LECCIÓN 317

LECCIÓN 317

“Sigo el camino que se me ha señalado.”

Cuál es el camino que se me ha señalado? Y quién me lo ha señalado?
“Tengo una misión especial que cumplir, un papel que sólo yo puedo desempeñar.” La misión especial que debo cumplir, es lograr mi propia curación. La sanación de mi mente de todo pensamiento conflictivo, la liberación definitiva del sistema de pensamiento del ego, el recuerdo de Dios, del amor que es mi única Fuente, el retorno a mi hogar eterno. Y ese papel solo lo puedo desempeñar yo, pues fui yo quien decidí separarme y soy yo quien debo regresar, a través del perdón. Soy el Hijo prodigo que regresa a su Hogar.

Tanto el amor como el perdón son una elección, y mientras no tome esa decisión,  “La salvación espera hasta que yo decida asumir ese papel como mi único objetivo. Hasta que no tome esa decisión, seré un esclavo del tiempo y del destino humano.” La salvacion me espera, el Espíritu Santo me espera, Jesús me espera, la eternidad no tiene afán, pero soy yo quien cree vivir en el tiempo, y en el tiempo las esperas pueden ser dolorosas. Mientras no me decída recorrer los caminos del amor y el perdón, estaré condenado a experimentar las vicisitudes del destino humano, todos sus conflictos, sufrimientos, oscilando entre el placer y el dolor.

“Pero cuando por mi propia voluntad y de buen grado vaya por el camino que el plan de mi Padre me ha señalado, reconoceré entonces que la salvación ya ha llegado, que se les ha concedido a todos mis hermanos, y a mí junto con ellos.” Cuando tome la decisión de aceptar el plan de Dios para la salvación, cuando acepte completamente la guía del Espíritu Santo, recorreré el camino que se me ha señalado, con entusiasmo, con la confianza de que estoy en las manos correctas, y con la certeza de que llegaré al final de la jornada, donde el amor y la paz me aguardan. En ese instante reconozco que la salvación ha llegado tanto para mí como para todos mis hermanos.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, Tu camino es el que elijo seguir hoy.  Allí donde me conduce, es adonde elijo ir; y lo que quiere que haga, es lo que elijo hacer.  Tu camino es seguro y el final está garantizado. Allí me aguarda Tu recuerdo. Y todos mis pesares desaparecerán en Tu abrazo, tal como le prometiste a Tu Hijo, Quien pensó erróneamente que se había alejado de la segura protección de Tus amorosos Brazos.”

Recorrer el camino del amor y el perdón, es el único camino que debemos recorrer en este mundo, el camino que nos conduce a Dios, y en la medida que lo recorremos vamos soltando las cargas del pasado, nos vamos liberando de todo sufrimiento, vamos abandonando todo juicio y  conflicto, nos vamos volviendo ligeros de equipaje, pues el Amor es más liviano que el aire y más esperanzador que un nuevo amanecer. Recorramos nuestro camino con certeza y alegría, y con la confianza que el Espíritu Santo camina a nuestro lado mostrándonos el camino que habremos de recorrer, el final es tan seguro como el Amor mismo, pues finalmente el recorrido no es más que el amor que se encamina hacia el Amor, un encuentro largamente esperado, un anhelo realizado, un canto eterno de dicha y gratitud.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “10. ¿Qué es el Juicio Final?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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