LECCIÓN 285

LECCIÓN 285

“Hoy mi santidad brilla clara y radiante.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

La  idea de hoy nos plantea  un auto reconocimiento que la mayoría de nosotros no nos lo  creemos: “mi santidad brilla clara y radiante.” Así que busquemos precisar que nos quiere decir el Curso con santidad.

Se considera santidad la condición de estar libre de culpa y pecado. En nuestra cultura santo y santidad parecen  similares, pero pueden tener diferencias. Santo es quien reúne las condiciones de santidad anteriormente descritas. Pero la condición de santo, también puede ser un reconocimiento, por lo regular después de muerto que hace la iglesia católica, para lo cual hace un proceso que se llama canonización.
También se utiliza como un reconocimiento de cargo o jerarquía religiosa, como Su Santidad el Papa en la  iglesia católica, o Su Santidad el Dalai Lama en el budismo tibetano.

En las culturas orientales se llama Santo a quien ha logrado la iluminación o estado de budeidad.

En la Biblia se dice: “Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó; pues está escrito: «Sean santos, porque yo soy santo.»” (1 Pedro 1:15-16), este es un llamado a que todo lo que hagamos sea tan impecable, tal como Dios lo es.

El Curso parte de un presupuesto metafísico. Somos tal como Dios nos creó. Y esa condición nunca ha cambiado. Así creamos que estamos separados, y castigados por haber ofendido a Dios, y por lo tanto, somos pecadores, culpables y hemos perdido nuestra santidad. Pese a esas creencias, seguimos siendo tan santos e impecables como nuestro Padre, así en estos momentos  creamos que no nos merecemos tal distinción.

La lección empieza con una dimensión temporal “Hoy me despierto lleno de júbilo, sabiendo que sólo han de acontecerme cosas buenas procedentes de Dios.”. Me despierto después de una noche de sueño en una mañana de sol radiante?  O me despierto del sueño de separación?  El Curso juega mucha veces con las palabras, creando este tipo de figuras, pero a la vez, siempre utiliza palabras como hoy, ahora, momento presente. Que tiene como propósito situarnos en el único tiempo real: el presente, recordándonos que no existimos en el pasado, tampoco en el futuro, sólo en el ahora.

Lo cierto es que el Curso siempre busca llevarnos de lo temporal a lo atemporal. Aquí nos está invitando a despertarnos cada mañana reconociendo nuestra santidad, que es una condición jubilosa y mantenerla así durante el día. Eso no quiere decir que quizás no vamos a tener experiencias que necesitemos perdonar, quiere decir que las abordamos con la alegría de que estamos cumpliendo nuestra única función en este mundo: perdonar, sanar nuestra mente. Cada situación que parece acontecernos será una oportunidad para perdonar.

“Hoy mi santidad brilla clara y radiante.” significa que me hago el propósito de levantarme cada mañana con la certeza que la luz del amor y el perdón me acompañarán durante todo el día, y eso y solo eso, le extenderé a mis hermanos, y los contemplaré desde mi amor y desde mi paz.

Al inicio del capitulo 30 del Texto, hay un epígrafe titulado “Reglas para tomar decisiones”  que básicamente nos sugiere que visualicemos el día que deseamos, y después de imaginar con el mayor detalle  posible el día que  queremos tener, y nos reitera que te repitas a ti mismo:  “La clase de día que te gustaría tener, los sentimientos que deseas abrigar, las cosas que quieres que te sucedan así como lo que quieres experimentar, y di:”

“Si no tomo ninguna decisión por mi cuenta, esa es la clase de día que se concederá” (T-30.I.4:1-2)

En otras palabras, sino tomo decisiones con el ego, no juzgo y permito que el Espíritu Santo decida por mí, “esa es la clase de día que se concederá”

La lección de hoy es muy similar al ejercicio que se nos propone al inicio del capítulo 30 del texto. Decidir desde el momento en que me despierto cada mañana, reconocer mi santidad, y que esta brillará clara y radiante durante todo el día, ese es el día que deseo  tener. Si nos lo proponemos lo vamos a lograr. Particularmente yo me estoy acostando repitiendo la lección del día y así me duermo, y me despierto repitiendo la lección del día, y les aseguro que el estado de bienestar y alegría se mantienen durante todo el día, y tengo una actitud más receptiva para contemplar mis errores y perdonarlos y evitar juzgar a mis hermanos, y si hago evidente algún juicio, no pasa nada, vuelvo a elegir de nuevo y procedo a perdonarlo, pues esa es mi única función en este mundo.

“Eso es todo lo que pido, y sé que mi ruego recibirá respuesta debido a los pensamientos a los que va dirigido. Y en el instante en que acepte mi santidad, lo único que pediré serán cosas dichosas.” así como el sufrimiento es una decisión, errada pero una decisión, la felicidad también es una decisión, la de reconocer mi verdadera naturaleza, y es esta decisión la que finalmente me conducirá a despertar del sueño de separación.  Así que la santidad es el resultado de aceptar mi condición como Hijo de Dios, y a partir de allí podré disfrutar del júbilo de reconocer mi origen y mi verdadera identidad.
A partir de reconocer mi santidad, me puedo preguntar “¿qué utilidad tendría el dolor para mí; para qué iba a querer el sufrimiento, y de qué me servirían el pesar y la pérdida si la demencia se alejara hoy de mí y en su lugar aceptara mi santidad?” el  perdón me permite deshacer las falsas creencias acerca de sentirme pecador y culpable, y me  ayuda a contemplarme como el santo Hijo de Dios.

ORACIÓN DEL DIA:

“Padre, mi santidad es la Tuya.  Que me regocije en ella y que mediante el perdón recobre la cordura. Tu Hijo sigue siendo tal como Tú lo creaste. Mi santidad forma parte de mí y también de Ti.  Pues ¿qué podría alterar a la Santidad Misma?”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “7. ¿Qué es el Espíritu Santo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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