LECCIÓN 249

LECCIÓN 249

“El perdón pone fin a todo sufrimiento y a toda sensación de pérdida.”

Este es un ejercicio que nos ofrece una imagen esperanzadora si nos comprometemos a realizar las enseñanzas del Espíritu Santo para nuestra salvación, pues nos dibuja el panorama que podremos contemplar si hacemos bien nuestras prácticas de perdón. Ese estado de logro  y júbilo el Curso lo denomina: el mundo real o el mundo perdonado, y nos sitúa en las puertas del Cielo, antes que Dios de el último paso y nos acoja en sus amorosos brazos.

Ayer practicábamos diferenciar nuestra mente falsa de la mente verdadera. La una cree sufrir, la otra sabe que si la habita el amor, el sufrimiento no es real y desaparece como todo pensamiento ilusorio, y eso lo logramos a través del perdón.

El sufrimiento es una de las  características de la mente errada, gobernada por el ego, y nos podemos liberar del sufrimiento a través del perdón. “El perdón nos ofrece un cuadro de un mundo en el que ya no hay sufrimiento, es imposible perder y la ira no tiene sentido.” el perdón nos lleva de un mundo ilusorio de conflictos y sufrimientos al mundo perdonado, al mundo real que refleja la  paz y el amor del Cielo que nos espera.

En el mundo real  “El ataque ha desaparecido y a la locura le ha llegado su fin.” es cuando el perdón ha cumplido su función. Este mundo de opuestos, conflictos, carencias, odios  ataques y sufrimiento de toda índole, el Curso lo define como locura, como demencia, y el perdón, al sanar nuestra mente y devolvernos la paz y el amor, nos conduce a la cordura que habíamos perdido tras la separación.

Una vez que hayamos completado nuestro trabajo de perdón, “¿Qué sufrimiento podría concebirse ahora? ¿En qué pérdida se podría incurrir?”

La lección nos sitúa en un estadio avanzado de nuestro trabajo interior, el llamado mundo real, o el mundo perdonado, y en ese nivel, “El mundo se convierte en un remanso de dicha, abundancia, caridad y generosidad sin fin.”

El mundo real es lo más cercano al Cielo que podemos pensar, pues prácticamente ya no quedan rastros de dolor, sufrimiento o carencia, el Curso lo llama también el mundo feliz, que refleja la luz del Cielo antes que Dios de el último paso y nos reciba en sus amorosos brazos, “Se asemeja tanto al Cielo ahora, que se transforma en un instante en la luz que refleja.”

Y como todo en el tiempo, tiene un principio y un fin, al llegar al mundo real, podemos decir que hemos terminado felizmente la jornada que habíamos emprendido, al regresar a la luz del Amor de la que siempre hemos hecho parte, que nos acoge sin juicios ni condenas, y que como la parábola del Hijo pródigo nuestro Padre nos acoge jubilosamente,  hemos regresado a nuestra Fuente, “Y así, la jornada que el Hijo de Dios emprendió ha culminado en la misma luz de la que él emanó.”

ORACIÓN DEL DIA:

“Padre, queremos devolverte nuestras mentes. Las hemos traicionado, sumido en la amargura y atemorizado con pensamientos de violencia y muerte. Ahora queremos descansar nuevamente en Ti, tal como Tú nos creaste.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “¿Qué es el mundo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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https://oscargomezdiez.com/

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