EL VIAJE DE LA VIDA

EL VIAJE DE LA VIDA

En este mundo consideramos la vida como un viaje, que inicia con nuestro nacimiento desde el vientre de nuestra madre, y hacemos un recorrido de pocos o muchos años hasta nuestra tumba.
Durante este viaje avanzamos a gatas, aprendemos a caminar, montamos en bicicleta, en auto, en barco o en avión. Nos tropezamos, nos caemos, nos accidentamos, tenemos éxito o fracasamos, nos enamoramos y nos entristecemos, nos sentimos solos, o padecemos compañías que nos llevan a desear la soledad, cantamos y nos acongojamos, reímos y lloramos, en un juego permanente de opuestos.
Durante ese viaje dejamos de ser niños, y pasamos a ser adolescentes, jóvenes, adultos, viejos, nos enfermamos y nos aproximamos al final del viaje, a la tumba en la que parece concluir la historia.
Durante los altibajos del viaje oscilamos entre el dolor y el placer. Al placer lo llamamos felicidad, éxito, triunfo, y decimos que hemos sido bendecidos. Al dolor lo llamamos fracaso, enfermedad, derrota, castigo de Dios. Y es cuando añoramos el paraíso perdido, anhelamos un remanso de paz y felicidad.
En ciertas condiciones el dolor se puede convertir en un vehículo de consciencia, cuando decidimos mirar dentro de nosotros, y preguntarnos porque sufrimos y si este viaje tiene otro camino, otros vehículos, otros conductores que nos ayuden a hacer de la travesía algo menos doloroso, si puede haber otro final del viaje distinto del sufrimiento y de la muerte.
Nos preguntamos si podemos marchar al Cielo sin sacrificio y sin dolor y sin la carga de las culpas que nos agobian y nos marchitan. Y claro que hay otro camino, uno que nos ayuda a ver las cosas de otra manera, el que nos recuerda el amor que somos, el que nos enseña a perdonar todo aquello que no sea amor, el que nos recuerda que no somos un cuerpo, que cree morir, que por el contrario, somos una mente inmortal, que se creía aprisionada en un cuerpo, y que nuestra libertad reside en el amor y el perdón. Es cuando descubrimos un guía interior, que lo llamamos Espíritu Santo, Jesús, Maestro interior, etc. el nombre no importa, lo que importa es el camino de luz y amor que nos señala.
Cuando descubrimos este nuevo camino, podemos marchar a las puertas del Cielo, con alegría y con amor, ya sea a caballo por hermosos paisajes, a pie, al sentir nuestras pisadas en el camino que dejamos atrás, o simplemente volando con nuestra mente, teniendo solo la luz del amor como nuestra guía. La dicha y la paz serán nuestras eternas compañeras durante el trayecto y al final de la jornada, pues una vez hayamos acogido el amor que somos nunca se desprenderán de nosotros, pues la muerte ya no será el final del viaje, el cuerpo ya no será un límite, pues nuestro único horizonte será el amor, y el camino será una luz que no es de este mundo, y marchamos con alegría hacia un destino largamente deseado, y que por siempre nos ha esperado, un destino que termina donde el tiempo se acaba y donde inicia la eternidad.

Bendiciones
💝🙏💝
Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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