LECCIÓN 264


LECCIÓN 264

“El Amor de Dios me rodea.”

Esta es una lección que nos puede confundir sino conocemos la metafísica de Un Curso de Milagros. Pues nos puede llevar a pensar que el Amor de Dios rodea nuestros cuerpos y no nuestra mente. Esta es una lección que nos enseña los límites de las palabras, aquí las palabras no alcanzan a transcribir el profundo significado de  del Amor, pues en este mundo sólo alcanzaremos a experimentar un reflejo del Amor de Dios.
Vamos a examinarlo a partir de esta hermosa oración del día:

ORACION DEL DÍA:

“Padre, estás delante y detrás de mí, a mi lado, allí donde me veo a mí mismo y dondequiera que voy. Estás en todo lo que contemplo, en los sonidos que oigo y en cada mano que busca la mía. En Ti el tiempo desaparece, y la idea del espacio se vuelve una creencia absurda. Pues lo que rodea a Tu Hijo y lo mantiene a salvo es el Amor Mismo. No hay otra fuente que ésa, y no hay nada que no comparta Su santidad, nada que se encuentre aparte de Tu única creación o que carezca del Amor que envuelve a todas las cosas dentro de Sí. Padre, Tu Hijo es como Tú. Hoy apelamos a Ti en Tu Propio Nombre, para estar en paz dentro de Tu eterno Amor.”

El verbo rodear significa que una cosa está alrededor de alguien o algo, es una relación de formas, que tienen bordes y límites. La palabra rodear, desde una interpretación de nuestro ego, implicaría que Dios es una forma física externa a nosotros, que rodea nuestros cuerpos. Pero la oración comienza a precisar:
“En Ti el tiempo desaparece, y la idea del espacio se vuelve una creencia absurda. Pues lo que rodea a Tu Hijo y lo mantiene a salvo es el Amor Mismo.”
Quienes hayan tenido una  experiencia mística saben que el cuerpo desaparece, que no hay un arriba ni un abajo, ni un aquí y un allá que marque una distancia entre  dos objetos, y por lo tanto, no hay un tiempo que mida el recorrido entre un objeto y el otro, el tiempo simplemente no existe, tampoco el espacio, es un eterno ahora, es una luz que todo lo abarca sin límites de ninguna clase y un gozo infinito de SER y de “estar” en el Amor, una sensación de paz y plenitud que es muy difícil describir.

El amor es todo lo que existe, y no está sujeto ni al tiempo ni al espacio, ni a las leyes que rigen al tiempo y el espacio. El amor se rige por la ley del amor, que trasciende los límites del espacio tridimensional, así como las leyes del tiempo lineal. El amor se desenvuelve en una dimensión atemporal, y lo cubre todo, y se extiende a sí mismo sin ningún límite espacial, el amor impregna toda la existencia, a tal punto que el amor es la existencia misma.

La oración comienza a describirnos el Amor de Dios que rodea nuestro espacio corporal pues parte desde nuestra percepción del mundo para llevarnos a experimentar el amor que no tienes límites, para luego elevar nuestra plegaria que sólo queremos descansar en el Amor de Dios: “Hoy apelamos a Ti en Tu Propio Nombre, para estar en paz dentro de Tu eterno Amor.”

“Hermanos míos, uníos a mí en este propósito hoy. Ésta es la plegaria de la salvación. ¿No deberíamos acaso unirnos a lo que ha de salvar al mundo y a nosotros junto con él?” Jesús nos invita a unirnos a Él en un plegaria de amor al Padre, en la que no sólo pedimos que el amor de Dios nos envuelva sino que también nos impregne, pues el Amor es la vida misma, que nosotros venimos negando en este mundo con nuestra  creencia en la muerte, como si la vida y el Amor estuvieran sujetas al tiempo y no a la eternidad.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “5. ¿Qué es el cuerpo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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