LECCIÓN 294

LECCIÓN 294

“Mi cuerpo es algo completamente neutro.”

El tema del cuerpo, es central en las enseñanzas de Un Curso de Milagros, es una  idea que se  reitera en muchas lecciones. Del cómo percibamos el cuerpo va a depender en gran medida nuestro proceso de sanación.

“Soy un Hijo de Dios  ¿Cómo iba a poder ser también otra cosa?” Esta primera frase comienza haciendo una definición metafísica “Soy un Hijo de Dios.” Que es lo mismo que se afirma en  otras lecciones anteriores, que dice “No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó.” (L 201 hasta la 220)
Si soy el Hijo de Dios, y fui creado a Su semejanza, entonces soy un espíritu libre e inmortal, de ahí surge la pregunta: “¿Cómo iba a poder ser también otra cosa?” y se responde con otra pregunta que cuestiona las cualidades del cuerpo:  ” ¿Acaso creó Dios lo mortal y lo corruptible?  ¿De qué le sirve al bienamado Hijo de Dios lo que ha de morir?” Las creaciones de Dios son eternas, no están sujetas a cambios, a degradarse y morir.

En este mundo consideramos que el cuerpo y la mente son lo mismo. Creemos que la mente reside en el cuerpo, más específicamente en el cerebro, y que la mente está aprisionada dentro de un cuerpo. Creemos que el cuerpo es la parte más densa de la mente, o que  la mente es la parte más sutil del cuerpo.

El Curso reconoce nuestra fuerte identificación con el cuerpo. Y nos propone un abordaje distinto que nos puede ayudar con nuestra sanación.
Lo primero que nos propone es establecer una distinción entre cuerpo y mente, desentrañando el mecanismo del ego que busca ocultar la culpa en el cuerpo, o en otros cuerpos, a través de la proyección.
Lo segundo, es precisar  la función del cuerpo en este mundo, el de ser un instrumento, un vehículo, que actúa según los dictados de la mente. En ese contexto el cuerpo es neutro. Así que el cuerpo puede actuar bajo los dictados del ego, o del Espíritu Santo, del  miedo o del amor, nosotros elegimos con que propósito vamos a usar el cuerpo.

Aprender que el origen del cuerpo está en nuestra mente, es un paso importante en nuestra sanación. Al fin y al cabo el cuerpo no es más que una proyección mental,  que igual que sucede con las imágenes de nuestros sueños nocturnos, nos parecen reales, pero una vez despertamos, nos damos cuenta que no era más que un sueño.
Lo que nos quiere enseñar la lección de hoy es que el cuerpo es neutro, no es algo autónomo de la mente, no es auto motivado, no decide por su  cuenta, es simplemente un vehículo, igual que un coche, un barco, un avión que requieren de un conductor o un capitán para conducirlo o navegarlo. Pero el carro, ni el barco o el avión deciden por sí mismos, son neutros, así estén dotados con última  tecnología, simplemente siguen nuestra dirección, así sea manual o programada. Todos los vehículos son neutros. Nuestro cuerpo también es neutro.

“Sin embargo, lo que es neutro no puede ver la muerte, pues allí no se han depositado pensamientos de miedo ni se ha hecho de ello una parodia del amor.” Si observamos nuestros cuerpos como algo completamente neutro, no proyectamos sobre él pensamientos de culpa, miedo y ataque, ni hacemos de él objeto de nuestros apegos emocionales, entonces la mente  “no puede ver la muerte,” pues para verla necesita identificarse con el cuerpo, y la mente misma negar su condición inmortal.

Si nos reconocemos como mente, y perdonamos todas nuestras ilusiones respecto al cuerpo, lo veremos neutral, y  ésa  “neutralidad del cuerpo lo protege mientras siga siendo útil.” Si percibimos el cuerpo neutro no lo utilizaremos para atacar o atacarnos. Por lo tanto, el cuerpo no se verá enfermo y tampoco se sentirá el miedo a la muerte.

Si utilizamos el cuerpo como un instrumento de comunicación y perdón, al servicio del Espíritu Santo, las manifestaciones que aparentemente surgen de nuestro cuerpo, se llevarán a nuestra consciencia para ser perdonadas.  Ese sería el nuevo rol del cuerpo bajo la dirección del Espíritu Santo, un instrumento neutro para el  perdón y nuestra sanación.
“Una vez que no tenga ningún propósito, se dejará a un lado.” Una mente perdonada es una mente sanada, que se reconoce libre e inmortal, el cuerpo ya cumplió su propósito, y simplemente se le desecha, como hacemos con un traje viejo y raído.
“No es que haya enfermado, esté viejo o lesionado. Es que simplemente no tiene ninguna función, es innecesario y, por consiguiente, se le desecha.” Esta es la muerte consciente, de la que nos habla en el Canto de la oración, la muerte como liberación y no como castigo.  Una mente totalmente sanada y perdonada, al liberarse del cuerpo podrá contemplar la faz de Cristo en toda su magnitud y belleza, y saldrá al encuentro gozoso con Su Padre. El mundo lo llamara muerte, nosotros liberación.
Así que nuestra petición de este día sea la de percibir nuestro cuerpo como algo neutro, útil a nuestro proceso de perdón y sanación. “Que hoy no vea en él más que esto: algo que es útil por un tiempo y apto para servir, que se conserva mientras pueda ser de provecho, y luego es reemplazado por algo mejor.”

ORACIÓN DEL DIA:

“Mi cuerpo, Padre, no puede ser Tu Hijo. Y lo que no ha sido creado no puede ser ni pecaminoso ni inocente; ni bueno ni malo. Déjame  pues, valerme de este sueño para poder ser de ayuda en Tu plan de que despertemos de todos los sueños que urdimos.”

Ver el cuerpo como algo neutro implica no asignarle juicios de valor de ninguna clase, “pecaminoso ni inocente; ni bueno ni malo.” ni bonito ni feo, simplemente es un vehículo, que bajo las amorosas manos del Espíritu Santo, nos puede ayudar a despertar del sueño de separación que nosotros mismos inventamos.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “8. ¿Qué es el mundo real?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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