LECCIÓN 267


LECCIÓN 267


“Mi corazón late en la paz de Dios.”

El corazón es la representación del centro donde emana el amor. La paz es un atributo del Amor. Es imposible experimentar la paz de Dios  si antes no se ha experimentado Su amor. La paz de Dios es mucho más que una ausencia de guerra o conflicto, es un estado de plenitud y amor gozoso difícil de describir con palabras, de ahí que la Biblia la defina como la paz que sobrepasa todo entendimiento. Y nos  será muy difícil  experimentar el amor de Dios, si antes no hemos sanado nuestra mente de todas las interferencias que hemos fabricado para ocultar o negar el amor que somos.

“Lo que me rodea es la vida que Dios creó en Su Amor.” recordemos una lección anterior que nos decía que el amor de Dios me rodea. (L 264) en la lección de hoy nos dice  que el Amor de Dios es lo que crea vida. Solo Dios crea vida. Lo que Dios no crea, como este mundo y los cuerpos, no son reales. Lo que nosotros consideramos vida biológica, se considera como una falsa ilusión, una fabricación de nuestra mente errada, que le da sustento al ego.

El amor  “Me llama con cada latido y con cada aliento; con cada acción y con cada pensamiento.” nosotros creímos abandonar el amor, pero el amor nunca nos ha abandonado. El amor nos seguirá llamando con su dulzura y paciencia infinita, hasta que decidamos escucharle y despertar del sueño de separación. No importa  el lugar donde creemos estar, o  el cuerpo que creemos ser, el Espíritu Santo busca comunicarse con nosotros para recordarnos quienes somos en realidad.

“La paz llena mi corazón e inunda mi cuerpo con el propósito del perdón.”  Esta es una bella lección con figuras literarias, para explicarnos que el Amor de Dios impregna todo nuestro Ser, y aparentemente a nuestro cuerpo. La lección parece unir la verdad (espíritu, mente) y la ilusión (cuerpo), pero no es más que un recurso pedagógico al reinterpretar el papel del cuerpo al servicio de una mente amorosa. Si no estudiamos esta lección desde la dimensión metafísica del Curso, nos podemos equivocar al creer que el amor de Dios se manifiesta en nuestro cuerpo físico, pues la Verdad no descansa sobre el error. Pero cuando llevamos los errores ante la verdad, su luz y Su Amor desvanecen toda ilusión, y restablecen la verdad de lo que somos a través del perdón.

Si logro perdonar mis pensamientos de culpa, miedo, carencias y conflictos, mi mente cambia, y los pensamientos del  ego, son sustituidos por pensamientos de paz y amor. Al sanar mis culpas, mis miedos, mis conflictos y mis creencias en las enfermedades, puedo experimentar sanación en mi mente y en mi cuerpo, por lo que la paz será el resultado lógico que habré de experimentar. Recordemos que la enfermedad no es mas que un uso no amoroso del cuerpo.

En este caso “El cuerpo es el medio a través del cual el Hijo de Dios recobra la cordura.” (L-PII.5.4:1) de la mano del Espíritu Santo reinterpretamos el rol del cuerpo, que pasa de ser un instrumento de ataque del ego, a un instrumento de comunicación para perdonar, sanar y amar.  “Ahora mi mente ha sanado, y se me concede todo lo que necesito para salvar al mundo.” una mente sanada se pone al servicio del Espíritu Santo, para ayudar a completar el plan de Dios para la salvación.

Pese a que el cuerpo es ilusorio, nuestra mente experimenta sus emociones y sentimientos a través del cuerpo, “Cada latido de mi corazón me inunda de paz; cada aliento me infunde fuerza.” Una vez que mi mente correcta une su voluntad a la de Dios, me convierto en el  “mensajero de Dios, guiado por Su Voz, apoyado por Su amor y amparado eternamente en la quietud y en la paz de Sus amorosos Brazos.” y en ese propósito seré guiado por la Voz que habla por Dios, y Su paz y Su Amor me abrigaran en los eternos Brazos de Dios.

Cuando me abro al amor de Dios, Su paz hace parte de mi y la siento dentro de mi: “Cada latido de mi corazón invoca Su Nombre, y cada uno es contestado por Su Voz, que me asegura que en Él estoy en mi hogar.” esta es una hermosa expresión para describir a quien se ha entregado completamente al amor de Dios, su mente solo piensa en Dios, y sólo escucha Su Voz, esa es la certeza de un santo.

Esta es una hermosa lección,  algo compleja de explicarla, pues pasa desde una dimensión metafísica, a una reinterpretación del cuerpo y su papel ya no al servicio del ego sino del Espíritu Santo.

ORACION DEL DÍA:

“Que preste atención sólo a Tu Respuesta, no a la mía. Padre, mi corazón late en la paz que el Corazón del Amor creó. Y es ahí y sólo ahí donde estoy en mi hogar.”

Si logramos solo prestar atención a la Voz de Dios, y a no escuchar al ego, prácticamente el aprendizaje ha concluido, estoy a las puertas del Cielo, y espero que Dios de el último paso y me recoja en Sus amorosos brazos, para sentirme finalmente en mi Hogar, disfrutando de la paz y la dicha que mi Padre me ha brindado por siempre.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “5. ¿Qué es el cuerpo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones


Oscar Gómez Díez
https://oscargomezdiez.com/

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