LECCIÓN 301

LECCIÓN 301

“Y Dios Mismo enjugará toda lágrima.”

La idea del día es una reinterpretación de un pasaje bíblico, específicamente del Apocalisis 21:4, que dice :
“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte,(A) ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor;(B) porque las primeras cosas pasaron.”

El contexto de este pasaje es después del Juicio del Gran Trono Blanco (Apocalipsis 20:11-12). La leccion de hoy, nos plantea una opción distinta, en lugar de un juicio tenebroso, en el que podemos ser arrojados a un lago de fuego eterno, se nos dice que  “El mundo de Dios es un mundo feliz.” y para llegar a Él, no es necesario pasar por las pruebas en las que pueda terminar condenado al fuego eterno, pues el Amor no juzga ni condena, sólo contempla su propia inocencia y se regocija con su luz y su paz.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, a menos que juzgue no puedo sollozar. Tampoco puedo experimentar dolor, sentirme abandonado o creer que no se me necesita en este mundo. Éste es mi hogar porque no lo juzgo y, por lo tanto, es únicamente lo que Tú quieres que sea. Hoy lo quiero contemplar libre de toda condena, a través de los ojos felices que el perdón ha liberado de toda distorsión. Hoy quiero ver Tu mundo en lugar del mío. Y me olvidaré de todas las lágrimas que he derramado, pues su fuente ha desaparecido. Padre, hoy no juzgaré Tu mundo.”

Cuando elegimos juzgar el mundo de Dios, iniciamos la  travesía por el desierto  de la separación, el camino hacia las carencias y sufrimientos, y lloramos nuestras desgracias. Pero cuando volvamos a elegir el amor y el perdón, nos reencontramos con Dios, “Y Dios Mismo enjugará toda lágrima.” el hijo prodigo regresa a casa, el Padre lo recibe jubiloso, seca nuestras lagrimas que habíamos acumulado en el mundo del ego. Lo único que tenemos que hacer es dejar de juzgar y condenar, en ese momento nos damos cuenta de nuestros errores y volvemos a casa sin necesidad de pasar por las tribulaciones de un Juicio Final, del que creíamos no íbamos a sobrevivir. Solo tenemos que contemplar al Amor con amor, y con ello incrementamos con dicha a la Fuente de toda Dicha “Los que lo contemplan pueden tan sólo sumar a él su propia dicha y bendecirlo por ser la causa de una mayor dicha para ellos.” Lo único que podemos hacer es bendecir al amor y nuestras bendiciones se multiplicarán, pues el Amor se extiende a sí mismo por toda la  eternidad.

Recordemos que el ciclo de lecciones de la 301 hasta la 310, tiene como tema especial de estudio “9. ¿Qué es el Segundo Advenimiento?” y a partir de la lección 311 estudiaremos el décimo tema especial “¿Que es el Juicio Final?”, la lección de hoy se circunscribe en estos temas, siendo interpretados desde el amor en lugar del miedo.
“Llorábamos porque no entendíamos.” La comprensión nos llega de la mano de Jesús y del Espíritu Santo, de la práctica del perdón, que despeja los obstáculos que nos impedían experimentar el amor. Y en ese momento, la verdad se nos revelará, como la luz del sol en un radiante amanecer. “Pero hemos aprendido que el mundo que veíamos era falso, y hoy vamos a contemplar el de Dios.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “9. ¿Qué es el Segundo Advenimiento ?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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