LECCIÓN 286

LECCIÓN 286

“La quietud del Cielo envuelve hoy mi corazón.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

Esta es una hermosa lección que nos muestra la sutil pedagogía del Curso. En las primeras lecciones Jesús se acerca hasta nuestro nivel de comprensión cuando creemos que la culpa es del otro, y nos ayuda a perdonarlo. Después avanzamos en perdonarnos a nosotros mismos, pues nuestros hermanos jamás nos han hecho nada. En ese proceso de deshacer el ego nuestras prácticas se van incrementando, ya sean las repeticiones diarias y las meditaciones matutinas y nocturnas que alcanzan un promedio sugerido de media hora cada una. Nos enseña a acostarnos con Dios, a levantarnos pensando en  Dios, y dejando que el Espíritu Santo guíe cada paso de nuestro día.  A contemplar lo que parece acontecernos con la visión de Cristo, con la visión del amor. Si hemos hecho lo mejor posible nuestras prácticas, (no si las hemos hecho perfectamente, pues lo más seguro es que no), entonces podemos llegar al nivel de comprensión de esta lección:
“La quietud del Cielo envuelve hoy mi corazón.”
Ya estamos en la paz del cielo. No tenemos que hacer nada para Ser lo que somos: el perfecto Hijo de Dios que vive feliz al lado de Su Padre soñando en el exilio de la separación. No tenemos que cambiar nada porque lo que Es no está sujeto a cambios. Somos el Cristo, nunca lo hemos dejado de Ser. De ahí que el Curso nos dice que la iluminación no es un cambio sino un reconocimiento. Siempre hemos estado iluminados solo que soñamos que somos pecadores y culpables. Ahora lo único que tenemos que hacer es despertar del sueño y reconocernos como lo que siempre hemos sido: los eternos hijos de Dios.

ORACION DEL DÍA:

“Padre, ¡qué día tan sereno el de hoy! ¡Cuán armoniosamente cae todo en su sitio!  Éste es el día señalado para que llegue a entender la lección de que no tengo que hacer nada.  En Ti ya se han tomado todas las decisiones.  En Ti ya se ha resuelto todo conflicto.  En Ti ya se han colmado todas mis esperanzas.  Tu Paz es mía. Mi corazón late tranquilo y mi mente se halla en reposo.  Tu Amor es el Cielo y Tu Amor es mío.”

La palabra “quietud” tiene varios significados: ausencia de movimiento, reposo y sosiego (paz). Todas ellas son aplicables a la lección de hoy.
Si hay movimiento tiene que haber espacio por donde se desplace lo que se mueva, y por lo tanto, tiempo para medir ese desplazamiento entre dos puntos del espacio. La lección de hoy nos sustrae de la dinámica tiempo y espacio. Quienes hayan tenido experiencias místicas saben que es un estado de quietud donde no hay espacio. No hay arriba ni abajo, ni horizonte ni distancia, no hay bordes ni límites, es una luz que está en todas partes, pues se siente que estás en todas partes, es un estado de paz y gozo infinito, esa es la “La quietud del Cielo (que) envuelve hoy mi corazón.”
Esa quietud, es no movimiento, es paz, reposo, sosiego, de ahí la insistencia de las prácticas del Curso de aquietar la mente, del silencio interior que  nos conduce al instante santo. “La quietud de hoy nos dará esperanzas de que hemos encontrado el camino y de que ya hemos recorrido un gran trecho por él hacia una meta de la que estamos completamente seguros.”


En esos instantes santos de quietud, pasamos de las dudas a las certezas, del miedo a un amor gozoso que todo lo sana y todo lo abarca, hemos depositado toda nuestra confianza en nuestro Padre y gustosamente nos dejamos guiar hacia Él “Hoy no dudaremos del final que Dios Mismo nos ha prometido. Confiamos en Él y en nuestro Ser, el cual sigue siendo uno con Él.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “7. ¿Qué es el Espíritu Santo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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