¿QUÉ  ES EL EGO?

12.  ¿QUÉ  ES  EL  EGO?

Comentado por:
Oscar Gómez Díez

“¿Que es el ego? El ego no es más que un sueño de lo que en realidad eres, un pensamiento de que estás separado de tu Creador y un deseo de ser lo que Él no creó. El ego es un producto de la locura no de la realidad.” (C-2.4-7)

La palabra ego proviene  del latín, y significa ‘yo’. De la palabra ego se desprenden otras, como egoísmo, egocentrismo, egolatría, etc.
En psicología el ego es la formación de la personalidad a partir de la interacción de los instintos y necesidades con el contexto social y cultural, moldeando el carácter  del individuo.

El ego  es un elemento central en Un Curso de Milagros, atraviesa todo el libro, por lo que abordarlo en un artículo puede parecer insuficiente, este escrito debe considerarse como una introducción que nos estimule a un estudio más detallado.
Un Curso de Milagros, construye sus fundamentos psicológicos a partir de describir al ego y sus diversas manifestaciones, como la negación del Amor, que nos induce a separarnos de nuestra   Fuente creadora. Veremos como el concepto de ego  evoluciona, cuando es interpretado como resultado de  una  combinación entre psicología y espiritualidad.

EL EGO. EN LA BIBLIA:

El concepto del ego no existe en la Biblia. Podríamos asimilarlo como ese yo individual que lo lleva a desobedecer o  desafiar a Dios, conductas a las cuales llaman  pecados. La iglesia los ha clasificado como pecado original, pecados capitales, pecados mortales  y pecados veniales. Existiendo un agente externo que nos induce a la  tentación, al pecado, al que se le han dado distintos nombres, la serpiente, en el jardín del Edén, Lucifer, satanás, el demonio, el diablo, etc. Como resultado de esa interacción existen dos espacios: el infierno para los que han sido condenados y castigados, y el Cielo para quienes se hayan arrepentido y han sido perdonados.

EL ENEAGRAMA: LOS 9 TIPOS DE  EGO:

Los antiguos maestros sufíes, quisieron diseñar un método que nos ayudara a trascender las emociones que obstaculizan nuestro desarrollo espiritual. Para ello retomaron los siete pecados capitales: La soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula, la envidia y la pereza, y le agregaron dos emociones más: el miedo y la vanidad. De esta manera surgió el Eneagrama, los 9 tipos de ego o personalidad que niegan a nuestro Ser, por lo que el Eneagrama tiene un propósito espiritual y no sólo psicológico.
Una vez identificado el tipo de ego dominante el individuo buscará contraponer  a cada uno de los 9  tipos de egos, una emoción positiva  con la que se busca invertir  la pasión dominante negativa en una virtud positiva, por ejemplo :
La ira en paciencia, tolerancia o amabilidad.
El orgullo en humildad.
El miedo en confianza.
La avaricia en generosidad, etc.
El Eneagrama tiene de común con Un Curso de Milagros, en que  parten de los arquetipos de la cultura judeo cristiana. Los pecados capitales en el caso del Eneagrama, el pecado original, la creencia en la separación, en el caso del Curso.
Pero el Curso va mucho más allá, hasta el origen de la consciencia. El Curso no desarrolla una tipología de egos, pues considera que la culpa es la emoción de la que se derivan todas las demás, como el miedo, la ira, la arrogancia, la carencia o el ataque, etc. El Eneagrama llega a desarrollar una descripción muy detallada de cada tipo de personalidad pero no cuenta con un método específico para sanar, y en algunas escuelas esta función la dejan en  otras disciplinas como la terapia Gestalt o constelaciones familiares, que si bien tienen sus virtudes, como la identificar y confrontar al ego, no logran desarrollar un método para deshacer creencias falsas, como propone el Curso a través del perdón.

LA CONFESION:

La iglesia católica osciló entre quemar a los pecadores en la hoguera de la “Santa Inquisición” y el perdón de los pecados. En España la inquisición duró 6 siglos y en sus colonias en América  por lo menos unos 3 siglos. Se llegaron a elaborar manuales de torturas para obtener “la confesión” de los condenados. Después de miles de muertos la iglesia se inclinó por la confesión, ya no obtenida a través de la tortura  sino como una iniciativa individual del creyente.
Al erigirse la iglesia  en una intermediaria entre Dios y los hombres, crea  un escenario en la que los pecados pueden ser perdonados a cambio de una penitencia, y el sacerdote nos absuelve en nombre de Dios. Confesamos nuestros conflictos internos, aquellas cosas que nos agobian, nos descargamos de ellos, y el sacerdote nos da una bendición. Con la confesión  buscamos  resolver los efectos sin abordar la causa. Durante siglos la confesión fue la mayor terapia psicológica de todos los tiempos, además de un eficaz sistema de información y control social.

