LECCIÓN 246

LECCIÓN 246

“Amar a mi Padre es amar a Su Hijo.”

El amor es uno, no se puede fragmentar, ni ser exclusivo ni excluyente, pensar que puede serlo, da origen a las relaciones  de amor u odio especial. Si amo a Dios amo a Su Hijo, y si amo a Su Hijo amo a Dios. Pues Dios y Su Hijo son uno, el Hijo es una extensión del Padre. Esa relación indisoluble entre el Padre y el Hijo el Curso la llama unicidad.

La separación es lo opuesto a la unicidad. El mundo se basa en relaciones especiales excluyentes, reducimos el amor a un círculo reducido de familiares y amigos cercanos, los otros poco nos interesan, y el resto los vemos con desconfianza, o como un peligro potencial, o como enemigos declarados,  son la fuente de nuestros conflictos, guerras y confrontaciones de todo tipo, en resumen, la negación del amor.

El odio es el mecanismo del ego con el que se desintegran las relaciones, se afirma la separación y se niega el amor de Dios. Cada vez que odiamos nos alejamos de Dios, no porque Él nos castigue por ello, sino por que Dios no conoce el odio, el Amor sólo se conoce a Sí Mismo y no ve lo que no existe, como el odio, el miedo o la culpa. Si creemos experimentar esas emociones no podremos ver el Amor. “Que no piense que puedo encontrar el camino a Dios si abrigo odio en mi corazón.”

Si elijo odiar o atacar a mis hermanos, nunca podré conocer a mi Padre, el único camino para conocer a Dios es el Amor, no hay otro camino ni lo habrá, las puertas del  Cielo solo se abren  con las llaves del Amor o no se abren, y eso lo logramos solo con el perdón, que nos ayuda a remover los obstáculos que nos impide experimentar el amor que somos. “Que no piense que puedo conocer a mi Padre o a mi ser, si trato de hacerle daño al Hijo de Dios.”

La consciencia por muy evolucionada que esté no es más que el receptáculo en el que confluyen la Mente superior y la mente inferior, y por lo tanto, no sustituye a Dios, así como  la mente errada no puede concebir  el Amor que Él es. La consciencia fue el primer efecto de la separación y la mente egoica no logra entender ni dimensionar el Amor de Dios.  La consciencia desaparecerá cuando la Mente superior guiada por el Espíritu Santo desplace totalmente a la mente inferior guiada por el ego, de ahí  “Que no deje de reconocerme a mí mismo, y siga creyendo que mi conciencia puede abarcar lo que mi Padre es o que mi mente puede concebir todo el amor que Él me profesa y el que yo le profeso a Él.” cuando elegimos hacer únicamente la Voluntad de Dios, nuestra  mente se unifica en el Amor, el mundo y todas sus manifestaciones desaparecen, como la oscuridad desaparece ante la presencia de la luz.

ORACIÓN DEL DÍA:

“Aceptaré seguir el camino que Tú elijas para que yo venga a Ti, Padre mío. Y no podré por menos que triunfar porque así lo dispone Tu Voluntad. Y reconoceré que lo que Tu Voluntad dispone, y sólo eso, es lo que la mía dispone también. Por lo tanto, elijo amar a Tu Hijo. Amén.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “¿Qué es el mundo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez
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https://oscargomezdiez.com/

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