LECCIÓN 320

LECCIÓN 320

“Mi Padre me da todo poder.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Un Curso de Milagros está escrito en lenguaje cristiano y retoma algunos pasajes Bíblicos, como aquel de Mateo 28:18 en la que el Jesús resucitado se le aparece a sus discípulos y les dice que su Padre le ha concedido todo poder tanto en el Cielo como en la tierra. El tema de esta lección es similar, pero con una cualidad ampliada, el poder que el Padre concede es a todos sus hijos por igual. Ya en los primeros capítulos del Texto Jesús nos decía que él era nuestro hermano, tan igual como cualquier otro, la diferencia es temporal, en tanto el ya completó el plan de estudios del Espíritu Santo. Y por eso nos decía que la reverencia no era apropiada entre iguales, que sólo es apropiada ante Dios y no ante él que es nuestro hermano. Reconocer la perfecta igualdad de los hijos de Dios es una condición fundamental para deshacer las relaciones especiales y conflictivas que sostenemos en este mundo, y eso lo hacemos perdonando toda creencia en las diferencias o desigualdades de toda índole, ya sean raciales, económicas, sexuales, religiosas, políticas o ideológicas, al fin y al cabo todos somos una sola Mente, el Cristo que somos.

En la lección anterior mencionaba que el ego no sólo es un pensamiento de separación, sino también de limitación. El cuerpo es un límite. Limitado por las carencias, por el tiempo, la merma, la degradación, la enfermedad y la muerte. “El Hijo de Dios no tiene límites. Su fortaleza es ilimitada, así como su paz, su júbilo y todos los atributos con los que su Padre lo dotó al crearlo.” Esta es la condición del Hijo de Dios en el estado del Cielo, y será la condición que disfrutaremos cuando perdonemos todos los obstáculos que nos impiden experimentar nuestra verdad.

“Lo que dispone con su Creador y con su Redentor se hace.  Lo que su santa voluntad dispone jamás puede ser negado porque su Padre refulge en su mente y deposita ante ella toda la fuerza y amor de la tierra y del Cielo.” El  poder de Dios brilla en nuestras mentes rectas, en nuestras mentes santas. El Amor no tiene límites de ninguna índole, y accedemos a su poder cuando unimos nuestra voluntad con la de Dios.

“Soy aquel a quien todo esto se le da. Soy aquel en quien reside el poder de la Voluntad del Padre.” Aquí  aparecemos junto con Jesús, proclamando nuestro origen y nuestra verdadera identidad como los perfectos hijos de Dios, creados a Su semejanza, y por lo tanto, disfrutando de todo Su Poder y toda Su gloria. Reconocer y aceptar nuestra realidad inmortal es un paso esencial en nuestra sanación y en nuestra liberación de las limitaciones de este mundo. Por eso con certeza y convicción me digo a mi mismo: “Mi Padre me da todo poder.” y ese poder reside en el Amor que ilumina mi santa mente.

ORACIÓN DEL DÍA:

Padre “Tu Voluntad puede hacer cualquier cosa en mí y luego extenderse a todo el mundo a través de mí. Tú Voluntad no tiene límites. Por lo tanto, a Tu Hijo se le ha dado todo poder.”

La voluntad de Dios no tiene límites y lo que Dios dispone no es posible cambiarlo o modificarlo. Su Voluntad ha dispuesto que todo Su Amor y todo Su poder se extienda a Su Hijo, y a través nuestro se extienda a todo el mundo. Nuestra naturaleza es Amor y nuestra función es extender el Amor por siempre en un gozoso  canto de paz y gratitud.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “10. ¿Qué es el Juicio Final?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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