EL PSICOANÁLISIS:

La psicología surge a finales del siglo XIX, cuando Wilhelm Wundt  la convirtió en una disciplina separada de la filosofía. La psicología moderna se consolida a principios del siglo XX de la mano de Sigmund Freud,  más específicamente con su método de psicoanálisis.
La confesión es retomada ya no para absolver pecados, sino para indagar las causas del conflicto al interior de la mente. En vez de calificar los pecados e imponer penitencias, el  psicólogo, analiza el conflicto interior a partir de la narración del paciente, y busca darle una solución, basada en descubrir su origen, principalmente, en los primeros años de vida del individuo. Para ello Freud introduce el concepto de ego, que define la personalidad de un individuo a partir de un conflicto entre sus deseos e instintos (ello), y las normas sociales y culturales representadas de forma directa por los padres del individuo, (superyó). Como resultado de este conflicto se forma el carácter o personalidad, cuyas manifestaciones más insanas las llamaría ego.  Para el Curso el ego  es un sistema de pensamiento completo, que  equivaldría a la totalidad de la psiquis freudiana, esto es, consciente, inconsciente y ego, como lo veremos más adelante. El ego es ese pequeño “ser” con minúscula que se contrapone a nuestro verdadero “Ser” con mayúscula.
La mayoría de las escuelas psicológicas desarrollan métodos para identificar las manifestaciones del ego, y consideran que a la sanación se llega en un proceso de darse cuenta del origen del conflicto, sin dar el paso del perdón, el único que nos conduce a deshacer las creencias que nos atormentan. El perdón que nos propone Jesús, busca  resolver las causas de nuestras falsas creencias, por lo que se constituye  en una verdadera sanación.

EL EGO EN UN CURSO DE MILAGROS:

El Curso incluye términos de la psicología del siglo XX tales como proyección, percepción, consciencia, negación, culpa, ego, mecanismos de defensa, etc.
Un Curso de Milagros retoma el concepto psicológico de ego, dándole una interpretación de mayor alcance. El origen del conflicto trasciende la primera infancia del individuo, tiene que ver con la creencia en la separación, que da lugar a los arquetipos de la cultura,  y de cómo manejamos  la culpa y el miedo como resultado de la creencia en el pecado original. Para lo cual el pecado es reinterpretado como un error, ya que el pecado implica castigo, y el error corrección. El Curso parte de identificar el error (ego), para ser corregido, a través de la auto observación consciente, y la decisión de abandonarlo, entregándoselo al Espíritu Santo para para que lo deshaga por nosotros, a esto lo llamamos perdón.
El conflicto sucede en nuestra mente, no hay agentes externos que lo inciten, toda la responsabilidad reside en cómo procesamos  nuestros pensamientos.  Tanto la enfermedad como la curación recaen única y exclusivamente en la mente de cada individuo. Por lo tanto, la sanación ya no es  la relación clásica entre el sacerdote y el pecador en el confesionario, o entre el psicólogo y el paciente en el diván. El Curso propone una tercera vía, la sanación, a través de la auto observación e identificación del origen del conflicto en la mente, y la voluntad de abandonar los pensamientos conflictivos, y su entrega al Espíritu Santo para que los deshaga por nosotros. A ese proceso de deshacer falsas  creencias, lo llamamos perdón. El  pecado, la culpa, el miedo, la enfermedad o el conflicto, no es exclusivo de algunos desquiciados que andan por el mundo, sino que es la condición de todos los que creemos habitar un cuerpo y nos identificamos con él (ego), pues con  ello negamos la mente/espíritu que es nuestra  verdadera causa, y al Amor que es la Fuente de nuestra vida.
Todas estas emociones que nos quitan la paz, y que antes llamábamos pecado, ahora son interpretadas como un error, como una ausencia de amor debido a la separación, y la solución es volver al Amor y a la unidad a través del perdón.

