LECCIÓN 268

LECCIÓN 268

“Que todas las cosas sean exactamente como son.”

Aquí lo primero que nos tenemos que preguntar es ¿de que “cosas” nos está hablando la idea del día?
¿De las cosas de este mundo, cuya naturaleza es el cambio, la mutación, la degradación y la muerte? ó,
¿Las cosas de Dios y Su Reino, que no cambian, que son inmutables, eternas, invulnerable?
La respuesta es la segunda.
La separación fue el resultado de una negación de la Creación. El camino de retorno pasa por una plena aceptación de Dios y de Su Creación.
Fue precisamente por querer cambiar lo que no se puede cambiar, que dimos lugar a este mundo de cambios, mutaciones y conflictos. Fue este deseo el que nos sacó de la  realidad eterna y nos situó en la ilusión de este mundo de carencias, con el que nos sentimos insatisfechos y buscamos cambiar constantemente, sin llegar a comprender que es lo que queremos cambiar, pues tras la separación buscamos de cualquier manera sentirnos completos y plenos, pero la plenitud sólo la recuperaremos cuando regresemos a la unidad.  A la unidad no llegaremos     hasta que no logremos la comprensión de que no somos de este mundo, y que no hay nada que cambiar en el Reino de Dios, y tampoco en este mundo. El primero porque es perfecto y el segundo porque no es real.
Lo único que debemos cambiar en este mundo, es nuestra manera de pensar, nuestra manera de percibir. Perdonamos todo aquello que creemos  que es irreal en este mundo, para que lo que es real, eterno e inmutable vuelva a nuestra consciencia. Para ello debemos dejar de criticar la Creación de  Dios, y aceptarla tal como es, pues es perfecta e inmutable. Cuando criticamos a Dios y Su Creación, lo estamos atacando, ello no quiere decir que Dios se sienta atacado y  contra atacará, y nos condenará y castigará. Pues Dios ni se siente atacado ni se le  puede atacar pues es absolutamente invulnerable, y ni sabe que nosotros lo pensamos atacar, pues estamos soñando, y los únicos que creemos que el sueño es real, somos nosotros, y nadie más que nosotros.

“Que todas las cosas sean exactamente como son.” significa que acepto la  realidad de Dios y de Su Creación tal como es, y no pretendo juzgarla ni atacarla. Pues es mi propia realidad. Al aceptarla la reconozco y me reconozco. En ese momento, en ese instante santo, comprendo que lo único que debo de cambiar es mi manera de ver el mundo, ya no con los ojos del ego, sino con la visión espiritual, con la visión de Cristo, que la desarrollaré a través del perdón.
Con este contexto, la oración del día se nos hace más clara, más diáfana, y podemos pedir que el amor que es nuestra única realidad se nos conceda como nuestra única morada, como ha sido siempre, y lo será por siempre:

ORACION DEL DÍA:

“No permitas que hoy sea Tu crítico, Señor, ni que juzgue contra Ti. No permitas que interfiera en Tu creación, desfigurándola y convirtiéndola en formas enfermizas. Permítaseme estar dispuesto a no atacar su unidad imponiéndole mis deseos, y así dejarla ser tal como Tú la creaste. Pues de esta manera seré también capaz de reconocer a mi Ser tal como Tú lo creaste. Fui creado en el Amor y en el Amor he de morar para siempre. ¿Qué podría asustarme si dejo que todas las cosas sean exactamente como son?”

De esta manera, las siguientes plegarias adquieren mayor sentido y fuerza: “Que nuestra vista no sea blasfema hoy, y que nuestros oídos no hagan caso de las malas lenguas.” ya no le daré crédito a lo que me muestren los ojos del cuerpo, que me muestran un mundo de juicios, condenas y ataques. Como tampoco aceptaré los juicios que crea que vienen de otros. Solo veré y escucharé desde el amor y el perdón.

“Sólo la realidad está libre de dolor.” la realidad, la verdad, el Cielo o el paraíso, está libre de dolor, de sufrimiento, de enfermedades o muerte.
“Sólo en la realidad no se experimentan pérdidas.” la realidad del estado del Cielo, es una condición de total plenitud y abundancia, no hay carencias de ninguna índole, y por lo tanto, tampoco hay pérdidas de ninguna clase. Pues todo lo creado por Dios es eterno, constante y no está sujeto a ningún cambio. Por lo tanto, nada ni nadie amenaza la  realidad:  “Sólo la realidad ofrece completa seguridad.” La naturaleza de las creaciones de Dios son de absoluta invulnerabilidad, y todo aquello que se considere vulnerable, que crea que se le pueda hacer daño o morir, no es real, es parte de este mundo ilusorio, y simplemente perdónanos nuestras creencias en las carencias, en las perdidas y en el miedo que pueda sentir que algo o alguien me pueda hacer daño. Por lo tanto, la seguridad que ofrece la verdad “es lo único que buscamos hoy.” pues quiero descansar en la  realidad del Cielo, quiero disfrutar del amor y la paz que sólo el Amor de Dios me puede brindar. Solo en mi Hogar sentiré la perfecta seguridad, de lo eterno e inmutable, pues lo que Dios creó fue para siempre y por siempre, pues fue creado para el mutuo disfrute del Padre y el Hijo, más allá de las dudas e incertidumbres del tiempo. Pues la Creación fue antes del tiempo y seguirá siendo después del tiempo, que no es más que una breve fracción dentro de la eternidad del Amor.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “5. ¿Qué es el cuerpo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

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