LECCIÓN 280

LECCIÓN 280

“¿Qué límites podría imponerle yo al Hijo de Dios?”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

En esta lección se expone la correlación entre límites y libertad, que veníamos estudiando en las lecciones anteriores.
Este mundo  define límites como una división, ya sea física o simbólica, que marca una separación entre dos territorios o naciones llamado fronteras. También existen límites entre propiedades, linderos. Límites entre espacios donde se puede transitar, calles o caminos. Límites urbanos o rurales. Límites naturales, como ríos, montañas, lagos o mares. Límites físicos y corporales, de resistencia, o duración,
Los límites se imponen sobre objetos, cuerpos o formas materiales. También existen límites psicológicos o simbólicos, como los límites que se establecen a ciertas relaciones, o las reglas que se establecen en el marco de relaciones. Pero incluso estos límites están determinados por mentes que se sienten dentro de  los límites de unos cuerpos. El Curso como siempre contrapone el mundo que percibimos como real, con la verdad del estado del Cielo: “Aquel que Dios creó ilimitado es libre.” Dios nos creó como mentes libres e ilimitadas, y esta es una definición absoluta, (y muchas veces nos cuesta comprender las características absolutas del estado del Cielo.) pues Dios es amorfo, y Su Hijo también, por lo que no hay límites físicos de ninguna clase. Así que cuando el Curso dice ilimitado, es sin límites de ninguna clase. Y cuando dice libertad, es libertad sin límite alguno, pues somos gobernados sólo por la ley del amor, que todo lo une e integra. Y la naturaleza del amor es extenderse sin límites, dándose y dándose eternamente.

Así que si nuestra  condición metafísica es ser una mente libre e ilimitada, sólo  “Puedo inventar una prisión para él, mas sólo en ilusiones, no en la realidad.” Pero nuestra realidad inmortal es mental, sin límites de ninguna clase, nuestra mente es absolutamente invulnerable, somos un pensamiento en la Mente de Dios, y   “Ningún Pensamiento de Dios ha abandonado la Mente de su Padre; ningún Pensamiento de Dios está limitado en modo alguno; ningún Pensamiento de Dios puede dejar de ser eternamente puro.”

Somos una extensión de la Mente de Dios, y ésa condición es indisoluble, irrompible, inmodificable, pues esa es la Voluntad de Dios y nadie ni nada lo puede cambiar. Sobre esa base cabe preguntarse: “¿Puedo acaso imponerle límites al Hijo de Dios, cuando su Padre dispuso que fuese ilimitado y semejante a Él en libertad y amor?” la pregunta la podemos hacer desde la serenidad y la paz de nuestro corazón, y observando a nuestro ego y con una sonrisa en nuestro semblante responder: claro que no!! . No puedo imponerle ningún límite al Hijo de Dios, pues el Amor no tiene límites, pues el Amor lo contiene todo y lo abarca todo, pues la vida misma es todo Amor.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Hoy quiero rendir honor a Tu Hijo, pues sólo así puedo encontrar el camino que me conduce hasta Ti. Padre, no le impondré límite alguno al Hijo que Tú amas y que creaste ilimitado. El honor que le rindo a él Te lo rindo a Ti, y lo que es para Ti es también para mí.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “6. ¿Qué es el Cristo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
https://oscargomezdiez.com/

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