LECCIÓN 312

LECCIÓN 312

“Veo todas las cosas como quiero que sean.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Esta lección es el anverso de la de ayer. “Juzgo todas las cosas como quiero que sean.” (L 311) La diferencia está en que la lección de ayer se habla desde la proyección, la de hoy se plantea desde la percepción. Simplificando podemos decir que juzgar es proyectar y ver es percibir. Pero ambos están integrados dentro del sistema de pensamiento del ego. Cuando proyectamos nuestras culpas sobre el mundo, ya hemos decidido lo que queremos ver, esto es, lo que queremos percibir. La percepción es una interpretación, la proyección es un esfuerzo inútil y falso de liberarme de mis culpas y miedos. La proyección va primero por eso  Jesús nos dice  que “La percepción se deriva de los juicios.” Cuando  proyectamos un juicio es similar como cuando vamos al cine, vemos en la pantalla la película, que parece aparte y separada, pero esta se origina en el proyector que se encuentra detrás de nosotros. La causa está en el proyector, el efecto es la película que vemos en la pantalla. De manera similar es la dinámica proyección percepción en nuestra mente. La proyección se origina en nuestra mente, y la vemos en esa pantalla que llamamos mundo o nuestras relaciones. La percepción es la película que creemos vivir en este mundo, es la interpretación que hacemos de lo que creemos ver, la percepción parece validar lo que hemos proyectado, pero en vez de reconocer que es nuestro espejo, lo consideramos aparte y separado de nosotros, por eso  lo interpretamos como un ataque o agresión que viene fuera de nosotros.

La relación tiempo y espacio, parece separar la causa y el efecto, y creemos que la causa de lo que nos acontece está en el mundo y no en en nuestra mente. De ahí que nos consideremos injustamente tratados, nos consideramos víctimas del mundo, cuando sólo somos víctimas de nuestros propios pensamientos.

“Habiendo juzgado, vemos, por lo tanto, lo que queremos contemplar.” Jesús nos dice que se nos concede todo lo que pedimos, ni más ni menos, pues tanto el deseo y el resultado están en nuestra mente, pero esto parece sucedernos de manera inconsciente. La llamada mente consciente es una fracción de nuestra mente. Pues hemos dividido nuestra mente, y lo que parece que vemos afuera no son más que las proyecciones de nuestro ego, y con ello ocultamos el amor que somos, la verdad de lo que somos.

La percepción no es más que nuestro mecanismo de auto engaño. Todos nuestros  órganos de los sentidos, están diseñados para experimentar el mundo externo, el principal son los ojos. La percepción se apoya en estos órganos para dar realidad a lo que creemos nos sucede afuera, “Pues el único propósito de la vista es ofrecernos lo que queremos ver.” nosotros creemos que vemos con los ojos, pero la realidad es que vemos con la mente, así como tampoco pensamos con el cerebro sino con la mente.

La dinámica proyección y percepción se circunscribe en la ley de causa y efecto, por lo tanto,  “Es imposible pasar por alto lo que queremos ver o no ver lo que hemos decidido contemplar.” en esta frase aparece la voluntad de elegir, la voluntad de decidir. Veremos lo que hayamos elegido ver. Veremos lo que queremos ver, pues todo ello está en nuestra mente. Si reconocemos que la causa está en nuestra mente, nos podemos hacer responsables de nuestros pensamientos, y si elegimos al Espíritu Santo como nuestro guía, y perdonamos todo lo ilusorio y no amoroso, podremos percibir la verdad.  Si elegimos al ego como nuestro maestro, percibiremos juicios, condenas, y ataques.

Sólo  cuando cambiamos de maestro en nuestra mente, será posible pasar de la falsa percepción del ego, a la percepción verdadera del Espíritu Santo, ya no interpretaríamos desde el miedo sino desde el amor, “¡Cuán inevitablemente, pues, se alza el mundo real ante la santa visión de aquel que acepta el propósito del Espíritu Santo como aquello que desea ver!” Si elegimos ver solo amor, veremos amor, veremos la verdad que somos.

Cuando elegimos perdonar nuestras culpas y miedos, y nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, entonces sustituimos los ojos del cuerpo por la visión de Cristo, por la visión del amor, todo lo contemplaremos a través de los lentes del amor “No puede dejar de contemplar lo que Cristo quiere que vea, ni de amar con el Amor de Cristo lo que contempla.”

Hoy elijo ver todas las cosas como quiero que sean, y hoy quiero verlas desde el amor y la  paz, ese es mi único propósito hoy, pues he decidido unir mi voluntad a la Voluntad de Dios, y por lo tanto, solo contemplare lo que la Voluntad de mi Padre desee que vea hoy:  la luz, la dicha y la paz que moran en mi.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Mi único propósito hoy es contemplar un mundo liberado, libre de todos los juicios que he emitido. Padre, esto es lo que Tu Voluntad dispone para mí hoy, por lo tanto, no puede sino ser mi objetivo también.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “10. ¿Qué es el Juicio Final?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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