LECCIÓN 341

LECCIÓN 341

“Tan sólo puedo atacar mi propia impecabilidad, que es lo único que me mantiene a salvo.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Tan sólo puedo atacarme a mi mismo. Lo único que me puede hacer daño son mis propios pensamientos. Lo único que me mantiene a salvo es ser tal como Dios me creó, inocente, impecable, inofensivo, sin juzgar ni condenar a nada ni a nadie. Pero en este mundo hacemos lo contrario, de ahí el conflicto y el sufrimiento. La solución es recuperar nuestra impecabilidad a través del perdón.

ORACIÓN DEL DIA:

“Padre, Tu Hijo es santo. Yo soy aquel a quien sonríes con un amor y con una ternura tan entrañable, profunda y serena que el universo te devuelve la sonrisa y comparte Tu Santidad. Cuán puros y santos somos y cuán a salvo nos encontramos nosotros que moramos en Tu Sonrisa, y en quienes has volcado todo Tu Amor; nosotros que vivimos unidos a Ti, en completa hermandad y Paternidad, y en inocencia tan perfecta que el Señor de la Inocencia nos concibe como Su Hijo: un universo de Pensamiento que le brinda Su plenitud.”

Esta oración introduce un tema nuevo respecto a las anteriores lecciones: la sonrisa y la ternura de Dios. Nada que ver con esas ideas preconcebidas de un Dios iracundo y vengativo que nos juzga, nos condena, y nos castiga. El Amor no puede sino sonreírle a Sus Creaciones con ternura, y estas le  devuelven con amor y gratitud la sonrisa, pues nuestra relación con Dios  no es más que un eterno canto de amor  y gratitud.

Con la certeza de haber reconocido nuestra verdadera identidad en Dios, “No ataquemos, pues, nuestra impecabilidad, ya que en ella se encuentra la Palabra que Dios nos ha dado. Y en su benévolo reflejo nos salvamos.” La Palabra de Dios siempre nos va a recordar nuestra inocencia, pues el Amor sólo sabe darse a Sí Mismo, esa es su naturaleza, y eso nunca ha cambiado ni cambiara jamás.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “13. ¿Qué es un milagro?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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