LECCIÓN 315

LECCIÓN 315

“Todos los regalos que mis hermanos hacen me pertenecen.”

Los regalos que mis hermanos hacen son los únicos regalos que son reales, y los únicos que vale la pena ofrecer en este mundo. Los únicos que en verdad nos bendicen: el amor y el perdón. “En cada momento de cada día se me conceden miles de tesoros. Soy bendecido durante todo el día con regalos cuyo valor excede con mucho el de cualquier cosa que yo pudiera concebir. Un hermano le sonríe a otro, y mi corazón se regocija.”

El amor en este mundo lo podemos expresar de múltiples maneras: una sonrisa salida desde el corazón, una expresión de bondad, generosidad o  solidaridad. Una manifestación de compasión, de ternura, de dulzura, o una expresión de alegría o de júbilo.
“Alguien expresa su gratitud o su compasión, y mi mente recibe ese regalo y lo acepta como propio.” El solo contemplar a un hermano expresar gratitud o compasión, es un regalo de amor que se extiende a todas las mentes, incluida la mía, y debo expresar mi gratitud por esa bendición que me recuerda quien Soy.

En este mundo de cuerpos y formas, creemos que solo podemos manifestar amor a través de los cuerpos, o haciendo tal o cual gesto amoroso, también la presencia de amor, de alguien que nos bendice sin hacer o decir algo, nutre y sana nuestras mentes. “Y todo el que encuentra el camino a Dios se convierte en mi salvador, me señala el camino y me asegura que lo que él ha aprendido sin duda me pertenece a mí también.” Es el caso de cualquier hermano, que ha encontrado el camino de regreso a Dios, que se perdona a si mismo, y que contempla al mundo y me contempla con amor, ese hermano se convierte en mi salvador, en mi guía, en quien me señala el camino. Los progresos de amor y perdón de mis hermanos me pertenecen, por la sencilla razón, de que mis hermanos y yo somos uno, somos la misma mente, la mente del Hijo de Dios, el Cristo que todos compartimos, por eso todos los regalos de amor de mis hermanos me pertenecen, como le pertenecen a todos mis hermanos, los regalos de amor y perdón que yo les ofrezco.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Gracias, Padre, por los muchos regalos que me llegan hoy y todos los días, procedentes de cada Hijo de Dios. Los regalos que mis hermanos me pueden hacer son ilimitados. Ahora les mostraré mi agradecimiento, de manera que mi gratitud hacia ellos pueda conducirme a mi Creador y a Su recuerdo.”

Todos los regalos de amor, paz y dicha que mis hermanos hacen me pertenecen, por razón que la Filiación es una sola. El amor es tan ilimitado como Dios Mismo, cuando se ofrece amor, este se extiende a la totalidad de la existencia, no es posible direccionarlo hacia un lugar específico e impedir que llegue a toda la existencia. No hay muros que puedan contener o encasillar el amor, una vez se manifiesta, su naturaleza se extiende  a la totalidad, su aroma impregna todo lo que es, pues el Amor es todo lo que es,  la “sustancia” de lo que somos, ilimitada, eterna, y todo abarcante, es una melodía infinita, que danza sin cesar por los confines de un horizonte sin fin.

Cuando mi consciencia se llene solo de amor, necesariamente me fundiré  con la totalidad del Amor, he llegado a Dios, he regresado a mi eterno Hogar. Todos los regalos que el amor me ofrece me pertenecen pues Soy el Amor mismo.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “10. ¿Qué es el Juicio Final?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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