LECCIÓN 252

LECCIÓN 252

“El Hijo de Dios es mi Identidad.”

Recordemos que  la primera parte del libro de ejercicios (hasta lección 220) está centrada en deshacer el sistema de pensamiento del ego, la segunda parte, (desde la 221 en adelante) está centrada en consolidar en nuestra mente el sistema de pensamiento del Espíritu Santo, y reconocer y aceptar el amor que somos.

“El Hijo de Dios es mi Identidad.” la separación nos generó una crisis de identidad. Nos creemos cuerpos separados, con un yo psicológico individual, que libramos una batalla en un mundo lleno de peligros y amenazas. Un mundo lleno de carencias, conflictos, enfermedades y muerte. Un mundo en que luchamos por sobrevivir, pues el miedo y los sufrimientos me ocultan la verdadera vida. Lo que parece que he olvidado es que este mundo lo inventé yo mismo. Ahora debo recordar quien  soy para despertar del sueño de separación.

Mi verdadera identidad es todo lo contrario: “El Hijo de Dios es mi Identidad.” ser el Hijo de Dios, es ser una mente libre e ilimitada, eterna y feliz, invulnerable y disfrutando de una paz infinita. Esa es mi verdadera identidad, hoy la reconozco y la acepto.

“La santidad de mi Ser transciende todos los pensamientos de santidad que pueda concebir ahora.” el mundo que vivimos está regido por la percepción. Los ojos del cuerpo jamás podrán mostrarme mi verdadero Ser, y no lo podré ver con los ojos del mundo, solo será posible verle con el conocimiento de la totalidad de la que Dios goza y de la que gozamos como Hijos de Dios, y  que disfrutaremos cuando regresemos a los brazos de nuestro Padre. Solo desde esa perspectiva podría ver toda la belleza y grandeza de mi verdadera identidad. “Su refulgente y perfecta pureza es mucho más brillante que cualquier luz que jamás haya contemplado.” la luz del Amor no la podremos contemplar en este mundo, sólo podremos ver su reflejo en la medida que perdonemos y soltemos todos los obstáculos que habíamos puesto para no ver ni sentir el amor que somos.

“Su amor es ilimitado, y su intensidad es tal que abarca dentro de sí todas las cosas en la calma de una queda certeza.” en este mundo confundimos el Amor ilimitado con el amor limitado y condicionado de nuestras relaciones especiales, por eso nos parece inconcebible una extraordinaria luz que lo abarca todo mientras se goza de una paz y dicha infinita. “Su fortaleza no procede de los ardientes impulsos que hacen girar al mundo, sino del Amor ilimitado de Dios Mismo.”

Después de perdonar y despejar todos los obstáculos que le habíamos puesto al amor, podemos decirnos: “¡Cuán alejado de este mundo debe estar mi Ser! Y, sin embargo, ¡cuán cerca de mí y de Dios!” Cuando nos abracemos en el Amor infinito todo sufrimiento, toda carencia y toda tristeza desaparecerán para siempre, y no alcanzarán a ser ni siquiera un mal recuerdo, pues mi verdadera identidad y mi verdadero Ser son un gozo eterno de Amor, paz y dicha.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, Tú conoces mi verdadera Identidad. Revélamela ahora a mí que soy Tu Hijo, para que pueda despertar a la verdad en Ti, y saber que se me ha restituido el Cielo.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “4.¿Qué es el pecado?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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https://oscargomezdiez.com/

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