LECCIÓN 266

LECCIÓN 266

“Mi santo Ser mora en ti, Hijo de Dios.”

El Cristo que somos mora en nosotros, siempre nos ha habitado, así hubiésemos querido ignorarlo, olvidarlo o negarlo en el sueño de separación. El Cristo que somos mora en cada uno de los millones y millones de seres que creemos ver separados y distintos a nosotros. Reconocer que mi santo Ser mora en cada uno de ellos, es dar un paso gigantesco en nuestro proceso de salvación. Ya no los estoy juzgando y condenando, ya no los estoy viendo como enemigos sino como hermanos. Ya no me siento víctima del mundo, pues ahora reconozco mis errores de percepción y asumo la responsabilidad de mis pensamientos y me perdono. Por eso puedo decirle a cada hermano /a que me encuentre a lo largo del día: “Mi santo Ser mora en ti, Hijo de Dios.” que es lo mismo que en las tradiciones orientales quieren decir con la palabra “Namasté”, que significa que “la divinidad en mi saluda la divinidad en ti”; o también similar a la palabra de la cultura Maya  “In’ lakes” que significa “tú eres mi otro yo”. La búsqueda y el reconocimiento de la unidad es un impulso del amor para retornar a la unidad que siempre hemos sido.

ORACION DEL DIA:

“Padre, me diste todos Tus Hijos para que fuesen mis salvadores y mis consejeros de visión; los heraldos de Tu santa Voz. En ellos Tú te ves reflejado y en ellos Cristo me contempla desde mi Ser. No permitas que Tu Hijo se olvide de Tu santo Nombre. No permitas que Tu Hijo se olvide de su santo Origen. No permitas que Tu Hijo se olvide de que su nombre es el Tuyo.”

Así como en este sueño de separación fabricamos este mundo de formas y cuerpos, para hacer del conflicto el mecanismo que hace real la separación. Asimismo, el Espíritu Santo nos ayuda a reinterpretar a través del perdón, la manera como veo a mi  hermano, a quien antes veía como enemigo, en este momento se convierte en nuestro salvador. Desde esta perspectiva, nuestros  hermanos son los heraldos de Dios, “los heraldos de Tu santa Voz.” los mensajeros de las buenas nuevas de Dios. Entender que cada hermano con el que me comunico es un mensajero de la salvación, y que Dios me  habla a través de ellos. El resto de la oración es una plegaria para no olvidarnos quienes somos realmente, los santos Hijos de Dios, y el  reconocimiento de que “Cristo me contempla desde mi Ser.” en la medida que yo contemplo a mis hermanos como el Cristo en mi.

“En este día entramos al paraíso, invocando el Nombre de Dios y el nuestro, reconociendo nuestro Ser en cada uno de nosotros y unidos en el santo Amor de Dios.” al Cielo  entramos acompañados de nuestros hermanos, cuando nos reconocernos como tales, gracias al milagro del perdón.

“¡Cuántos salvadores nos ha dado Dios!” cada conflicto que parezco tener con algún hermano, es una oportunidad para perdonar y sanar mis relaciones, convirtiendo las relaciones  de amor y odio especiales, en relaciones santas, relaciones perdonadas, de amor y paz.

Cada relación me ayuda traer a mi consciencia las culpas que había proyectado sobre mis hermanos, y me permite elegir abandonar mis pensamientos de juicio y ataque contra ellos, y reemplazarlos por pensamientos de amor y paz, ese es el perdón que nos enseña el Curso.

“¿Cómo podríamos perdernos en nuestro trayecto hacia Él, cuando Él ha poblado el mundo con aquellos que señalan hacia Él, y nos ha dado la vista para poder contemplarlos?”. Es imposible que me pierda en el camino de regreso a casa, si aprendo a reconocer a mis hermanos en cada uno de quienes se encuentren en mi camino. Y como hermanos que somos, como una sola mente que otrora se sentía dividida y separada, ahora marchamos  unidos y seguros hacia nuestro Padre. Pues ya sabemos quienes somos, hemos recobrado nuestra verdadera identidad y hacemos nuestra la herencia del Amor que siempre ha estado a nuestra disposición, pues el Amor jamás excluye a nadie pues dejaría de ser lo que es, la Vida toda abarcante que lo contiene todo y que lo es todo.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “5. ¿Qué es el cuerpo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

2 respuestas a “LECCIÓN 266

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