LECCIÓN 356

LECCIÓN 356

“La enfermedad no es sino otro nombre para el pecado. La curación no es sino otro nombre para Dios. El milagro es, por lo tanto, una invocación que se le hace a Él.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Un Curso de Milagros trabaja sobre las causas, no sobre los efectos. La causa de la enfermedad está en la mente, y es en nuestra mente donde debemos sanar. La llamada enfermedad física es sólo un efecto de lo que está sucediendo en nuestra mente. Toda enfermedad es mental. Es una decisión, un ataque contra nosotros mismos,  una proyección  de la culpa inconsciente sobre el cuerpo.

La idea de hoy puede generar confusión a un estudiante que recién se aproxima a Un Curso de Milagros. Metafísicamente hablando, para el curso la única enfermedad es la creencia en el pecado, la creencia en que no hemos separado de Dios. De esa creencia surge la culpa y el miedo, las emociones que alimentan los pensamientos del ego. Dado que el pecado implica castigo, el curso sustituye este término (pecado) por error, que implica corrección,  con ello se busca liberarnos de la culpa inconsciente y facilitar el perdón, que no es más que un proceso para deshacer toda  creencia que niegue el amor que somos, al deshacernos de lo que no sea amoroso en nosotros, lo que queda es sólo el amor que somos.
El ego invirtió la percepción de nuestra realidad inmortal. Solo en sueños podríamos separarnos de Dios, por lo que el Curso denomina demente la creencia en la separación. Todos nuestros conflictos, carencias, enfermedades, miedos tienen su origen en esta creencia originaria. De ahí que el Curso nos plantea que debemos trabajar sobre las causas no sobre los efectos. La causa está en nuestra mente, y es allí donde debemos sanar. Pues toda enfermedad es mental. Por eso la idea del día  equipara la creencia en el pecado con la creencia en la enfermedad:
“La enfermedad no es sino otro nombre para el pecado.” en ningún momento se está refiriendo a las enfermedades físicas, pues éstas son tan ilusorias como el cuerpo que cree padecerlas. Si la principal enfermedad es nuestra creencia en el pecado de la separación de Dios, la curación no es más que el retorno de Dios a nuestras mentes a través del perdón. La curación es el proceso de deshacer el ego y de volver al Amor de la mano del Espíritu Santo, que  al sanar nuestra mente, nos despierta del sueño de separación, regresando a casa, en un viaje que nunca realizamos, pues tan sólo fue un sueño. De ahí que el milagro no es más que la invocación del nombre de Dios en toda mente que creía haberse separado de Su Padre.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, prometiste que jamás dejarías de contestar cualquier petición que Tu Hijo pudiese hacerte. No importa dónde esté, cuál parezca ser su problema o en qué crea haberse convertido. Él es Tu Hijo, y Tú le contestarás. El milagro es un reflejo de Tu Amor, y, por lo tanto, es la contestación que él recibe. Tu Nombre reemplaza a todo pensamiento de pecado, y aquel que es inocente jamás puede sufrir dolor alguno. Tu Nombre es la respuesta que le das a Tu Hijo porque al invocar Tu Nombre él invoca el suyo propio.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “14. ¿Qué soy?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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