DEL TERAPEUTA DEL MUNDO AL TERAPEUTA DEL AMOR:

El sacerdote y el  psicólogo, como agentes terapéuticos externos, son sustituidos por un agente interno: el Espíritu Santo que es el recuerdo de Dios o del Amor en nuestra mente. Nuestra mente dividida, contiene al ego, que es  aquella parte de nuestra mente falsa, o errada que se cree separada de Dios y que pretende sustituirlo con sus mecanismos de defensa. La proyección no es más que un intento de deshacernos de la culpa y el miedo, sobre una pantalla mental que llamamos mundo, la cual se vuelve el escenario de nuestros conflictos, y en el que se desenvuelve el ego. Lo que creemos ver en el mundo no es más que una interpretación de lo que sucede al interior de nuestra mente, a eso lo llamamos percepción. El único que nos puede salvar de la trampa de los juicios y de la falsa percepción, es el terapeuta de Dios: el Espíritu Santo, Quien goza de la visión de la totalidad, y no está limitado como nosotros, por nuestros órganos de percepción.

ALMA VS MENTE:

Para completar el componente de psicología espiritual de Un Curso de Milagros, Jesús requería adicionar a los temas anteriores, una sustitución de términos, la de alma por mente, de ahí que esta sea una de las razones por las cuales el Curso no utiliza el término alma, que es un concepto más difuso y polémico. La mente se puede analizar y sanar, como un paso previo a la salvación, pues el perdón remueve los obstáculos para que reconozcamos y aceptemos el amor que somos. El concepto de alma era más difícil de aprehender, y por lo tanto, de abordar su sanación. Actualmente es más comprensible hacerle terapia a nuestra mente que a nuestra alma. Esta sustitución implicó redefinir la mente no sólo como  el conjunto de actividades y procesos, tanto conscientes como inconscientes, de carácter psíquico, tales como la percepción, el razonamiento, el aprendizaje, la creatividad, la imaginación o la memoria, sino también como “el principio activo del espíritu, el cual le suministra este su energía creativa” (C-1.1:1) y de esta manera salvar el vacío de excluir el concepto de alma. Por lo tanto, el Curso “describe a la mente como si consistiera de dos partes: el espíritu y el ego.” (C-1.2:4)
La mente da lugar a sistemas de pensamientos que son coherentes, dependiendo del guía interno que elijamos, ya sea el ego o el Espíritu Santo, el miedo o el Amor. Finalmente en la mente reside nuestra voluntad de decidir, de elegir el amor que somos, o el miedo que no somos.  En esta decisión radica todo el cambio que nos propone Jesús: elegir el amor que nos une a Dios en Su paz y Su dicha, o, elegir el infierno de culpa y miedo que nos ofrece el ego. Lo único que debemos hacer en este mundo es elegir entre la locura o la cordura, entre el miedo y el amor. El perdón es el mecanismo que nos ayuda a concretar nuestra elección a favor del amor, y a liberarnos del ego.
Contrario a algunos estudiosos de la biología y la neurología, el Curso considera que en la mente no reside en el cerebro, por el contrario, lo trasciende.

El Curso de Milagros es una reinterpretación de la antigua tradición judeo cristiana, desde un abordaje  psicológico espiritual  llevado a un nivel superior, que trasciende el ego a través del mecanismo sanador del perdón.  No es gratuito que el Curso de Milagros haya sido transmitido a dos destacados psicólogos de la Universidad de Columbia en Nueva York: Helen Schucman y William Thedford.

LA CONSCIENCIA ESCENARIO DEL CONFLICTO:

La consciencia se considera  el receptáculo donde confluye la mente superior y la mente inferior. En este contexto, la consciencia es el  escenario de nuestro conflicto interno entre una mente errada y una mente correcta, entre el ego y el Espíritu Santo, entre el miedo y el amor. Sanamos en la medida que desalojamos al ego de nuestra consciencia, a través del perdón, y en esa medida el  amor va ocupando la totalidad de nuestra consciencia. Lograr esto nos lleva a las puertas del Cielo, al reencuentro con nuestro Padre. El fin del ego es también el fin de la consciencia de separación y el retorno a la unidad.

12. ¿QUÉ  ES  EL  EGO?

