LECCIÓN 259

LECCIÓN 259

“Que recuerde que el pecado no existe.”

Estas últimas lecciones que tienen como tema común el recordar, parecen ser un repaso del recorrido del texto y del libro de ejercicios. Recordemos también que este bloque de lecciones (entre la 251 y la 260) tiene como tema especial una reflexión sobre el pecado.

“El pecado es el único pensamiento que hace que el objetivo de alcanzar a Dios parezca irrealizable.” El tema del pecado es central en Un Curso de Milagros, no para validarlo sino para invalidarlo. Casi que podríamos decir que si la creencia en el pecado no estuviese tan arraigada en nuestro medio no sería necesario Un Curso de Milagros, o por lo menos, no como está diseñado actualmente. Pues la creencia en el pecado da lugar a la culpa, el miedo, el ataque, la ira y los resentimientos, entre otras emociones que definen nuestros egos. Estos pensamientos nos alejan de Dios, del Amor y la verdad.

“¿Qué otra cosa podría impedirnos ver lo obvio, o hacer que lo que es extraño y distorsionado parezca más claro?” El pecado es la creencia en la separación, y en esa aparente huida de Dios fabricamos este mundo de formas, cuerpos y conflictos de toda índole. El pecado oculta nuestra verdadera identidad como perfectos Hijos de Dios. La creencia en el pecado nos lleva a pensar que perdimos el amor, la paz y la dicha, que es nuestra naturaleza. La salvación pasa por deshacer la creencia en el pecado, para recordar nuestra verdadera identidad  como Hijos eternos del Amor.

“¿Qué otra cosa sino el pecado nos incita al ataque?” La segunda ley del caos nos dice que todos somos pecadores, y por lo tanto, ”todo el mundo merece ataque y muerte” (T-23.II.4:1)  Esta creencia parte de la base de que ”el error merece castigo y no corrección. Pues la destrucción del que comete el error lo pone fuera del alcance de la corrección y del perdón” (T-23.II.4:2-3) El pecado merece castigo, diferente al error que se puede corregir. Reinterpretar el pecado por el error, es un paso fundamental en nuestro proceso de sanación.

“¿Qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente de la culpabilidad y exigir castigo y sufrimiento?” La culpa tiene su origen en la creencia del pecado. Sin pecado no habría culpa, ni castigo ni ataque. Antes de atacar, internamente hemos determinado que el otro es culpable, y merecedor de castigo, ese es el mecanismo de actuación de nuestro ego. Detrás de todo miedo y ataque se encuentra la creencia en el pecado y la culpa, a partir de allí se desprende toda la conducta del yo psicológico de nuestros egos. El perdón nos ayuda a sanar nuestras creencias en el pecado, la culpa, el miedo y el ataque.  Con el perdón sanamos nuestras relaciones con nuestros hermanos y con Dios. Con el perdón transformamos nuestras relaciones de amor y odio especial con nuestros hermanos, en relaciones santas basadas en el amor y la paz.

“¿Y qué otra cosa sino el pecado podría ser la fuente del miedo, al eclipsar la creación de Dios y conferirle al amor los atributos del miedo y del ataque?” La verdadera salvación pasa por desvirtuar la creencia en el pecado, la culpa, y el miedo a Dios. Del miedo a Dios surgen las creencias en los sacrificios. Hasta que no comprendamos que Dios es sólo Amor, y nada más que Amor, y que no tiene opuestos, por lo tanto, Dios no podría ser  amor y venganza a la vez, o amor y castigo a la vez, el Amor de Dios es absoluto, no tiene opuestos. Dios no padece de la ambivalencia que nosotros creemos experimentar en este mundo.
Muchos de los ejercicios y enseñanzas del Curso consiste en que superemos ese profundo miedo inconsciente que le tenemos a Dios, esa es una condición imprescindible para que nos abramos al amor.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, hoy no quiero ser presa de la locura. No tendré miedo del amor ni buscaré refugio en su opuesto. Pues el amor no puede tener opuestos. Tú eres la Fuente de todo lo que existe. Y todo lo que existe sigue estando Contigo, así como Tú con ello.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “4. ¿Qué es el pecado?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez

https://oscargomezdiez.com/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s