LECCIÓN 244

LECCIÓN 244

“No estoy en peligro en ningún lugar del mundo.”

Metafísicamente hablando me puedo preguntar, si el mundo no existe, ¿como podría estar en peligro en algún lugar del mundo? Si el mundo es una ilusión, un sueño de separación, una percepción falsa, como podría estar en peligro?
(aprovechemos esta lección para repasar con más detalle el tercer tema especial 3.¿Que es el mundo?”)

Imaginemos que nos vamos a dormir  cada noche, y tenemos una pesadilla, en ella creemos estar en  peligro y nos angustiamos, al despertarnos nos damos cuenta que sólo fue un mal sueño, que realmente nunca estuvimos  en peligro.

El mundo es la película mental de nuestro sueño de separación, pero seguimos seguros en los brazos de Dios. “Y ahí es en verdad donde nos encontramos.”

No somos el sueño, somos el soñador, por eso no tenemos que hacer nada en el sueño, solo recordar que somos el soñador y despertar del sueño. Pero como creemos que el sueño es real, el Espíritu Santo nos ofrece dos herramientas para ayudarnos a despertar, el perdón y la curación. En el Cielo no hay nada que perdonar ni curar pues allí todo es perfección, por eso son herramientas ilusorias, y mientras sanamos nuestras mentes a través del perdón y la curación, buscamos comunicarnos con Dios a través de la oración y ascendemos al Cielo recordando a nuestro Padre y nuestro verdadero origen hasta que despertemos del sueño de separación, hasta llegar a darnos cuenta que nunca salimos del Cielo y seguimos  seguros en los eternos brazos de Dios.

Mientras creemos que estamos en este mundo,  el miedo es una las emociones básicas sobre las que el ego justifica su dinámica de separación.

El mundo “Es el símbolo del miedo.” (L-pII.3.2:2) Cómo lo único que fabricamos fue una idea opuesta a cómo crea Dios, fabricamos un mundo mortal, sujeto al tiempo y al espacio, que es vulnerable y que puede ser destruido, o enfermar o morir. El miedo originario, es el miedo a Dios, a su supuesto castigo, el miedo a la pérdida, a la carencia, y el mayor miedo que percibimos es el miedo a la muerte, que oculta el principal miedo: el miedo a Dios, a un supuesto  castigo o  venganza divina. La lección de hoy busca enseñarnos  que no debemos temer a Dios, por el contrario, “Tu Hijo está a salvo dondequiera que se encuentre porque Tú estás allí con él.” por eso podemos afirmar con certeza que  el Amor de Dios es la fortaleza en la que confío. (L-47)

“Sólo con que invoque Tu Nombre recordará su seguridad y Tu Amor, pues éstos son uno.” Toda  oración empieza por invocar el nombre de Dios, solo basta invocar Su nombre  para sentir la confianza y seguridad de Su presencia.

Fuimos creados a semejanza de Dios, por lo tanto, gozamos de Sus atributos, entre ellos, la condición inmortal e invulnerable que caracteriza a Dios, sólo cuando nos identificamos con el cuerpo, nos sentimos vulnerables, que podemos perder algo o a alguien, que podemos ser heridos o destruidos, pero esto es una percepción falsa, nuestra verdadera identidad es ser una mente ilimitada, un espíritu inmortal, de ahí que “¿Cómo puede temer, dudar o no darse cuenta de que es imposible que pueda sufrir, estar en peligro o ser infeliz cuando él te pertenece a ti, es bienamado y amoroso, y está por siempre a salvo en Tu Paternal abrazo?”

Si estamos en los brazos de Dios, ¿a que podemos temer? ¿De qué podemos dudar? ¿De qué nos  tendríamos que proteger?  “No hay tormenta que pueda venir a azotar el santuario de nuestro hogar.”

Cuando perdónanos todo pensamiento de separación, culpa y miedo, y comenzamos a experimentar el amor que somos, el miedo desaparece, y podemos proclamar “En Dios estamos a salvo,”

El miedo no es real, lo único real es el amor. El miedo es ausencia de amor, y ante la luz del amor todo miedo desaparece, si estáis en Dios “¿qué podría suponer una amenaza para Dios, o venir a asustar a lo que por siempre ha de ser parte de Él?” en Dios no hay miedo, y yo estoy en Dios, que podría asustarme, o como dice el hermoso poema de Santa Teresa de Ávila:

“Nada te turbe,
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda,”

“La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta.”

PRACTICA:

Repasa el tema especial de esta sección, titulado “¿Qué es el mundo?” Trate de leer y repetir cuantas veces puedas la idea  y la oración del día, y si logras   memorizarlas mucho mejor, hazla tuya, pues es la manera como buscaremos comunicarnos con Dios todos los días; luego guardamos silencio para escuchar Su amorosa respuesta, tal como nos lo dice Jesús a continuación:

“Y ahora aguardamos silenciosamente. Dios está aquí porque esperamos juntos. Estoy seguro de que Él te hablará y de que tú le oirás. Acepta mi confianza, pues es la tuya. Nuestras mentes están unidas. Esperamos con un solo propósito: oír la respuesta de nuestro Padre a nuestra llamada, dejar que nuestros pensamientos se aquieten y encontrar Su paz, para oírle hablar de lo que nosotros somos y para que Él Se revele a Su Hijo.” (L- 221.2:1-6)

No te olvides de realizar tus meditaciones cada mañana y cada noche, si puedes dedicarle media hora o más seria excelente, lo mismo que los recordatorios cada hora, y de responder a toda tentación con la idea del día, pero sobretodo que sea una práctica gratificante, pues ahora el tiempo pasa a un segundo plano. Cuando estamos con Dios el tiempo no existe pues estamos con el Señor de la eternidad. Los momentos que le dedicamos a Dios son instantes santos que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestro amor, nuestra paz y nuestra felicidad.
Bendiciones

Oscar Gómez Díez


https://oscargomezdiez.com/

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