LECCIÓN 277

LECCIÓN 277

“No dejes que aprisione a Tu Hijo con leyes que yo mismo inventé.”

Aquí estamos frente a la opción de elegir entre  las leyes del mundo o las de Dios. Específicamente nos habla de la leyes del cuerpo y las leyes del tiempo. Las leyes del cuerpo nos pueden referir a las leyes de la biología, la medicina, del cuidado personal, y de todo lo que necesita el cuerpo para sustentarse, comunicarse, relacionarse, trasladarse, o para matarse, ( leyes de la guerra e industria militar). Las creencias en sentirnos especiales y diferentes, dan lugar a relaciones asimétricas de poder y sometimiento, al conflicto y el ataque.
Las leyes del tiempo no son  sólo las que se contabilizan linealmente, también  las que miden la velocidad de los objetos desplazándose en el espacio, como también, el tiempo que se toman los cuerpos biológicos para envejecer, degradarse, y morir.

Las leyes del mundo se originan en la culpa y el miedo, cuando las proyectamos sobre nuestros hermanos, los encadenamos y nos encadenamos, con las reglas que nos hemos inventado para aprisionarnos en el mundo ilusorio de nuestra mente errada.  Cuando perdonamos podemos deshacer las leyes del mundo, colapsar el tiempo, situándonos en un eterno presente, y el mundo que parecía aprisionarnos desaparece ante la presencia de la única ley que de verdad existe: la ley del amor.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Tu Hijo es libre, Padre mío. No dejes que me imagine que lo he aprisionado con las leyes que yo mismo inventé para que gobernasen el cuerpo. Él no está sujeto a ninguna de las leyes que promulgué para ofrecerle más seguridad al cuerpo. Lo que cambia no puede alterarlo a él en absoluto. Él no es esclavo de ninguna de las leyes del tiempo. Él es tal como Tú lo creaste porque no conoce otra ley que la del amor.”

Las leyes de este mundo ocultan nuestra verdadera realidad inmortal y amorosa, como el perfecto Hijo de Dios.  “No adoremos ídolos ni creamos en ninguna ley que la idolatría quiera maquinar para ocultar la libertad de que goza el Hijo de Dios.” al contemplar el mundo como un error de percepción, y perdonar dichas creencias, hemos decidido elegir a favor del amor y la paz que somos.

“El Hijo de Dios no está encadenado por nada excepto por sus propias creencias.” Sólo nuestras propias creencias pretenden aprisionar a nuestros hermanos, pero la realidad es que sus mentes son libres e ilimitadas. “Mas lo que él es, está mucho más allá de su fe en la esclavitud o en la libertad.” por mucho que intentemos modificar lo inmodificable, el Hijo de Dios seguirá siendo tal como nuestro Padre lo creó, eternamente inocente, impecable y amoroso.

“Es libre por razón de Quién es su Padre.” El hijo de Dios es libre por que su Padre también es libre. Pues fue creado a Su semejanza. “Y nada puede aprisionarlo a menos que la verdad de Dios pueda mentir y Dios pueda disponer engañarse a Sí Mismo.” Albert Einstein decía que Dios no juega a los dados, nada en Dios está sometido al azar o la incertidumbre, pues sus atributos son absolutos y sin opuestos.  El Amor de Dios es completo sin excepciones, es todo abarcante y sin opuestos, de ahí que en Dios no hay verdades a medias, la verdad en Dios es absoluta y total o no lo es. Por ello, todo lo que no sea amoroso no es verdad, este es el único criterio para determinar la verdad, para diferenciar el error de la verdad, la ilusión de la certeza de lo que es y seguirá siendo por siempre.

Lo único que debo hacer es perdonar las creencias que he sostenido sobre las leyes de  este mundo. Asi podré contemplar la absoluta inocencia y libertad de mis hermanos, pues ya no hay juicios que los aprisionen en los laberintos de culpa de mi mente, pues al liberarlos a ellos me he liberado a mi mismo.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “6. ¿Qué es el Cristo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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