LECCIÓN 248

LECCIÓN 248

“Lo que sufre no forma parte de mí.”

Este  es un excelente ejercicio para diferenciar y separar al soñador del sueño, a  la mente verdadera de la mente falsa, al amor del miedo, y así restablecer nuestra verdad interior. Observamos lo que no es real en nosotros y le quitamos todo el  poder que le habíamos otorgado   en nuestra consciencia.

La idea de hoy nos lleva a realizar dos preguntas que nos permitirán clarificar el alcance de esta lección:

1. ¿Que o quién es lo que sufre?, y,
2. ¿Que o quién es ese “mi” que no sufre?

La respuesta tiene dos actores.
1. Por un lado, nuestra mente errada,  la que se identifica con el cuerpo y el yo psicológico gobernado por el ego. Esa mente cree sufrir, sentir culpa, miedo, se siente vulnerable. Es la mente que cree que el mundo y los cuerpos son reales y vulnerables.
2. La mente correcta o verdadera, la que reconoce y acepta su verdadero origen como el eterno Hijo de Dios. La mente que reconoce y proclama que soy tal como Dios me creó, esto es, un espíritu libre, inmortal, invulnerable, una mente ilimitada que no experimenta sufrimiento alguno, pues su condición natural es el Amor, y donde hace presencia el Amor no es posible que exista culpa, miedo, ataque, dolor o sufrimiento de ninguna índole.

El  Advaita que se  origina en la  tradición espiritual Hindú, tiene un método para deshacer el ego, su metodología es parecida a la de esta lección,  formula una pregunta y genera una respuesta que diferencia la verdad del error y que se puede aplicar a la mayoría de nuestras experiencias en este mundo.

En una aplicación del método Advaita, podríamos formular la idea de hoy con una pregunta  de la siguiente manera:

“¿Quien es ese yo que cree sufrir?”

La respuesta sería:

“Ese no Soy Yo”

Similar al Curso, el Advaita establece una diferencia entre  el “ser” o el pequeño “yo psicológico” del ego, y el “Ser”, con mayúscula,  que sería el equivalente a la mente  superior, o mente verdadera  gobernada por el Espíritu Santo.

Igualmente, el Advaita diferencia entre un “yo” con minúscula que equivale al ego, y un “Yo” con mayúscula para referirse al espíritu.

La lección lo plantea de manera similar :

“Lo que sufre no forma parte de mí.”

La afirmación trae implícita una argumentación firme y contundente:

“Yo no soy aquello que siente pesar.”

Si estoy en este mundo es porque he negado la verdad de lo que Soy, el impecable Hijo de  Dios. Cuando reconozco la verdad puedo afirmar que “Lo que experimenta dolor no es sino una ilusión de mi mente.”

Cuando me reconozco como un espíritu inmortal, puedo decir que  “Lo que muere, en realidad nunca vivió, y sólo se burlaba de la verdad con respecto a mí mismo.”

En ese momento el sistema de creencias del ego se derrumba, ya no hay argumentos que nos parecían  sólidos que lo sostengan, por eso, “Ahora abjuro de todos los conceptos de mí mismo, y de los engaños y mentiras acerca del santo Hijo de Dios.” ahora niego lo que no es verdad para afirmar lo que es verdad. De esa manera cuando abandono todo lo falso e ilusorio, restablezco el Amor en mi.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Padre, mi viejo amor por Ti retorna, y me permite también amar nuevamente a Tu Hijo. Padre, soy tal como Tú me creaste. Ahora recuerdo Tu Amor, así como el mío propio. Ahora comprendo que son uno.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “¿Qué es el mundo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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https://oscargomezdiez.com/

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