos de ataque y la invulnerabilidad no pueden aceptarse al unísono, pues se contradicen entre sí.” Esta lección nos está diciendo que la fuente de mis miedos está en mi mente. Si  tengo pensamientos de ataque contra alguien, mi invulnerabilidad desparece, pues he introducido el ataque a mi mente. Si pienso que puedo atacar a alguien, entonces también podré ser atacado.

Jesús nos dice que el ataque y la invulnerabilidad no pueden aceptarse al unísono. Esto quiere decir que el amor y el miedo se excluyen, el ego y el Espíritu Santo no son compatibles. Más sin embargo, creemos que tenemos una mente dividida, creemos que a nuestro interior conviven el ángel y el demonio. Entonces nos preguntamos como es posible eso? La respuesta es un concepto de la psicología que se llama la disociación, que se considera como un distanciamiento de la realidad, para Freud es un mecanismo de defensa que niega la  realidad, que nos hace ver incoherentes. Esta disociación la podríamos representar simbólicamente por la figura mitológica del dios Jano, que en la cultura romana aparece con dos cabezas unidas, cuyas caras se dan la espalda, por lo que cada cara mira en dirección opuesta a la otra. Las puertas del  templo del dios Jano se abrían cuando estaban en guerra y se cerraba en períodos de paz, la figura es una buena representación para describir nuestro ego: una guerra contra si mismo.  “La idea de hoy introduce el pensamiento de que siempre te atacas a ti mismo primero. Si los pensamientos de ataque entrañan forzosamente la creencia de que eres vulnerable, su efecto no es otro que debilitarte ante tus propios ojos. De este modo, han atacado tu percepción de ti mismo.  Y puesto que crees en ellos, ya no puedes creer en ti mismo. Una falsa imagen de ti mismo ha venido a ocupar el lugar de lo que eres.” La paz la conseguiremos cuando hayamos perdonado y nos deshagamos del  ego, de ese lado oscuro de nuestra mente.

“Practicar con la idea de hoy te ayudará a entender que la vulnerabilidad o la invulnerabilidad son el resultado de tus propios pensamientos. Nada, excepto tus propios pensamientos, puede atacarte. Nada, excepto tus propios pensamientos, puede hacerte pensar que eres vulnerable.  Y nada, excepto tus propios pensamientos, puede probarte que esto no es así.” Todo está contenido en nuestras mentes, lo que pensemos determinará lo que somos o creemos ser, lo que pensemos tendrá efectos de conflicto o de paz, de miedo o de amor, de sufrimiento o de felicidad, y ello dependerá del maestro que elijamos: el ego o el Espíritu Santo, Él miedo o el amor, la vulnerabilidad o la invulnerabilidad. De eso se trata este Curso, de conducirnos a la paz, sanando toda creencia en el ataque, la culpa y el miedo.

PRACTICA:

Seis sesiones de práctica, de dos minutos cada una.

Se da inicio repitiendo la idea de hoy:

“Mis pensamientos de ataque atacan mi invulnerabilidad.”

“luego cierra los ojos y trae de nuevo a la mente aquellas cuestiones aún sin resolver cuyos posibles desenlaces te inquietan. La inquietud puede manifestarse en forma de depresión, ansiedad, ira, una sensación de coacción, miedo, malos presentimientos o preocupación. Cualquier problema aún sin resolver que tienda a reaparecer en tus pensamientos durante el día constituye un sujeto adecuado. No podrás abarcar muchos de ellos en cada sesión de práctica porque se debe dedicar más tiempo del habitual a cada uno de ellos. La idea de hoy debe aplicarse de la siguiente manera:”

“Primero, nombra la situación:”

“Estoy preocupado acerca de _____ .”

“Luego examina todos los posibles desenlaces que se te hayan ocurrido en conexión con la situación que te hayan causado inquietud y refiriéndote a cada uno de ellos de manera muy concreta, di lo siguiente:”

“Temo que lo que pueda ocurrir es que _____ .”

“Si has estado haciendo los ejercicios correctamente, deberías haber encontrado cinco o seis posibilidades desagradables para cada una de las situaciones en cuestión, y probablemente más. Es mucho mejor examinar detenidamente unas cuantas situaciones que revisar un número mayor superficialmente. A medida que la lista de los desenlaces que prevés se haga más larga, es probable que algunos de ellos, especialmente aquellos que se te ocurran hacia el final, te resulten menos aceptables.  Procura, no obstante, en la medida de lo posible, tratarlos a todos por igual. Después de que hayas nombrado cada desenlace que temes, di para tus adentros:”

“Este pensamiento es un ataque contra mí mismo.”

“Concluye cada sesión de práctica repitiendo una vez más para tus adentros la idea de hoy.”

Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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