LECCIÓN 321

LECCIÓN 321

“Padre, mi libertad reside únicamente en Ti.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

En este mundo la libertad parece depender del contexto externo, de los pactos que se establecen en las sociedades y los estados, llamados Constitución y garantizadas por las leyes. Y en sentido individual se considera la libertad como mi capacidad de elegir entre diversas opciones, o mi capacidad de hacer defender o hacer respetar mis derechos. Negativamente la libertad se entiende por no estar condenado a prisión, o no estar sometido o constreñido por algún factor externo a mi. En términos específicos consideramos que la libertad individual reside en mi, y la colectiva reside en el Estado y la  sociedad.

La lección nos plantea otra mirada sobre la libertad, esta ya no reside en mi si no en Dios. Esta es una visión no sólo distinta sino radicalmente diferente. No hay ningún factor externo que condicione mi libertad. Y tampoco depende de los deseos o caprichos del ego. Pues en este mundo tanto el ego como el cuerpo parecen imponer limitaciones a mi mente. Esas limitaciones las trasciendo con el perdón, y uniendo mi voluntad a la de Dios. De esa manera 80 mi mente se libera de las ataduras y limitaciones del cuerpo y del ego, y se reconoce tan ilimitada como la Mente de nuestro Padre, pues fuimos creados a Su semejanza.

ORACIÓN DEL DÍA:

Padre, “No entendía lo que me podía hacer libre, ni lo que era mi libertad o adónde ir a buscarla. Y así, Padre, busqué en vano hasta que oí Tu Voz dirigiéndome. Ahora ya no deseo seguir siendo mi propio guía. Pues la manera de encontrar mi libertad no es algo que yo haya ideado o que comprenda. Pero confió en Ti. Y me mantendré consciente de Ti que me dotaste con mi libertad por ser Tu santo Hijo. Tu Voz me dirige, y veo que el camino que conduce hasta Ti por fin está libre y despejado. Padre, mi libertad reside únicamente en Ti. Padre, mi voluntad es regresar.”

Mi voluntad es regresar a mi Hogar eterno, mi voluntad es recuperar mi libertad que estaba aprisionada por el ego, y sólo es posible lograrla, si elijo solo escuchar la Voz que habla por Dios, al Espíritu Santo, quien me ayudara a despejar el camino de regreso a casa.

“Hoy respondemos por el mundo, el cual será liberado junto con nosotros.” Al perdonar todo aquello que parecía limitarme o constreñirme, al liberarme de mi identificación con el cuerpo y sus limitaciones, libero al mundo de todas las culpas que había proyectado sobre él, pues el origen de mi esclavitud estaba en mi mente no en el mundo, al sanar la mente he sanado al mundo. “¡Qué alegría encontrar nuestra libertad por el inequívoco camino que nuestro Padre ha señalado!” Cuando aceptamos la guía del Espíritu Santo, hemos encontrado nuestro camino a la libertad, y marchamos alegres y seguros a reencontrarnos con nuestro Padre, ya sabemos quienes somos, asumimos con certeza nuestra condición de perfectos hijos de Dios.” ¡Y cuán segura es la salvación de todo el mundo cuando nos damos cuenta de que sólo en Dios podemos encontrar nuestra libertad!” Pues el Amor no tiene límites, y la paz y la felicidad se desenvuelven en la plenitud de una Creación que no conoce fronteras, obstáculos u horizontes, pues la libertad es la naturaleza del Amor.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “11. ¿Qué es la Creación?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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