LECCIÓN 260

LECCIÓN 260

“Que recuerde que Dios me creó.”

Recordar que Dios nos creó, es recordar el Amor que somos, y negar el miedo, la culpa y el ataque. Recordar a Dios implica sanar el miedo que le hemos tenido, del castigo que creímos nos iba a infligir por nuestros supuestos pecados, es ponerle fin a todo sacrificio, pues no tenemos que negociar con el Amor ningún sacrificio para recibir Su Amor y Su Paz.

ORACIÓN DEL DIA:

“Padre, yo no me creé a mí mismo, aunque en mi demencia creí que así había sido. No obstante, en cuanto que Pensamiento Tuyo, no he abandonado mi Fuente y sigo siendo parte de Aquel que me creó. Tu Hijo, Padre mío, Te llama hoy. Que recuerde que Tú me creaste. Que recuerde mi Identidad. Y que deje que mi impecabilidad vuelva a alzarse ante la visión de Cristo, a través de la cual deseo hoy contemplar a mis hermanos y contemplarme a mí mismo.”

Recordar que Dios nos creó es recordar que somos Hijos del Amor, y por lo tanto, inocentes e impecables. Cuando contemplo a mis hermanos con amor, vuelvo a la unidad de todo lo creado, y reconozco que todos somos uno con Dios. “Ahora recordamos nuestra Fuente; y en Ella encontramos por fin nuestra verdadera Identidad.”

“Somos en verdad santos porque nuestra Fuente no conoce el pecado.”. Somos un pensamiento en la Mente de Dios, y las ideas no abandonan su fuente, nosotros nunca hemos abandonado nuestra Fuente. Si nuestra Fuente es impecable, nosotros también lo somos, pues fuimos creados a semejanza de Dios. Por lo tanto, somos tan santos como nuestro Padre. Llegar a esta conclusión nos libera de la culpa y el miedo, con lo que nos abrimos al amor que somos.

“Y nosotros que somos Sus Hijos, somos semejantes los unos a los otros, y semejantes a Él.” Cómo Hijos de Dios somos totalmente iguales, pues somos la misma y única mente que se cree dividida en millones de fragmentos, no hay un solo hermano mejor o peor, superior o inferior, pues todos somos el Hijo de Dios, creados por el mismo Amor, a semejanza de nuestro Padre.

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “4. ¿Qué es el pecado?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

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