LECCIÓN 273

LECCIÓN 273

“Mía es la quietud de la paz de Dios.”

Comentada por:
Oscar Gómez Díez

De la idea del día se desprenden varios importantes  temas:
1. La paz de Dios es un estado de quietud, de contemplación y silencio.
2. Puedo llegar a  la paz de Dios  a través de mi quietud y silencio interior.
3.  Entrar en quietud y silencio depende de mi decisión.
4. Desde la quietud y mi silencio interior puedo observar el mundo, sin juzgarlo ni involucrarme en los dramas que parecen acontecer, y desde ese estado descartar lo que no es  real.
4. Experimento la paz de Dios cuando perdono todo aquello que me pueda impedir recordarla.
5. La paz de Dios es un atributo que Dios me regaló desde que me creó, y permanece en mi por siempre, solo debo recordarla para experimentarla.

“Tal vez estemos ahora listos para pasar un día en perfecta calma.” Esta frase nos evidencia la pedagogía amorosa de Jesús. Quizás tú práctica con el Curso te haya preparado “para pasar un día en perfecta calma”, pero quizás aún  no estás listo. Y “Sl esto no fuese posible todavía, nos contentaremos y nos sentiremos más que satisfechos, con poder aprender cómo es posible pasar un día así.” y si no estas listo, no pasa nada, no se te juzga ni condena por ello, simplemente te dice que podemos aprender “cómo es posible pasar un día así.” En otras palabras, si no he sido un buen estudiante del Curso de Milagros, puedo llegar a serlo, es una decisión que debo tomar, la velocidad de mi aprendizaje la determinó yo mismo, hacer disciplinadamente las lecciones, practicar y practicar hasta que sea un hábito de vida.
Es posible que en nuestro día a día, creemos que estamos  experimentando problemas y conflictos, para ello Jesús nos ofrece su fórmula infalible, el perdón: “Si permitimos que algo nos perturbe, aprendamos a descartarlo y a recobrar la paz.” La paz de Dios es nuestra herencia natural, si creemos  perderla, fue porque lo permitimos, pero igualmente, podemos recuperarla perdonando las creencias que dieron lugar a que pensara que perdí mi paz.

Y finalmente, además de estudiar, practicar y perdonar, Jesús nos recuerda el poder de las  afirmaciones de Un Curso de Milagros: “Sólo necesitamos decirles a nuestras mentes con absoluta certeza: “Mía es la quietud de la paz de Dios”, y nada podrá venir a perturbar la paz que Dios Mismo le dio a Su Hijo.” Las afirmaciones nos ayudan a recordar quienes somos, al repetirlas las hacemos reales en nuestras mentes, hasta que la paz de Dios pasa de ser un anhelo a una vivencia, un estado de serena tranquilidad, donde los acontecimientos de este mundo los observaremos de forma neutral sin juicios, ni condenas, simplemente reconocemos que no son reales, y abandonamos tales creencias, y la paz retorna a nuestra consciencia.

La paz de Dios es nuestra realidad inmutable, haberla perdido es sólo una creencia, y tales creencias existen sólo porque todavía las sostenemos en nuestras mentes, pero podemos elegir soltarlas, abandonarlas, esto es, perdonarlas. De ahí que la oración del día, nos ayuda a recordar que nada ni nadie me puede quitar la paz de Dios, pues nada ni nadie son reales, son simples ilusiones, que desaparecen ante la  luz de la verdad.

ORACION DEL DÍA:

“Padre, Tu paz me pertenece. ¿Qué necesidad tengo de temer que algo pueda robarme lo que Tú has dispuesto sea mío para siempre? No puedo perder los dones que Tú me has dado. Por lo tanto, la paz con la que Tú agraciaste a Tu Hijo sigue conmigo, en la quietud y en el eterno amor que Te profeso.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “6. ¿Qué es el Cristo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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