LECCIÓN 309

LECCIÓN 309

“Hoy no tendré miedo de mirar dentro de mí.”

Cuando Jesús nos pide que no tengamos miedo de mirar dentro de nosotros, es porque en el fondo le tenemos mucho miedo mirar a nuestro interior. El ego nos tiene acostumbrados a mirar hacia afuera y cualquier intento de mirar adentro nos produce temor y desasosiego.

El cuerpo, sus órganos de percepción están diseñados para ver afuera, no para ver dentro. El cuerpo está diseñado para proyectar afuera  nuestros  conflictos interiores, las culpas, los miedos, los ataques. Percibimos al mundo como la fuente de nuestras desgracias y expectativas. Mirar dentro de nosotros no ha estado dentro de nuestra agenda. Y cuando en algún momento se nos ocurre mirar dentro, nos horrorizamos  con nuestros propios demonios, así que rápidamente giramos nuestra mirada afuera.

Necesito darme cuenta que “Dentro de mí se encuentra la eterna inocencia, pues es la Voluntad de Dios que esté allí por siempre y para siempre.” para ello debo haber perdonado todas mis culpas y miedos, lo que despeja los obstáculos que no me dejaban ver el amor, y reconocer la voluntad de Dios. En ese momento puedo proclamar que “yo, Su Hijo, cuya voluntad es tan ilimitada como la Suya, no puedo cambiar esto en absoluto.” No puedo cambiar la Voluntad de Dios, y tampoco puedo cambiar la mía, pues es la misma que la de Dios. Solo en sueños llegué a pensar que podía tener una voluntad diferente a la de Dios. Pero “negar la Voluntad de mi Padre es negar la mía propia.” y eso fue lo que hice con la separación. De ahí que debo de elegir de nuevo, y con la guía del Espíritu Santo puedo darme cuenta que  “Mirar dentro de mí no es sino encontrar mi voluntad tal como Dios la creó y como es.” pero no lo puedo hacer solo, pues me encontraría con la falsa voluntad del ego, y esta me enseñará todos mis miedos e inseguridades, mis culpas y mis resentimientos, y en ese momento tengo dos opciones:
1. proyectar afuera mi infierno interior culpando a otros, o,
2. evadirlo, por ejemplo, ver una película en la tv, irme de copas con amigos, o cualquier otra actividad externa que no me permita aquietarme y examinar mi mente. Por eso Jesús nos dice que no podemos corregirnos solos, siempre debemos pedir Su ayuda o la del Espíritu Santo.

Esta es una lección centrada sobre la voluntad. La falsa voluntad del ego, y la verdadera Voluntad de Dios. Por ello siempre debo apelar a la Voluntad de Dios, pues es la única real y la única que me puede sanar. “Tengo miedo de mirar dentro de mí porque creo que forjé otra voluntad que aunque no es verdad hice que fuese real.”

Solo el perdón me permitirá deshacer las falsas creencias que han anidado en mi mente, y contemplar con la visión de Cristo las ilusiones que he tejido y que me han atormentado.  Con la visión del amor, puedo contemplarme internamente y reconocer que el miedo no es real, que no tiene efectos, pues “Dentro de mí se encuentra la Santidad de Dios. Dentro de mí se encuentra el recuerdo de Él.” Así que hoy me aquietaré, y en profundo silencio interior  voy en busca de la Santidad de Dios, y del recuerdo de Él dentro de mí, y lo hago con la confianza y la certeza que no voy a fracasar pues Jesús me acompaña en este propósito.

ORACIÓN. DEL DÍA:

“El paso que he de dar hoy, Padre mío, es lo que me liberará por completo de los vanos sueños de pecado. Tu Altar se alza sereno e incólume. Es el santo Altar a mi propio Ser y es allí donde encuentro mi verdadera identidad.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “9. ¿Qué es el Segundo Advenimiento ?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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