LECCIÓN 251

LECCIÓN 251

“No necesito nada más que la verdad”

En el mundo existen distintos tipos de verdades y diversos métodos para determinar la verdad. Existe la verdad judicial, la verdad científica, la verdad filosófica, las verdades religiosas, y las verdades culturales o sociales, cimentadas en las costumbres, entre tantas verdades que parecen existir. La verdad que nos habla esta lección y que  necesitamos es la verdad de lo que somos, nuestra verdadera naturaleza como los perfectos Hijos de Dios, tan amorosos e impecables como nuestro Padre y eternamente unidos a Él.

“Busqué miles de cosas y lo único que encontré fue desconsuelo.” Hay una sensación de insatisfacción en el ser humano, una sensación de sentirse incompleto, resultado de la separación, que nos lleva a emprender búsquedas, con el propósito de encontrar ese “algo” que sentimos que nos hace falta, y buscamos de muchas  maneras ese “algo” que nos devuelva la plenitud, la integridad de nuestro Ser.  Pero esa búsqueda muchas veces nos lleva por caminos equivocados. Fueron búsquedas guiadas por el ego, que tiene como lema: “busques pero no halles”.  Toda búsqueda orientada por el ego es una búsqueda inútil, pues una ilusión lo único que puede encontrar es otra ilusión.

“Ahora sólo busco una, pues en ella reside todo lo que necesito, y lo único que necesito.” Después de buscar inútilmente la felicidad en las relaciones, en la negocios, en el ejercicio de nuestras profesiones, en el dinero, el lujo, el prestigio, etc, y fracasar una y otra vez, hasta que decidimos escuchar la Voz del Espíritu Santo, y de una u otra manera llegamos  donde tenemos que llegar,  a nuestra verdad interior.

“Jamás necesité nada de lo que antes buscaba, y ni siquiera lo quería.” Y todo lo que considerábamos, importante, valioso o verdadero, comienza a diluirse mientras la luz de la verdad va iluminando nuestros corazones, es cuando decimos “No necesito nada más que la verdad”

“No reconocía mi única necesidad. Pero ahora veo que solamente necesito la verdad.” y la verdad es Dios nada más lo es.  El Curso determina a Dios cómo fuente de toda verdad y realidad. “La verdad es la creación de Dios”  (L-134) y la verdad no se percibe con los ojos del cuerpo, la verdad se contempla desde el conocimiento todo abarcante de Dios, cuya totalidad la podremos contemplar cuando volvamos a unidad de nuestro Ser.

Dios y todos sus atributos, como el amor, la paz, la dicha, la plenitud, la eternidad, la invulnerabilidad, la omnisciencia o Su  conocimiento, etc, son el criterio para determinar la verdad. Todo lo que  sea opuesto a estos criterios de verdad, no es real, es ilusorio, es falso. Las lecciones desarrollan estos opuestos. Establecen la verdad y la contrastan con el sistema de pensamiento del ego, para desvirtuarlo y así restablecer la verdad.

Eso es lo que quiere decir la idea de hoy, “No necesito nada más que la verdad” la única verdad que necesito es a Dios, a Su creación y Sus atributos.  “Con ella todas mis necesidades quedan satisfechas, mis ansias desaparecen, mis anhelos se hacen finalmente realidad y a los sueños les llega su fin.” cuando comenzamos a reconocer nuestra verdad, las  carencias van desapareciendo, y vamos restableciendo nuestra plenitud. “Ahora dispongo de todo cuanto podría necesitar.”

Cuando restablecemos nuestra verdad interior, restablecemos nuestra plenitud, pues hemos pasado de la separación a la unidad, de la carencia a un estado de abundancia ilimitada, “Ahora dispongo de todo cuanto podría querer.”

La paz es la consecuencia natural de restablecer la verdad y la plenitud de mi mente,  “Y ahora, por fin, me encuentro en paz.”

ORACIÓN DEL DÍA:

“Y por esa paz, Padre nuestro, te damos gracias. Lo que nos negamos a nosotros mismos, Tú nos lo has restituido, y ello es lo único que en verdad queremos.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “4. ¿Qué es el pecado?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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https://oscargomezdiez.com/

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