¿Qué es el Cristo?

¿6. ¿QUÉ ES EL CRISTO?

Si el Nuevo Testamento hubiera sido escrito en el idioma original de Jesús y sus discípulos, (Hebreo), hoy no diríamos Jesús el Cristo, sino Jesús el Mesías. Pero el Nuevo Testamento se escribió en griego, entre los años 50 y 150, por personas que lo mas seguro nunca conocieron a Jesús, que escribían y pensaban en griego, y que impregnaron de la cultura griega, una tradición oral que provenía de la cultura judía.

La palabra “Cristo” viene del griego Khristos (ungido) y esta es una traducción del hebreo de la palabra Mesías (el que ha sido ungido con aceite para ser declarado rey).
Cristo y Mesías significan lo mismo. El primero está en griego y el segundo en hebreo. El cristianismo primitivo construyó sus textos fundacionales en griego y está impregnado de la cultura griega. Después que la iglesia católica se convirtió en la religión oficial del imperio romano, (Concilio de Nicea año 325) el latín se va a convertir en el idioma oficial de la iglesia católica. Y con esas transliteraciones idiomáticas nos llega el mensaje de Jesús de hace mas de 2 mil años atrás.
En latín Cristo (Christus) y Cruz (crucis) parecen similares, y mucha gente cree que el nombre Jesucristo quiere decir Jesús el que murió en la cruz, pero son dos conceptos distintos.

¿ES JESÚS EL CRISTO?

La respuesta es si y no exclusivamente.

En el cristianismo, Cristo se utiliza como sinónimo de Jesús. El cristianismo unió la palabra Cristo con el nombre de Jesús, con lo que creó una nueva entidad: Jesucristo. Un Curso de Milagros no utiliza el término Jesucristo, pese a que es dictado por Jesús. El Curso no une el nombre de Jesús con el de Cristo. Jesús sólo y exclusivamente no es el Cristo, pero Jesús es quien mejor nos representa a Cristo en este mundo. Jesús es parte del Cristo que todos compartimos como el Hijo de Dios. El Cristo es esa parte amorosa de nuestra mente que sigue indisolublemente unida a Dios. Por eso, sin desconocer la extraordinaria obra de Jesús, el Curso precisa el alcance del concepto de Cristo, por lo que, plantea significados y dimensiones distintas, como vamos a analizar.

Para Un Curso de Milagros “Cristo es el Hijo de Dios tal como Él lo creó.” Esto quiere decir, el Hijo de Dios creado como Espíritu. Para nosotros, (desde este mundo) sería una entidad metafísica como lo es Dios, completamente amorfa, y que cuenta con los mismos atributos de Dios, pues fue creado a Su semejanza.

“Cristo es el Ser que compartimos y que nos une a unos con otros, y también con Dios.” Con esta definición, Cristo somos todos, incluidos los Hijos de Dios que creemos estar separados del Padre y que creemos vivir aparte de Él en este mundo. De esta manera, Jesús es también el Cristo, igual que todos nosotros. Nuestra diferencia con Jesús es que el fue quien primero completó el plan de estudios del Espíritu Santo en este mundo, y compartió con nosotros Su mensaje de amor y paz a través del perdón; trayéndonos a la vez, el recuerdo de Dios que siempre ha estado en nuestras mentes.

“Es el Pensamiento que todavía mora en la Mente que es Su Fuente.” Cristo fue concebido en la Mente de Dios quien se extendió a Sí Mismo, creando a Su Hijo. Como los pensamientos nunca abandonan su fuente, el Cristo mora en la Mente de Dios, que es nuestra Fuente.

A diferencia de nuestras creencias acerca de la separación, que no es más que un sueño, Cristo “No ha abandonado Su santo hogar ni ha perdido la inocencia en la que fue creado.” Ni una sola nota del himno celestial ha sido cambiada por nuestra creencia en la separación, el Reino sigue siendo tan inmutable como lo ha sido siempre. *”Mora inmutable para siempre en la Mente de Dios.”

De ahí que se concluya que “Cristo es el eslabón que te mantiene unido a Dios, y la garantía de que la separación no es más que una ilusión de desesperanza, pues toda esperanza morará por siempre en Él.” Como las ideas no abandonan su fuente, nosotros aún permanecemos en la Mente de Dios, y Cristo es el eslabón que nos une al Padre. En la medida que recordemos el Cristo que somos, y nos reconozcamos en todos nuestros hermanos, renaceremos en el Cristo que siempre hemos sido.

“Tu mente es parte de la Suya, y Ésta de la tuya.” La Mente de Cristo es parte de la Mente de Dios, y nosotros somos parte de la Mente de Cristo, y a través de Él, de la Mente de Dios.

“Él es la parte en la que se encuentra la Respuesta de Dios, y en la que ya se han tomado todas las decisiones y a los sueños les ha llegado su fin.” Cristo es la parte de nuestra mente, donde se encuentra la respuesta a la separación. Y todas las decisiones para ponerle fin a la separación, ya se han tomado desde la eternidad, desde esa dimensión, la separación ya culminó, para nosotros que creemos vivir en el tiempo lineal, creemos que está ocurriendo.