Este doceavo tema  especial  nos va explicar de manera más sucinta que entiende el Curso por ego. Su definición va más allá de la consideración de la psicología tradicional de considerarlo como la simple máscara que nos ponemos para interactuar socialmente, o como el mecanismo de supervivencia que elaboramos cuando nos separamos  del vientre de nuestra madre, separación que según algunas escuelas,  da lugar al surgimiento del yo individual o ego.

EGO = IDOLATRÍA:

“El ego no es otra cosa que idolatría; el símbolo de un yo limitado y separado, nacido en un cuerpo, condenado a sufrir y a que su vida acabe en la muerte.” (L-PII.12.1:2) El Curso equipara al ego con idolatría, no tanto por adorar imágenes de falsos dioses, sino por la auto imagen que el ego tiene de si mismo, al identificarse con un cuerpo limitado condenado a morir, y no con la mente/espíritu, que es nuestra verdadera identidad.

El ego es idolatría en tanto que sólo se ama a sí mismo como cuerpo, que se considera exclusivo o excluyente, que condena, utiliza o ataca a otros cuerpos. Es un yo que se cree limitado a un cuerpo, que cree que vino a sufrir y morir, y culpa a Dios y a sus hermanos de sus desgracias.

EGO =  VOLUNTAD FALSA:

El ego “Es la “voluntad” que ve a la Voluntad de Dios como su enemigo, y que adopta una forma en que Ésta es negada.” (L-PII.12.1:2) el ego se nos presenta como la  “voluntad” de un yo limitado que se contrapone o niega la Voluntad de Dios, la Voluntad del Amor, y pretende fabricar un mundo opuesto al de Dios.
El ego es la negación de Dios y toda Su Creación, que fabrica un mundo totalmente opuesto y lo presenta como la creación de Dios, al que señala como verdadero. De  tal manera Dios siendo inmortal crea un cuerpo mortal. Dios siendo eterno crea el tiempo, y por lo tanto, lo que se degrada, enferma o parece morir. Dios que es amor crea el miedo, Dios siendo paz crea el conflicto, y siendo felicidad crea el sufrimiento.

El ego no es una entidad aparte que nos incita a la tentación y el pecado como la serpiente, Lucifer o satanás. El ego es un pensamiento falso en nuestra mente y que pareciera tener vida propia.

EGO = MIEDO AL AMOR:

“El ego es la “prueba” de que la fuerza es débil y el amor temible, la vida en realidad es la muerte y sólo lo que se opone a Dios es verdad.” (L-PII.12.1:3) El ego se equipara con el miedo. El miedo primario del ego es el miedo a un supuesto castigo de Dios. Siempre que sentimos miedo es porque estamos bajo la influencia del ego y estamos negando al amor. El ego parece desenvolverse en el tiempo, en el que las cosas parecen nacer, degradar, enfermar y morir. La vida se piensa en  términos de supervivencia pues nos sentimos vulnerables.

EGO = DEMENCIA:

“El ego es demente. Lleno de miedo, cree alzarse más allá de lo Omnipresente, aparte de la Totalidad y separado de lo Infinito.” (L-PII.12.2:1-2) La omnipresencia es un atributo de Dios, que es la capacidad de estar presente en todos los lugares a la vez. El ego cree que el mundo que ha fabricado puede escapar de la visión  todo abarcante de Dios. Solo los dementes creen haber escapado de la Realidad.

El Curso considera al ego un pensamiento demente, que niega la realidad inmutable de la creación, y pretende llevarnos a vivir en un mundo ilusorio donde el sacrificio, el conflicto y el sufrimiento se nos presenta como la condición para nuestra redención.

El miedo lleva al ego a  inventar  un mundo que le sirva de refugio frente al amor al cual teme, y que se desenvuelve en el tiempo al margen de la eternidad,  separado de la Totalidad que es el estado del Cielo, cuya condición es infinita, así como los atributos de Dios como la paz, la dicha, la plenitud.

“En su demencia cree también haber vencido a Dios Mismo. Y desde su terrible autonomía “ve” que la Voluntad de Dios ha sido destruida.” (L-PII.12.2:3-4) Al creer que ha logrado separar al Hijo de Dios de Su Padre, el ego se va a considerar la causa del mundo, al que considera real, por lo que cree que ha vencido a Dios, pues pretende  hacernos creer que este mundo del olvido y del desamor es lo único que existe.

