LECCIÓN 284

LECCIÓN 284

“Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

La sanación es un proceso en el  que interviene mi voluntad de cambiar todo aquello que  me hace sufrir.

Creemos vivir en un mundo gobernado por la percepción. El Curso nos enseña que sólo podemos percibir de dos maneras.
1. De forma incorrecta, bajo la guía del ego.
2. De forma correcta, bajo la guía del Espíritu Santo.
De tal manera que, “Las pérdidas no son pérdidas cuando se perciben correctamente.” debemos elegir con que maestro queremos percibir. Si percibimos con la guía del Espíritu Santo sabremos que lo que parece que perdemos no es real, y que lo que es real en nosotros jamás se puede perder, pues es eterno.

Este es un mundo de carencias, nos movemos en función de obtener las cosas, recursos o relaciones que creemos que nos faltan y que si los obtenemos nos completan. Más es una trampa del ego.  Pues en este mundo difícilmente  nos sentiremos satisfechos y completos,  pues el sentido de la carencia es una de las características de este mundo, la plenitud la perdimos tras la separación, y se nos convierte en una utopía, un deseo incesante de completarnos a través de relaciones o cosas.

La sensación de carencia nos lleva a pensar que lo que nos da seguridad es obtener, conservar, acumular, sentirnos dueños  de lo que tenemos. Nos volvemos propietarios físicos o simbólicos. Me identifico con lo que creo tener, lo considero mío. Surgen los apegos, resultado de la dinámica de ganar y perder. Cuando perdernos, más allá de la pérdida física de un objeto, dinero o relación, la mayor pérdida es el apego de aquello con lo que nos habíamos identificado. La pérdida de algo o alguien nos hace sufrir, pues creemos que se nos ha arrebatado lo que nos pertenece. El apego se ha instalado en nuestra mente,  y el dolor por la pérdida será inevitable. Pero todo ello no es más que una trampa de nuestro ego. “El dolor es imposible. No hay pesar que tenga causa alguna.”

Todo aquello que parece acontecernos afuera no es más que nuestra propia proyección mental. Así que no tengo que resolver nada afuera, no tengo que culpar a nadie por el dolor y la perdida que creo sufrir, solo tengo que cambiar mis propios pensamientos de culpa, dolor,  pérdida, por pensamientos de perdón, amor y  paz, y todo sufrimiento habrá desaparecido pues  “cualquier clase de sufrimiento no es más que un sueño.”

EL APRENDIZAJE CÓMO PROCESO:

Un Curso de Milagros se auto define como un  entrenamiento mental. Pues busca invertir nuestra forma de pensar en este mundo. Y sabe que ese propósito no se va a lograr de la noche a la mañana, pues el sistema de pensamiento del ego está instalado en nuestra consciencia desde que parece que  nacemos en esta mundo hasta que morimos. Nos creemos que somos cuerpos, que tenemos carencias y que sufrimos por las perdidas que creemos experimentar. Eso es lo que llamamos realidad, y el Curso se propone demostrarnos que eso no es nuestra realidad, que es una ilusión que ha fabricado nuestra mente. Así que cambiar nuestra manera de pensar se nos puede convertir en la tarea de toda nuestra vida, la única tarea y el único aprendizaje que vale la pena realizar en este mundo. En esta lección se nos explica que nuestro aprendizaje puede pasar por varias etapas que nos llevan de la ilusión a nuestra verdad eterna, pero primero debemos reconocer que estamos viviendo un sueño:

1. Incredulidad.
Del escepticismo a una aceptación sin convicción. “Ésta es la verdad, que al principio sólo se dice de boca” me digo, que este mundo es una ilusión, pero en mi actividad diaria le doy realidad a la ilusión. No hay nada de coherencia en mi. En el fondo no le creo al Curso que este mundo no es real. Repito las lecciones sin mucha convicción interna. De ahí que la introducción del libro de ejercicios nos pide que simplemente hagamos los ejercicios, así no los comprendamos o no los aceptemos plenamente, Jesús sabe de nuestras resistencias. De hecho muchos queremos abandonar el Curso en las primeras lecciones.

2. Expectativa condicionada.
El Curso tiene una metodología de explicación de cada lección y de repetición frecuente de las ideas del día, que como una gota de agua sobre una roca la va horadando día tras día. “y luego, después de repetirse muchas veces, se acepta en parte como cierta, pero con muchas reservas,”

3. Verificación de las experiencias de aprendizaje.
“Más tarde se considera seriamente cada vez más.” La puesta a prueba del perdón que el Curso nos enseña y las practicas diarias.  Sólo cuando comprobamos que el perdón funciona, que los ejercicios diarios comienzan a generarnos paz y tranquilidad, empezamos a creer y a confiar en las enseñanzas del Curso.

4. Abrazamos la práctica como la verdad.
Ya el Curso y todas sus enseñanzas se han instalado en nuestra consciencia, se han convertido en la brújula de nuestra vida, aceptamos e invocamos a todo momento la guía del Espíritu Santo, todo lo perdonamos, y todo lo contemplamos desde nuestro amor y nuestra paz. “y finalmente se acepta como la verdad.” Hemos logrado revertir en gran medida el sistema de pensamiento del ego al sistema de pensamiento del Espíritu Santo. Ya sólo consideramos que sólo el amor es real, que sólo el amor es verdad, y el amor se convierte en nuestro único criterio para determinar que es verdad y que no lo es. Todo lo que no sea amoroso, lo consideramos irreal, ilusorio y lo perdonamos. El amor y la verdad comienzan a gobernar nuestras vidas. Llegar a este nivel el  Curso lo denomina el “mundo real” en sustitución del mundo ilusorio que conocíamos antes de iniciar nuestro aprendizaje con el Curso.

Llegado a este nivel, no es muy difícil afirmar: “Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor.”

Llegado a este nivel, me entrego completamente a la guía del Espíritu Santo, busco aquietarme, y en mi silencio me propongo “ir más allá de las palabras y de todas mis reservas, y aceptar plenamente la verdad que reside en ellas.” he abrazado la verdad y siento como la verdad me ha abrazado. El amor se ha encontrado con el Amor. El miedo ha pasado a un segundo plano, pues se que la voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad, y sólo doy gracias por los  regalos de mi Padre.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, lo que Tú me has dado no puede hacerme daño, por lo tanto, el sufrimiento y el dolor son imposibles.  Que mi confianza en Ti no flaquee hoy.  Que acepte como Tu regalo sólo lo dichoso y, como la verdad, sólo lo que me hace feliz.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “7. ¿Qué es el Espíritu Santo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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