LECCIÓN 322

LECCIÓN 322

“Tan sólo puedo renunciar a lo que nunca fue real.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Esta lección nos vuelve a hablar sobre las renuncias, los sacrificios, y la verdad, lo que es real.
El sistema de pensamiento del Curso, establece unos criterios sencillos pero radicales para determinar lo que es verdad y lo que no lo es. La verdad es Dios y sus atributos como el Amor, la paz, la felicidad, la plenitud. Pero en este mundo tenemos unas caricaturas de estos atributos con sus respectivos opuestos, como el miedo, el conflicto o el sufrimiento, entonces surgiría la pregunta, ¿como diferencio lo que es verdad de lo que no lo es.? La respuesta es que tiene que ser eterno, inmutable, inmortal, que no esté sujeto a cambios. Todo lo que no sea eterno o inmutable, todo lo que cambia, se degrada o parece morir, no es verdad, no es real. Por lo tanto, todo lo que no sea amoroso e inmutable, no es real, es ilusorio. De ahí que lo primero que nos dice la lección es que, “Lo único que sacrifico son las ilusiones, nada más.” Aquí sacrificio es sinónimo de renuncia. A lo único que puedo renunciar es a mis propias ilusiones, al mundo falso que he inventado, pues a la verdad como al Amor no puedo renunciar pues es mi naturaleza, es la Voluntad de Dios que no puedo modificar.

Las ilusiones, mi falsa percepción del mundo, mis juicios, son como una enorme cortina oscura que me ocultan la verdad y el Amor que soy. “Y a medida que éstas desaparecen, descubro los regalos que trataban de ocultar, los cuales me aguardan en jubilosa espera, listos para entregarme los ancestrales mensajes que me traen de Dios.” Esos ancestrales mensajes que Dios me envía se realizan a través del Espíritu Santo, la Voz que habla por Dios. “En cada regalo Suyo que acepto yace Su recuerdo.” El recuerdo del Amor de Dios se nos manifiesta cada vez que perdonamos, cada vez que renunciamos a una ilusión, a una percepción falsa. El perdón es el regalo que Dios nos envía a través de Su Voz, y nos recuerda que,  “cada sueño sirve únicamente para ocultar el Ser que es el único Hijo de Dios, el Ser que fue creado a Su Semejanza, el Santo Ser que aún mora en Él para siempre, tal como Él aún mora en mí.” El Espíritu Santo es el recuerdo del Amor de Dios en nuestras mentes, la única parte real en nosotros, nuestra mente recta, nuestra mente amorosa.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, para Ti cualquier sacrificio sigue siendo algo por siempre inconcebible. Por lo tanto, sólo en sueños puedo hacer sacrificios. Tal como Tú me creaste, no puedo renunciar a nada que Tú me hayas dado. Lo que Tú no has dado es irreal. ¿Qué pérdida podría esperar sino la pérdida del miedo y el regreso del amor a mi mente?”

Tras la creencia en la separación arrastramos un miedo atávico, el miedo al castigo de Dios. Y  desde antaño consideramos cada desastre natural, enfermedad o pérdida económica como un castigo de Dios, y buscamos apaciguar la ira de Dios, ofreciéndole  sacrificios.  Primeros fueron los sacrificios humanos y después de animales. El episodio de Abraham en su intento fallido de sacrificar a su hijo Isaac, muestra esa transición. En este mundo consideramos que para obtener algo debemos sacrificamos, debemos renunciar a algo a  cambio. El Amor no sabe de sacrificios ni pide sacrificios, esta es otra distorsión de nuestra mente falsa, de nuestro ego. Por eso la oración nos dice que el sacrificio es “inconcebible”, no podemos renunciar a la verdad, a lo real, al Amor, pues esa es la Voluntad de Dios, tan solo puedo renunciar a lo que no es real, a lo que no sea amoroso, por eso, “Tan sólo puedo renunciar a lo que nunca fue real.” puedo renunciar al miedo, a la culpa, al juicio, al ataque, a los conflictos, a las carencias o a las enfermedades. Puedo y debo renunciar al sistema de creencias del ego, a todo lo que me impide volver a Dios y contemplar el Amor que Soy.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “11. ¿Qué es la Creación?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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