LECCIÓN 318

LECCIÓN 318

“Soy el medio para la salvación, así como su fin.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

“En mí —el santo Hijo de Dios— se reconcilian todos los aspectos del plan celestial para la salvación del mundo.” Cuáles serían “¿los aspectos del plan celestial para la salvación del mundo.?” La respuesta es yo mismo. El aspecto  Hijo de Dios como Cristo en su total unicidad con nuestro Padre, y el aspecto Hijo de Dios que se perdona toda creencia en la separación, la culpa, el pecado y el miedo, y reconoce su santidad y se reconcilia con ella. Cuando acepto y reconozco quien Soy, la salvación se ha consumado, y los aspectos que aparentemente estaban separados se han reconciliado.

Yo soy el objeto y el sujeto de la Salvación. Yo soy la causa y el efecto de la separación. Yo soy el destinatario del  “plan celestial para la salvación del mundo.” La respuesta de Dios a la creencia en la separación. Yo soy la causa de la misión del Espíritu Santo, de ayudarme a despertar del sueño de separación, y soy quien debo elegir el amor y no el miedo. Soy yo quien debo perdonar lo que no es verdad en mi.

Cuando acepto el plan de Dios para la salvación, cuando acepto la guía del Espíritu Santo, cuando acepto perdonar todo lo que niegue mi verdadero ser, “¿Qué podría estar en conflicto, cuando todos los aspectos comparten un mismo propósito y una misma meta?” todos los aspectos son todas las mentes que se creen separadas, pero que compartimos “un mismo propósito y una misma meta”  todos esos aspectos nos vamos unificando en la medida que vamos perdonando y aceptando el plan de Dios para la salvación.

“¿Cómo podría haber un solo aspecto que estuviese separado o que tuviera mayor o menor importancia que los demás?” una condición de mi propia sanación es reconocer la perfecta igualdad de todos los hijos de Dios, no hay ninguno que sea superior o inferior, toda supuesta jerarquía es ilusoria, y refuerza la separación. Cada hermano es una parte de mi, como yo soy una parte de la totalidad.

“Soy el medio por el que el Hijo de Dios se salva porque el propósito de la salvación es encontrar la impecabilidad que Dios ubicó en mí.” El fin es encontrar mi propia impecabilidad, mi santidad, mi inocencia, ese es mi propósito, y eso lo logro a través del perdón, ese es mi medio.

“Fui creado como Aquello tras lo cual ando en pos. Soy el objetivo que el mundo anda buscando. Soy el Hijo de Dios, Su único y eterno amor. Soy el medio para la salvación, así como su fin.” Fui creado como el Cristo, el perfecto e inocente Hijo de Dios, y en este mundo ando tras lo que verdaderamente soy, el Cristo que vive en mi. Ese Cristo que habita en mi mente y en mi corazón y que con mucha dulzura me recuerda  quien Soy y me invita a despertar en mi Ser. En este mundo creo estar buscando lo que Soy, pues la percepción me llevaba a buscar afuera, cuando todo lo que tenía que hacer es mirar dentro de mí, y contemplar la luz y el Amor que siempre me han habitado.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Que asuma hoy, Padre mío, el papel que me ofreces al pedirme que acepte la Expiación para mí mismo.  Pues lo que de este modo se reconcilia en mí se reconcilia igualmente en Ti.”

Aceptar la Expiación en mi, es aceptar el camino de amor y perdón que el Espíritu Santo me ofrece, es reconocerme tal como Dios me creó, reconciliar mi ser con mi Ser, es reconciliar a toda la Creación consigo misma, es reconciliar mi amor con el Amor de Dios.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “10. ¿Qué es el Juicio Final?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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