LECCIÓN 311

LECCIÓN 311

“Juzgo todas las cosas como quiero que sean.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

“Los juicios se inventaron para usarse como un arma contra la verdad.” Los juicios son el instrumento del ego no sólo para negar la verdad, sino también para pretender desvirtuarla.

“Separan aquello contra lo que se utilizan, y hacen que se vea como si fuese algo aparte y separado.” todo juicio separa, distancia, agrede, señalan culpables y enemigos, establecen la responsabilidad de lo que parece sucedernos fuera de nosotros, y no en nuestra mente, que es la fuente de nuestros pensamientos y juicios.

Los juicios reflejan los deseos ocultos del ego, distorsionan la realidad y buscan volver real lo que es falso. El ego proyecta sus culpas afuera, en forma de juicios y  “Luego hacen de ello lo que tú quieres que sea.” los juicios pretenden darle realidad a situaciones o circunstancias que  no son verdaderas.

“Juzgan lo que no pueden comprender, ya que no pueden ver la totalidad, y, por lo tanto, juzgan falsamente.” Los  juicios que hacemos siempre serán  falsos por  naturaleza, pues dan cuenta de una supuesta realidad basada en percepciones, sin considerar que carecemos del conocimiento de la  totalidad, como la que goza Dios o el Espíritu Santo, de ahí que lo único real o amoroso que podemos hacer es poner en manos Dios o del Espíritu Santo todo juicio que podamos percibir.  El Amor restablece la verdad y nos invita delicadamente a abandonar todo juicio. De ahí que Jesús nos exhorta a que no hagamos juicios:
“No nos valgamos de ellos hoy, antes bien, ofrezcámoselos de regalo a Aquel que puede utilizarlos de manera diferente.” El Espíritu Santo nos enseña a perdonar todo juicio que hagamos, a identificarlos y abandonarlos, y los reinterpreta como una petición de amor.

El Espíritu Santo nos ayuda a ver cada situación que percibíamos como no amorosa, como una oportunidad para perdonar y sanar nuestra mente. “Él nos salvará de la agonía de todos los juicios que hemos emitido contra nosotros mismos y re-establecerá nuestra paz mental al ofrecernos el juicio de Dios con respecto a Su Hijo.” Con la guía del Espíritu Santo podemos elegir de nuevo y en lugar de juzgar y condenar, podemos contemplar todas las cosas con amor y con perdón, siendo la paz el regalo que nos ofrecemos como perfectos Hijos del Señor de la paz.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, estamos esperando hoy con mentes receptivas a oír Tu juicio con respecto al Hijo que Tú amas. No lo conocemos, y así, no lo podemos juzgar. Por lo tanto, dejamos que Tu Amor decida qué es lo que no puede sino ser aquel a quien Tú creaste como Tu Hijo.”

El único juicio de Dios con respecto a Su Hijo es este:
“Tú sigues siendo Mi santo Hijo, por siempre inocente, por siempre amoroso y por siempre amado, tan ilimitado como tu Creador, absolutamente inmutable y por siempre inmaculado. Despierta, pues, y regresa a Mí.  Yo soy tu Padre y tú eres Mi Hijo”.” (L-PII.10.5:1:3)

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “10. ¿Qué es el Juicio Final?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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