“Nada que los ojos del cuerpo puedan percibir lo afecta en absoluto. Pues aunque Su Padre depositó en Él los medios para tu salvación, Él sigue siendo, no obstante, el Ser que, al igual que Su Padre, no conoce el pecado.” Cristo es invulnerable como el Padre. Por eso los pensamientos de pecado y culpa no lo pueden afectar. En Él podemos depositar nuestra confianza de que nos guiará en el despertar del sueño de separación, y nos conducirá amorosamente de regreso a nuestro Hogar eterno.

“Al ser el hogar del Espíritu Santo y sentirse a gusto únicamente en Dios, Cristo permanece en paz en el Cielo de tu mente santa.” A diferencia de la tradición cristiana que considera al cuerpo el altar del Espíritu Santo, Jesús nos dice que el Cristo es el hogar del Espíritu Santo, y por eso, permanece en paz en nuestra mente santa, nuestra mente correcta.

“Él es la única parte de ti que en verdad es real. Lo demás son sueños. Mas éstos se le entregarán a Cristo, para que se desvanezcan ante Su gloria y pueda por fin serte revelado tu santo Ser, el Cristo.” Recordemos que para Un Curso de Milagros lo único real es Dios y Sus atributos. Como el amor, la paz, la dicha, la eternidad, la invulnerabilidad, la impecabilidad, la plenitud, la abundancia, la bondad, etc. estos atributos son absolutos, no están sujetos a cambios ni modificaciones. Lo mismo sucede con Su Hijo, el Cristo. Todo lo que no cumpla estas características no es real, es ilusorio. Todo lo que cambia, muta, se degrada o muere es irreal. El Cristo es inmortal y amoroso por siempre. Por eso, la Mente de Cristo, es la única parte de nosotros que de verdad es real, lo demás es ilusorio. Nuestra parte ilusoria se la entregamos a Cristo, para que la disuelva, a través de la Expiación y el perdón, y nos revele el Cristo que nos habita.

“El Espíritu Santo se extiende desde el Cristo en ti hasta todos tus sueños, y los invita a venir hasta Él para que puedan ser transformados en la verdad.” Esta es la Expiación tal como la entiende el Curso, le entregamos todos nuestros errores al Espíritu Santo, para que los deshaga con la luz del amor y la verdad, recordándonos que el error nunca existió.

“Él los intercambiará por el sueño final que Dios dispuso fuese el fin de todos los sueños. Pues cuando el perdón descanse sobre el mundo y cada, uno de los Hijos de Dios goce de paz, ¿qué podría mantener las cosas separadas cuando lo único que se puede ver es la faz de Cristo?” El Espíritu Santo intercambiará nuestros sueños de separación y conflicto, por sueños de perdón y paz, el llamado mundo real o sueño feliz. El Espíritu Santo reemplaza todas nuestras falsas creencias de pecado, culpa y miedo, por amor y paz. Cuando la Expiación se complete la unidad se restablece y se pone fin a la separación. En ese momento, ya no veremos nada con los ojos del cuerpo, con sus juicios y condenas, sino sólo a través de la visión de Cristo, y lo que contemplaremos es la faz de Cristo, (el rostro de Cristo) en cada hermano que veamos, quienes nos reflejarán, a la vez, nuestro santo rostro, en una perfecta relación de dar y recibir amor. ¿Después de ello que más podemos esperar? Solo aguardar que Dios de él último paso y nos recoja en sus amorosos Brazos.

“¿Y por cuánto tiempo habrá de verse esta santa faz, cuando no es más que el símbolo de que el período de aprendizaje ya ha concluido y de que el objetivo de la Expiación por fin se ha alcanzado?” Cuando logremos contemplar la faz de Cristo, debemos considerarlo como el símbolo que al tiempo le ha llegado su fin, la Expiación cumplió su propósito, el aprendizaje ha concluido y regresamos definitivamente a los eternos brazos de Dios.

“Tratemos, por lo tanto, de encontrar la faz de Cristo y de no buscar nada más. Al contemplar Su gloria, sabremos que no tenemos necesidad de aprender nada, ni de percepción, ni de tiempo, ni de ninguna otra cosa excepto del santo Ser, el Cristo que Dios creó como Su Hijo.” Nuestra única meta en este mundo es encontrar la faz de Cristo, cuando lo logremos todo el mundo, con todas sus formas, cuerpos y conflictos se desvanecerán, todo lo que percibíamos como cierto, incluyendo los conceptos de tiempo y espacio desaparecerán, pues nos habremos encontrado con el Ser eterno que somos, el Cristo que siempre hemos sido y que por algún momento creímos haber perdido. En ese momento las puertas del Cielo se abren, los ángeles tocan las trompetas celestiales, anunciando el regreso del Hijo prodigo, mientras nuestro Padre extiende Sus amorosos Brazos y nos acoge en el radiante corazón de Dios.
Bendiciones
💝🙏💝

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