LECCIÓN 342

LECCIÓN 342

“Dejo que el perdón descanse sobre todas las cosas, pues de ese modo es como se me concederá a mí.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Si observamos las lecciones desde la 221 en adelante, en la que iniciamos la segunda parte del libro de ejercicios, nos damos cuenta que las lecciones no sólo son más cortas, sino que la centralidad la va ocupando las oraciones. Desde la lección de ayer y las siguientes 10 lecciones, la oración ocupa el mayor espacio y el comentario es mínimo y la idea central crece en renglones. De la lección 351 a la 360 sólo queda la oración, y no va acompañada de ningún comentario. La oración es la única protagonista. Nos podríamos preguntar cual es la razón de ello?
Todo el libro de ejercicios es un libro sobre el perdón, y sus últimas lecciones terminan en la oración. Cuál es el propósito?
La respuesta más concluyente la encontramos en el anexo de “El Canto de la oración”. Allí nos dicen: “primero perdonas, luego oras y de ese modo te curas” (S-3.IV.4:1). Pero si esta es la parte práctica, hay un sentido metafísico más profundo. Del perdón, la oración y la curación, la única real es la oración. En el  estado del Cielo la comunicación entre el Padre y el Hijo se hace a través de la oración, en un canto mutuo y eterno de amor y gratitud. Nuestro proceso de ascenso al Cielo, se simboliza como una escalera en la que ascendemos desde la falsa oración a la verdadera, con el apoyo del perdón y la curación, pero el umbral del Cielo lo atravesamos solo con la oración, el perdón y la curación se quedan atrás, junto  con el mundo que ayudaron a deshacer, en el Cielo no hay nada que perdonar o curar.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Te doy gracias, Padre, por el plan que ideaste para salvarme del infierno que yo mismo fabriqué. No es real. Y Tú me has proporcionado los medios para comprobar su irrealidad. Tengo la llave en mis manos, y he llegado hasta las puertas tras las cuales se halla el fin de los sueños. Me encuentro ante las puertas del Cielo, sin saber si debo entrar y estar en casa. No dejes que hoy siga indeciso. Quiero perdonar todas las cosas y dejar que la creación sea tal como Tú quieres que sea y como es. Quiero recordar que soy Tu Hijo, y que cuando por fin abra las puertas, me olvide de las ilusiones ante la deslumbrante luz de la verdad, conforme Tu recuerdo retorna a mí.”

El perdón es la llave de la felicidad, me lleva de la separación a la unidad, del conflicto a la paz, del miedo al amor, del sufrimiento a la felicidad, del infierno al Cielo. Las llaves están siempre en nuestras manos, la decisión es nuestra, elegimos perdonar y cruzamos la puerta que nos conduce a Dios, o permanecemos en este infierno de mundo. Tenemos que elegir entre dos mundos, y no lo podemos hacer solos, pues somos parte de la totalidad, de ahí que digamos: “Hermano, perdóname ahora. Vengo a llevarte a casa conmigo. Y según avanzamos, el mundo se une a nosotros en nuestro camino a Dios.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “13. ¿Qué es un milagro?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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