EL MIEDO AL CASTIGO Y AL ATAQUE:

El ego “Sueña con el castigo y tiembla ante las figuras de sus sueños: sus enemigos, que andan tras él queriendo asesinarlo antes de que él pueda proteger su seguridad atacándolos primero.” (L-PII.12.2:5) La creencia del ego de que la separación es real, da lugar a la culpa, por lo que teme un supuesto castigo de Dios. Proyectando la culpa en sus hermanos, en un intento inútil de liberarse de ella, al acusarlos y atacarlos, el ego nos lleva a percibir enemigos y ataques por doquier, entrando en una espiral de miedos y ataques, que lo impulsa a atacar primero antes que sus enemigos lo hagan, con lo que hace más real su locura.

LA VERDAD QUE DESHACE AL EGO:

La Verdad se erige inalterable para recordarnos quienes somos y para cuestionar nuestras falsas creencias:
“El Hijo de Dios no tiene ego. ¿Qué puede saber él de la locura o de la muerte de Dios, cuando mora en Él? ¿Qué puede saber de penas o de sufrimientos, cuando vive en una dicha eterna? ¿Qué puede saber del miedo o del castigo, del pecado o de la culpabilidad, del odio o del ataque, cuando lo único que le rodea es paz eterna, por siempre imperturbable y libre de todo conflicto, en la tranquilidad y silencio más profundos?” (L-PII.12.3:1-4) El Curso nos enseña varias formas de deshacer el ego, la más importante es el perdón, pero también la argumentación sobre su inexistencia,  negarnos a omitir juicios, o cuestionar su realidad, como lo hace el anterior párrafo.

El Espíritu Santo nos va enseñar nuestra realidad inmortal, para ello nos enseña a ver con la visión de Cristo, con la visión del amor, en contraposición de los ojos del cuerpo que sólo ven pecado, juicios y condenas.  “Conocer la realidad significa no ver al ego ni a sus pensamientos, sus obras o actos, sus leyes o creencias, sus sueños o esperanzas, así como tampoco los planes que tiene para su propia salvación y el precio que hay que pagar por creer en él.” (L-PII.12.4:1) Conocer nuestra verdad eterna sólo es posible con la visión de Cristo, la visión del amor, que ve más allá de las formas y los cuerpos, y que nos muestra nuestro verdadero Ser en todos y cada uno de nuestros hermanos, y a esa Realidad llegamos a través del perdón, lo que nos permite ver más allá del error, el amor que somos.

EL EGO Y LOS SACRIFICIOS:

Desde tiempos remotos el ego atemorizado por la creencia en el castigo de Dios cuando experimentaba desastres naturales, enfermedades, guerras o hambrunas, buscaba calmar la supuesta ira de Dios con sacrificios y ofrendas, inicialmente de humanos, después de animales, y ahora de cualquier sacrificio o penitencia que debamos pagar para obtener la salvación. La locura se alimenta a sí misma. “Desde el punto de vista del sufrimiento, el precio que hay que pagar por tener fe en él es tan inmenso que la ofrenda que se hace a diario en su tenebroso santuario es la crucifixión del Hijo de Dios. Y la sangre no puede sino correr ante el altar donde sus enfermizos seguidores se preparan para morir.” (L-PII.12.4:2) Nuestro mayor sacrificio es la muerte, así como nuestro mayor miedo.

EL PERDÓN EL MECANISMO. QUE DESHACE AL EGO:

Jesús nos va a enseñar que la salvación no exige sacrificio alguno, pues sería la negación del amor mismo al que pretendemos volver. Lo único que debemos hacer es  examinar nuestras culpas y miedos, reconocer que no son reales y elegir abandonar estas ideas dementes, al hacerlo el amor ocupará el espacio que el miedo ha abandonado. Ese es el  perdón que Jesús ha venido a enseñarnos:
“Una sola azucena de perdón, no obstante, puede transformar la oscuridad en luz y el altar a las ilusiones en el templo a la Vida Misma. Y la paz se les restituirá para siempre a las santas mentes que Dios creó como Su Hijo, Su morada, Su dicha y Su amor, completamente Suyas, y completamente unidas a Él.” (L-PII.12.5:1-2) Sólo el perdón tiene el poder de deshacer este mundo ilusorio, y de llevarnos de regreso a casa al corazón de Dios, atrás quedará el ego y todas sus ilusiones, pues la verdad ha regresado a nuestros corazones para permanecer por siempre, en paz y dichosa de volver a Su Fuente.

Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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